Guerra de nombres y cargos en el congreso de marzo

El PP vasco le monta otro incendio a Rajoy: Quiroga prescinde de Oyarzábal

Cerrado el frente andaluz, a Mariano Rajoy se le abre el frente vasco, que puede derivar en incendio. Arantza Quiroga confirma su liderazgo en el congreso extraordinario de marzo. Ya se adivinan grandes tensiones.

Antonio Basagoiti e Iñaki Oyarzábal.
Antonio Basagoiti e Iñaki Oyarzábal. PP País Vasco

Arantza Quiroga, designada el pasado mes de mayo para sustituir a Antonio Basagoiti al frente del PP vasco, afronta en veinte días un congreso extraordinario para revalidar su liderazgo. Ni Moncloa ni Génova veían necesidad de ello, y menos aún en estos momentos tan inestables para la formación. En especial en el frente norte. Las deserciones y sublevaciones de dirigentes, militantes y simpatizantes rumbo hacia otras formaciones más sensibles con el mundo de las víctimas y de la lucha antiteroristas inquieta en Génova. Aunque se intente disimular, es un factor que produce cierta preocupación. De ahí que la presidenta del comité organizador del cónclave, Nerea Llanos, se empeñara este miércoles en afirmar que "es un congreso de renovación, no de ruptura". Pocos la creen.

Quiroga, 42 años, cinco hijos, nacida en Irún de padre vallisoletano, milita en el partido desde los 24 años. Ha sido concejal, diputada y llegó a presidir la Cámara Vasca. Desde el pasado mayo, el 'dedazo' de la Moncloa la situó al frente de la organización en el País Vasco.

Respaldo polémico

El congreso extraordinario que se celebrará los días 8 y 9 de marzo en San Sebastián significará la certificación por parte de la militancia de un respaldo muy polémico a la línea de moderación y templanza de la nueva dirigente del PP para con los nuevos tiempos. La lucha contra ETA y el entorno de los asesinos ya no va a ser la guía de la actividad política del PP. Una transición que se adivina arriesgada pero que Quiroga juzga imprescindible.

También será arriesgada la conformación de su nuevo equipo. En Génova dan por hecho que prescindirá de su actual número dos, Iñaki Oyarzábal, que también es miembro de la Ejecutiva Nacional. Enorme debate y, sin duda, otro incendio en puertas. Llanos, quien se perfila como candidata precisamente para este puesto, aseguró que el asunto se cerrará en el congreso. Lo que muchos han entendido como que el recambio ya está cerrado.

Pulso territorial

Los analistas elucubran sobre si el cese del secretario general es consecuencia del pulso territorial entre los vizcaínos, junto a la propia Quiroga, frente a alaveses y guipuzcoanos. El PP es fuerte en Álava, donde tiene mayor representación institucional, pero en Vizcaya tienen más militantes. El futuro de Oyarzábal, que es vitoriano, ha trascendido a Madrid, donde le apoya decididamente Alfonso Alonso, portavoz del grupo en el Congreso y también alavés.

Pero la suerte está echada según fuentes de partido. Quiroga prescindirá de Oyarzábal no por alavés, sino porque no es de su equipo, era el hombre de confianza de Basagoiti y la nueva presidenta quiere un secretario general nombrado por ella. Pueden saltar chispas, pero en Génova ya le han dado el visto bueno a las decisiones que pueda tomar. Buena parte de la cúpula de Madrid, sin embargo, considera que Quiroga es demasiado impulsiva y no mide bien sus pasos, y en el fondo, a la vuelta de no mucho tiempo, arriesga un sonoro fracaso.

Romper el retrovisor

"No podemos hacer política como si estuviéramos en el 95 porque ETA ya no mata". Este es el lema de la nueva dirigente del PP vasco. Romper el retrovisor, no mirar hacia atrás, olvidarse del pretérito y abordar únicamnte lo que toca por llegar.

Víctimas, veteranos militantes, familiares de gente que de dejó la piel y la vida, escuchan entre escandalizados y enojados esta nueva prédica. Borja Sémper, el portavoz del PP en la Cámara Vasca, muy mediático y con excelente imagen, se sitúa en la misma línea. Incluso se refieren a que ya está bien de soportar esa "superioridad moral" de quienes les precedieron al frente de la formación. "Aquí todos lo hemos pasado mal, todos hemos ido con escolta, todos hemos tenido que ocultarnos, a todos nos han amenazado y todos tenemos víctimas en nuestro entorno", explican los nuevos dirigentes de la formación.

Los Ortega Lara, Santiago Abascal (ambos ahora en Vox), María San Gil, Consuelo Ordóñez, forman parte de ese pasado al que ya no hay que atender. La nueva dirección es de la idea de que no toca hacer política basándose tan sólo en la resistencia contra ETA, porque según la teoría oficial impuesta ahora en el PP, ETA ha sido derrotada. Quiroga es de la opinión que toca ahora acercarse al PSE y al PNV, simplemente como gestos de normalidd democrática.

"Centristas y modernos"

Antonio Basagoiti, el anterior líder de la formación, abrió esta evolución centrista y esta apuesta por la "mesura". Abandonó el partido sobre la marcha y partió rumbo a los Estados Unidos. Quiroga sigue esta misma línea, pero va mucho más allá. "No ha cambiado el PP, el que ha cambiado es la sociedad", agumentan estos nuevos dirigentes uando se les reprocha su tibieza y su falta de contundencia con el entorno de l abanda terrorista. "Nuestro proyecto es de centro, liberal, moderno y pactista", comenta la cúpula de la organización. "Hay gente que lo quiere entender o también está los que no".

Con esa evolución hacia el centro liderada por Basagoiti, el PP no ha hecho más que perder presencia en el País Vasco. Han pasado de aquellos 19 diputados en tiempos de Jaime Mayor a los 10 que alcanzó el partido en las últimas autonómicas, con algo más de cien mil votos. Una evolucón en franco declinar.

Ni Jaime Mayor y María San Gil asistirán al cónclave del mes próximo. Será un congreso extraordinario para romper sentimental y gráficamente con el pasado. Con el PP de Aznar, según a expresión de algunos dirigentes vascos. "Pretenden matar al padre y eso siempre trae problemas"

Todo ello a la espera de que Arantza Quiroga se presente por vez primera a unas elecciones como cabeza de cartel. A ver los resultados. De momento, su gente ya se cura en salud: "Este es un proyecto para al menos cuatro u ocho años". La paciencia en política no siempre está al alcance de la mano.


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