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Paco Camps con Michavila en el Club 31: “ese traje no es de Milano ni de coña”

El Club 31, tradicional lugar de comidas de ejecutivos de alto rango en la calle Alcalá casi esquina con la plaza de la Independencia, comedor un pelín venido a menos, como tantos otros en el Madrid de nuestras entretelas, era ayer lo más parecido a una feria de las vanidades, vamos, un puro divertimento para ojos curiosos, que tal era la variedad de comensales más/menos conocidos que poblaban sus mesas.

El Club 31, tradicional lugar de comidas de ejecutivos de alto rango en la calle Alcalá casi esquina con la plaza de la Independencia, comedor un pelín venido a menos, como tantos otros en el Madrid de nuestras entretelas, era ayer lo más parecido a una feria de las vanidades, vamos, un puro divertimento para ojos curiosos, que tal era la variedad de comensales más/menos conocidos que poblaban sus mesas.

Doña Carmen Posadas, escritora de tronío, manducando con una amiga de buen ver. Un poco más lejos, casi en el rincón por aquello de la discreción, ese caballero de la triste figura que es Jaime de Marichalar, cliente habitual del 31, alternando con un señor barbado. No muy lejos figuraba apostado Antonio Escámez, ex del Banco Central (¡el añorado Alfonso Escámez!) y ahora alto ejecutivo del Santander, igualmente acompañado por señora bien amueblada, y, también en los alrededores, el incomparable Alfonso Ussía con su genio e ingenio a cuestas.

Algunos torcieron la cabeza cuando en el elegante mesón hizo su entrada el ex ministro José María Michavila, con despacho, más o menos de influencias, en la misma plaza de la Independencia. Pero el silencio se hizo dueño del local cuando descendiendo las escalerillas que dan acceso a las mesas apareció el ex presidente de la Generalitat valenciana Francisco Paco Camps, vistiendo un elegante terno azul que hizo brotar un comentario cargado de ironía y cierta mala leche en una de las mesas: “te apuesto lo que quieras a que ese traje no es de Milano ni de coña, ni siquiera de Massimo Dutti. Eso ha costado una pasta…”

El pasado 20 de julio, casi un mes después de ser investido president de la Generalitat, un Camps cercado por tierra, mar y aire anunció su dimisión, tras la decisión del juez Flors de procesarle por un supuesto delito de cohecho impropio, a cuenta de unos trajes, al parecer de la firma Milano, trajes baratos casi de usar y tirar, pagados por la trama Gürtel. Ahora espera sentarse en el banquillo en un juicio que contará con jurado popular. Con más pasado político que futuro, el valenciano espera, no obstante, que le caiga algo desde Madrid en la gran feria de cargos a repartir por Mariano Rajoy. Cuando pase el tiempo oportuno, claro está. Mientras eso llega, almuerza en el Club 31 y en actitud de lo más discreta, todo sea dicho.


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