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Muere el escultor José María Moro en su domicilio de Segovia

El escultor José María García Moro, "Moro, a secas", como solía afirmar al identificarse ante los desconocidos, ha fallecido hoy en su domicilio de Segovia a los 78 años, según han confirmado a Efe fuentes de la familia.

Moro, cuya salud se fue deteriorando en los últimos meses, se caracterizó por ir ganando las plazas y las calles públicas para la práctica del arte y la intervención del espectador, en lo que definió como "intervenciones en el paisaje urbano".

El escultor José María García Moro, "Moro, a secas", como solía afirmar al identificarse ante los desconocidos, ha fallecido hoy en su domicilio de Segovia a los 78 años, según han confirmado a Efe fuentes de la familia.

Moro, cuya salud se fue deteriorando en los últimos meses, se caracterizó por ir ganando las plazas y las calles públicas para la práctica del arte y la intervención del espectador, en lo que definió como "intervenciones en el paisaje urbano".

Actual miembro de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, con una larga carrera artística a sus espaldas, el pasado junio organizó su última instalación en el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente de Segovia.

Coincidiendo con su montaje, a base de las formas de colores con las que este artista plástico había jugado en plazas de ciudades históricas, presentó un libro de tres tomos que reúnen toda su trayectoria.

Nacido en Madrid en 1933, el escultor vivió en Puerto Rico y Nueva York, aplicando diversas tendencias artísticas a lo largo de su carrera como la figuración, la abstracción, y el orden geométrico y racional.

Licenciado en Bellas Artes, ejerció la docencia como profesor de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Segovia, de cuya dirección también formó parte.

En su haber se encuentran trabajos de estudio y esculturas de tipo monumental, aunque las intervenciones artísticas en plena calle fueron sus preferidas y por las que se le reconoce en el gremio.

Una de las irrupciones artísticas en plena calle más singulares fue la de soltar una manada de vacas en la plaza de las Sirenas de Segovia, a las que seguían bandas y elementos de colores.

Desde entonces desarrolló intervenciones en ciudades europeas y españolas como Segovia, Valladolid, Salamanca, Cáceres, A Coruña, Ceuta, Lisboa y la italiana Ferrara, entre otras


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