El jesuita Luis Ladaria se perfila como sustituto de Sistach

El papa situará a un jesuita no nacionalista al frente de la Iglesia catalana

El Vaticano envía un mensaje claro al soberanismo catalán. El papa situará al frente de la diócesis de Barcelona al jesuita Luis Francisco Ladaria, mallorquín y catalanoparlante, ajeno a todo sentimiento nacionalista.

El Cardenal Luis Martínez Sistach.
El Cardenal Luis Martínez Sistach. Gtres

El Vaticano se dispone a enviar un mensaje inequívoco al nacionalismo catatalán en vísperas de la convocatoria del referéndum indepenedentista que impulsa Artur Mas. En Roma se da por segura la designación del arzobispo Luis Francisco Ladaria, un jesuita mallorquín de 70 años, catalanohablante, como sustituto del cardenal Lluís Martínez Sistach al frente de la muy complicada diócesis de Barcelona y, por extensión, faro y guía de la Tarraconense.

Ladaria es la equilibrada fórmula elegida personalmente por el Sumo Pontífice para un puesto erizado de problemas. En plena tormenta soberanista por el reto lanzado desde la Generalitat, la sucesión de Sistach, un prelado de pálpito nacionalista y muy próximo a Convergència, era un paso que se ha medido con piés de plomo en el Vaticano.

Monseñor Ladaria es actualmente el secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, una instancia fundamental en el Vaticano, heredera del antiguo Santo Oficio. Nacido en manacor (Mallorca) se licenció en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, pasó por la Pontificia de Comillas y estudió Teología en la escuela de Filosofía de Sankt Georgen y la de Frankfurt, ambas en Alemania. Goza de enorme predicamento en el Vaticano, donde ha redondeado una brillante trayectoria. Y también goza de la simpatía y de una excelente sintonía con el Santo Padre, factor fundamental a la hora de esta decisión.

Nacionalismos con pinzas

No es el papa Francisco demasiado sensible a los planteamientos soberanistas. Lo subrayó sin ambages en su entrevista a La Vanguardia, cuando señaló que "la secesión de una nación hay que tomarla con pinzas". Algunos analistas orgánicos y columnistas oficiales acogieron la frase como un mensaje positivo hacia el proceso emprendido por Mas y compañía. Escribieron entonces que el papa mostraba sensibilidad hacia determinados tipos de nacionalismo y rechazaba frontalmente otros, al estilo de los surgidos en centroeuropa a finales del pasado siglo. No era así.

En febrero de este mismo año, cuando los obispos españoles acudieron a la Santa Sede en visita 'ad limina', el póntífice celebró un encuentro especial con los pastores de la iglesia catalana a quienes les dejó muy claro su escasa sintonía con los postulados separatistas. Desde entonces, y salvo la rara excepción del zigzagueante obispo de Solsona, no se ha escuchado ni un mensaje chirriante en los púlpitos de las diócesis catalanas. Silencio absoluto o frases muy matizadas. Sistach, el líder espiritual de los prelados catalanes, ha dirigido con mano firme a su rebaño.

El relevo del actual arzobispo de Barcelona no tiene fecha fija para llevarse a cabo. El Vaticano no pretende abrir una disputa. Todo lo contrario. Ladaria es un hombre de diálogo, una apuesta para tender puentes. No cabe esperar que se produzcan novedades antes del 9-N, la fecha elegida por Mas para el referéndum secesionista.

En la sede de la Conferencia Episcopal española se ha recibido con alivio la decisión del Santo Padre. Monseñor Blázquez, sustituto del cardenal Rouco, es ajeno a toda voluntad de beligerancia. La reacción de la cúpula eclesíastica ante la retirada de la ley del aborto está siendo muy comedida, ajena de los espasmos telúricos de años atrás.

La mano izquierda de Soraya

Hace tan sólo unos días, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, viajó casi sigilosamente al Vaticano para preparar la visita a España del Santo Padre. Mantuvo un largo encuentro con Pietro Parolin, el secretario de Estado del Vaticano, hombre fuerte ahora en la Casa de Pedro. Se habló de Santa Teresa y de Cataluña. Y por supuesto, del aborto. La jubilación de Rouco ha normalizado las relaciones de Moncloa con la Conferencia. Los tiempos agrios de manifestaciones y griteríos en la calle han pasado. La vicepresidenta también se encarga de este delicado frente de los crucifijos. Rajoy no es muy de obispos ni de sacristías. Cosas de gallegos.

Los feligreses catalanes, habituados a los pronunciamientos nada tamizados de sus curas nacionalistas, asisten perplejos a la actual situación. Las sotanas catalanas están mudas o se explican sólo en ámbitos muy privados. Un cierto movimiento de inquietud se pudo apreciar cuando circuló la especie de que el sustituto de Sistach sería el obispo de Huesca-Jaca, Julián Ruiz Martorell, una opción que se barajó seriamente en Madrid pero no demasiado en el Vaticano. Mucho más conveniente, desde luego, es la del jesuita Ladaria, que no levantará ronchas ni agitará malos humores.


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