El presidente del Gobierno, convencido de que repetirá como presidente

Mariano Rajoy cumple 60 años: "No conozco ni a Pablo Iglesias ni a Albert Rivera"

Rajoy cumple hoy 60 años, la misma edad de Merkel y dos menos que Putin. Le saca 17 años a Pedro Sánchez y 25 a Pablo Iglesias y Albert Rivera, a los que no conoce. Piensa ser candidato en noviembre y repetir mandato en La Moncloa. Un sesentón que no piensa en el retiro.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy GTRES

Rajoy ya es 'sesentañero', que no sesentón o sexagenario, como desliza un buen amigo, con ironía. Cumple este viernes los 60 convencido de que seguirá siendo presidente cuando cumpla los 61. Ganará las elecciones generales, asegura estos días en conversaciones informales. Los 'equipos revelación' de la temporada, Podemos y Ciudadanos, perderán fuelle y sufrirán movimientos espasmódicos hasta situarse en un plano inferior al que ahora tantos pregonan. Y el PP irá 'in crescendo', con datos económicos cada vez más positivos. Datos de los que llegan a la gente. Atentos a los del paro de fin de mes. Y a los del crecimiento. En la Moncloa de Rajoy se mantiene la teoría 'arriolana' de que el ochenta por ciento de las elecciones las decide el bolsillo. Lo demás apenas cuenta.

Elogios y añoranzas

No conoce Rajoy a los jóvenes actores de la nueva escena política española. "No conozco a Pablo Iglesias, ni a Albert Rivera", confiesa ante la incredulidad de alguno de sus interlocutores. De Alberto Garzón, con quien ha coincidido en el Congreso, piensa que es un buen chico. A Pedro Sánchez no le dedica enormes elogios, salvo el de que es guapo. Poco más. El sarcasmo gallego es lacónico y cruel. El dirigente del PSOE le ha defraudado. El presidente del Gobierno echa de menos a Rubalcaba, ese hombre de Estado que cumplía siempre sus compromisos.

De Alberto Garzón, con quien ha coincidido en el Congreso, piensa que es un buen chico. A Pedro Sánchez no le dedica enormes elogios

Llega Rajoy a los 60 convencido de que ha sobrevivido los tres años más duros de su vida política. El rescate, y como se evitó, es uno de los momentos que se han quedado grabados a fuego en su memoria. El agujero de la crisis era cien mil veces peor del que se imaginaba la gente del PP al llegar al Gobierno. Las arcas y las cuentas del Estado eran un desierto rebosante de deudas. Alguno de sus colaboradores intenta explicarle ahora que el rescate ya no está demasiado presente en la mente de los españoles y que quizás haya que guardarlo  en el desván de cara a las campañas electorales que se avecinan. O, al menos, no empeñarse tanto en el recuerdo. El maldito rescate ya no da votos, le dicen. No comparte esta opinión el presidente, que, a la que puede, saca a relucir el trance de riesgo de intervención que vivió España, con él al frente. Aquello suena ya a batallitas del abuelo Cebolleta, comentan algunos de sus próximos.

El laberinto europeo

Como le suele ocurrir a casi todos los presidentes españoles cuando ya han faenado demasiado tiempo en las cosa pública, Rajoy gusta de brujulear por los meandros de la política internacional. Pese a que balbucea sin tino un inglés impotable, menudea, de la mano de su fiel Moragas, por los resortes del poder comunitario. En Europa se lleva bien con Angela Merkel, después de casi haber llegado dialécticamente a las manos, y estima que François Hollande es un tipo agradable con que se puede hablar. Los tres mandatarios, la alemana, el francés y el español, lloraron unidos en los Alpes a las víctimas de la tragedia aérea del Airbus de Lufthansa.

En Europa se lleva bien con Angela Merkel, después de casi haber llegado dialécticamente a las manos

Contempla el horizonte con una tranquilidad pasmosa. Mientras su partido está en ebullición, escocido por el trompazo de las elecciones andaluzas, Rajoy está persuadido de que seguirá residiendo en la Moncloa el año próximo: un presidente de 60 años es una baza muy positiva en un país con 8,5 millones de pensionistas. La gente mayor no suele abandonarse en brazos de la abstención. Puede estar cabreada o entusiasmada, pero acude a las urnas en cumplimiento de una vieja liturgia que a ellos, tantos años, les hurtaron. En este argumento se sustenta la confianza de Rajoy en su reelección. La economía irá a mejor y la gente mayor vota mayoritariamente al PP. Antes ese voto iba también al PSOE pero las cosas han ido cambiando. "Somos el partido de la estabilidad", insisten los mensajeros de la Moncloa.

Ni puros ni cenas

Rajoy es hombre de costumbres frugales y militante de las dulce monotonía familiar. Ya no fuma sus famosos puros churchilianos, corretea en la cinta cada mañana y cena cada día, a las nueve, con su esposa e hijos salvo que algún desplazamiento molesto le altere la agenda. En Madrid no va al cine, ni a cenar con amigos fuera de la Moncloa. Eso lo reserva para sus días de descanso en Galicia. Ahora, en Semana Santa, se marcha a Doñana.

Rajoy cumple 60 años en un ambiente político mudable, con un horizonte que anuncia metamorfosis de importancia. El presidente descree de esos analistas que auguran el fin del bipartidismo y la consagración del 'podemismo' y el 'ciudadanismo'. Está convencido que tras los tropiezos  de Andalucía y aún de las autonómcia, tanto PP como PSOE cosecharán en noviembre unos resultados mucho mejores de lo que ahora se adivina.


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