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La transición que Adolfo Suárez dejó pendiente: la "Transición económica"

El hombre que pilotó la Transición política dejó pendiente la económica. Los Pactos de la Moncloa no sirvieron para renovar las estructuras empresariales de un país que heredó las oligarquías del pasado. Suárez confesó, ya en el CDS, que esa fue su asignatura pendiente tras haber pronunciado la frase: "no admitimos la oligarquía bajo ningún aspecto".

Los líderes políticos de la Transición junto a Adolfo Suárez en la firma de los Pactos de la Moncloa
Los líderes políticos de la Transición junto a Adolfo Suárez en la firma de los Pactos de la Moncloa EFE

Cuando Adolfo Suárez llegó al gobierno también las empresas eran políticamente franquistas. Tanto que los diarios hablaron de “huelga de inversiones” por parte de los empresarios por el temor al futuro y reportaron una evasión de capitales récord que alcanzó los 90.000 millones de pesetas anuales, una magnitud gigantesca para la época. En 1977 la inflación era del 24,5%, el paro crecía y el crédito bancario se concedía a un tipo situado en el 22%. Adolfo Suárez consiguió con los Pactos de La Moncloa detener la hemorragia económica y recuperar el pulso económico desde el punto de vista macroeconómico. Pero no logró pilotar el otro relevo: el de los empresarios que se habían enriquecido con el régimen franquista y seguían controlando los grandes nombres empresariales.

Adolfo Suárez advirtió: “No admitimos la oligarquía bajo ningún aspecto”

De hecho, entre las 10 empresas de mayor capitalización en la actualidad, al menos seis mantienen sus posiciones en el ranking antes y después de la Transición, según recogen Albert Carreras y Xavier Tafunell en su Historia Económica de la España Contemporánea. Tras fusiones y cambios de nombre, las fortunas y los poderes corporativos de España siguen siendo, en buena parte, los mismos.

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La modernización que se ha producido en la estructura económica del país es indiscutible. Pero la falta de contrapesos y la debilidad o incluso el secuestro de los reguladores siguen siendo asignaturas todavía pendientes. El propio Adolfo Suárez había prometido cuando todavía vivía Franco y desde la sede de la Secretaría General del Movimiento: “No admitimos la oligarquía bajo ningún aspecto”, en un discurso que rescató Manuel Campo Vidal. Años más tarde, confesaría a otro periodista que escribió sus discursos, Fernando Ónega, que había dejado sin pilotar ese relevo empresarial y que fracasó al intentar forzarlo desde el CDS. “Lo que más le interesó de mis aportaciones a sus discursos para ese partido –confiesa Ónega—fue la necesidad de emprender la ‘transición económica’ después de haber efectuado la transición política”.

Gabriel Tortella denuncia que "la factura del franquismo se pagó dos veces: una a la entrada y otra a la salida"

Gabriel Tortella asegura que la factura del franquismo se pagó dos veces: una a la entrada (durante la posguerra) y otra a la salida (durante la Transición) porque “el franquismo tardío legó a la democracia una estructura institucional reguladora de la organización y el funcionamiento del sistema económico que condicionaba ampliamente la actuación de los agentes”. Esa factura que hoy se escribe como un aplauso unánime a las reformas de Suárez contrasta con la reacción empresarial que se vivió en la época agravada por dos crisis petroleras: los empresarios recortaron sus inversiones a un ritmo del 2,2% anual desde que llegó al poder. Como consecuencia, el paro se disparó desde el 3% hasta el 20% en 1985 y la capacidad de ahorro de las familias cayó 7 puntos de PIB.

Los Pactos de La Moncloa

Resulta indudable el impacto positivo que tuvieron los Pactos de La Moncloa a los que el Rey había puesto como objetivo que “haya un lugar bajo el sol para todos” y Fernández Ordóñez describió en una entrevista al diario ABC como algo que “intentaba conseguir los principales efectos de un Gobierno de concentración, sin asumir sus evidentes costes políticos”. El 25 de octubre de 1977 –tras el trabajo que trabaron Fuentes Quintana, Luis Ángel Rojo y Francisco Fernández-Ordóñez— todos los partidos políticos con representación parlamentaria firmaban una política de ajustes que se había iniciado con una devaluación previa y con un acuerdo de:

  • Un freno a la escalada de precios que pasó por limitar el aumento de los salarios
  • Una reforma fiscal que giró en torno a la instauración de un Impuesto sobre la Renta (IRPF), un Impuesto de Sociedades y un Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA)
  • Un programa de liberalizaciones empresariales que, en términos prácticos, sólo afectó en un primer momento al sector financiero. De hecho, la banca extranjera comenzó a instalarse en el país y en un solo trimestre, las entidades bancarias abrieron más de 800 oficinas  

La reconversión industrial llegó con gobiernos posteriores pero otras reconversiones y el fin del intervencionismo público no llegaron nunca. El refuerzo de los reguladores que todos los gobiernos de la democracia han prometido se siguió posponiendo una vez tras otra. Cuentan las crónicas de la Transición que un banquero llegó a construir una sede clandestina para su entidad por si los rojos llegaban a expropiar a nacionalizar la banca. A día de hoy, esa historia real o no, sigue vigente y los mecanismos que desconectaban la política de la economía siguen siendo denunciados bajo la metáfora de las “puertas giratorias”. La Transición Política que vivió España sigue teniendo una asignatura pendiente: la transición económica.


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