Nacional

Moncloa se indigna con Sánchez Camacho por filtrar su propuesta de financiación sin consultar al Gobierno

Ni era el día ni la forma ni el momento. La iniciativa de Sánchez Camacho sobre un cambio en el modelo de financiación de Cataluña cayó como una bomba en Moncloa. La filtración de la propuesta a 'El País' y la cadena Ser por parte de la líder del PP catalán produjo un enorme mosqueo en el Gobierno. Y en el partido, donde se había hablado de que esta sugerencia sobre negociar modulaciones en la financiación catalana se anunciaría el día de la Fiesta Nacional, con ocasión de unas palabras que dirigirá la dirigente del PP catalán en la concentración del 12 de octubre.

La presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho
La presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho Agencias

Temblores internos en el seno del PP tras conocerse, a través de El País, primero y de la cadena Ser, después, la propuesta de Alicia Sánchez-Camacho sobre una financiación especial para Cataluña. La secretaria general, Dolores de Cospedal, reaccionó en forma mucho más templada a esta iniciativa, reconociendo que "la propuesta todavía está en análisis" y habrá "otras voces todos los días y todas bien intencionadas". Tan solo desde el PSOE se escucharon palabras de aceptación y de elogio a la propuesta de la líder del PP, asumiendo su sugerencia como un respaldo a las teorías que defiende el PSC. "Bienvenida al club", le dijo Óscar López, secretario de organización, a modo de bienvenida la denominada 'tercera vía'.

Casi superado políticamente el 'caso Bárcenas', como señalan las encuestas y a la espera de las resoluciones judiciales correspondientes, el "frente catalán" aparece como el problema más peliagudo para el partido en el Gobierno. En Moncloa se considera muy complicado llegar a un acuerdo dialogado con un Artur Mas encabalgado en su deriva suicida hacia el soberanismo, pero no se cierra la posibilidad de alcanzar algún tipo de acuerdo vía negociación económica.

El modelo alemán

Alicia Sánchez-Camacho, presidenta del PP de Cataluña, avivó el frente interno de su partido al airear una propuesta de financiación diferenciada para su comunidad, basada en el modelo alemán según el cual ningún lander puede perder su estatus económico en aras de la financiación interegional. Al menos cuatro presidentes o portavoces de comunidades gobernadas por el PP saltaron como flechas frente a esta sugerencia, ya largamente anunciada.

Madrid, a través de su presidente, Ignacio González, fue el más explícito al insinuar incluso la posibilidad de convicar una consulta popular entre los madrileños sobre la financiacón de su comunidad, preterida y maltratada por el ministerio de Hacienda. También se sumaron a este frontal rechazo la Comunidad Valenciana, Aragón y Extremadura. Nunca ha sido tan inmediata y tan contundente la muestra de malestar ante la posibilidad de una financiación diferenciada de Cataluña en el seno del partido.

Dolores de Cospedal, que pese a no mantener unas relaciones muy fluidas con Sánchez-Camacho, sí ha intentado ampararla en esta situación tan enrevesada, salió este lunes al paso de la tormenta, tras escuchar la propuesta de la líder catalana en el Comité de Dirección del partido, y templó gaitas con una fraseología muy atemperada. Habló del principio de solidaridad interterritorial, de la necesidad de alcanzar consensos entre todas las comunidades e insistió en la imposibilidad de la vía de CiU hacia el referéndum, pero dejó abierta la puerta a posibles modificaciones en el futuro modelo de financiación. No fue un portazo en toda regla a la propuesta de Camacho que, indudablemente, conocía de antemano, igual que Mariano Rajoy puesto que su jefe de gabinete, Jorge Moragas, participa frecuentemente en las reuniones de la direcciónd el PP catalán.

"Siempre pasa lo mismo"

Rajoy ya había comentado hace unos días desde Tokio que es normal el malestar y las críticas que provoca en los gobiernos de las comunidades cualquier cambio en el sistema de financiación. "Siempre ha sido así", expresó en su habitual línea de que nunca pasa nada y de que el tiempo todo lo arregla. Lo dijo referido a los agravios suscitados por el reparto de los Presupuestos. Pero era un aviso a navegantes con relación al problema de Cataluña, que agita la sensibilidad en el seno de su partido, ante las dificultades financieras y el horizonte electoral cada vez más próximo e inquietante.  

El Gobierno del PP se encuentra frente a la disyuntiva de intentar aplacar el reto nacionalista mediante concesiones en la vía de la financiación y, al tiempo, tranquilizar a sus barones, que se sienten lógicamente agraviados ante la posibilidad de un trato de favor hacia un gobierno, como es el de la Generalitat catalana, que nunca ha mostrado su lealtad hacia el resto de España. Cuando Sánchez-Camacho hablaba este lunes de la necesidad de "una profunda modificación en el modelo de financiación" muchos de sus correligionarios, como el presidente de la Comunidad de Madrid, pensaban que no se puede aceptar el chantaje de los nacionalistas catalanes. Ignacio González siempre ha declarado abiertamente que "cambiar dinero por sobernaía es inadmisible".

Los principales barones del PP son conscientes de que no pueden presentarse ante sus electores con un acuerdo de financiación en el que Cataluña resulte netamente favorecida. Saben que, de darse ese paso, perderían no sólo argumentos, sino votos a mansalva. De ahí que la tormenta desatada este lunes, tras la propuesta de Sánchez-Camacho haya superado los niveles de rechazo conocidos hasta ahora. Madrid encabeza la rebeleión pero el malestar es latente y, al parecer, creciente. Contentar a las dos partes, Artur Mas y las comunidades del PP, se antoja ahora mismo una misión casi imposible. 


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