El exministro obliga a la candidata socialista a defender la política económica que condujo a España al borde del rescate

Cañete castiga al PSOE con los parados de Zapatero y Valenciano al PP con el coste del rescate bancario

Si el duelo televisado de anoche entre Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano ha movido algún voto, es muy probable que haya sido a favor del PSOE. La maltrecha oratoria del candidato del PP aplanó sus críticas a la herencia que Rajoy recibió de Zapatero, neutralizadas en parte por la candidata socialista con la denuncia del alto coste que ha tenido para España el rescate bancario.

Valenciano, Cañete y la presentadora del debate, María Casado
Valenciano, Cañete y la presentadora del debate, María Casado efe

Elena Valenciano no necesitó anoche leer ninguno de los mensajes que quiso colocar ante la pantalla para movilizar a su electorado: el PP gobierna para las empresas y grandes corporaciones, limita el alcance de la recuperación económica a una pequeña parte de la población, violenta con su reforma del aborto la libertad de las mujeres y supone una amenaza, junto con el resto de la derecha europea, para quienes buscan una salida de la crisis con un reparto más equitativo de las cargas. De este argumentario que la candidata del PSOE se preparó a conciencia salieron sus principales críticas a Miguel Arias Cañete: ha formado parte de un Gobierno que ha dado más de 40.000 millones a los bancos, nada al empleo juvenil, que ha destruido 1,2 millones de puestos de trabajo, que ha llevado la deuda a rozar el 100% del PIB, que ha disminuido el gasto en sanidad y educación, que puede hacer quebrar la Seguridad Social en 2016 y, por si fuera poco, que está siendo respaldado por un partido que tiene a parte de sus dirigentes muy familiarizados con las cuentas en Suiza. Sería raro que Bárcenas no entrara en campaña.

Valenciano, en plan aguafiestas: 40.000 millones a los bancos, nada al empleo juvenil y la Seguridad Social camino de la quiebra

Miguel Arias Cañete sí necesitó, en cambio, el auxilio permanente de sus apuntes a mano, y eso que fue al plató de televisión asesorado por Pedro Arriola, para recordar a la audiencia que Zapatero dejó el Gobierno con cinco millones de parados, con un país en la Unidad de Cuidados Intensivos que acaba de subir a planta, sin apenas influencia en Europa, víctima de un déficit público desbocado y los ahorros de 25 millones de depositantes en peligro. Lo más letal para Valenciano que consiguió Cañete con estas reprobaciones fue obligarla a defender la política económica que protagonizó el último Gobierno del PSOE, la misma que situó a España al borde del rescate, una cruzada que ni siquiera se atrevieron a emprender los socialistas antes de perder las elecciones de 2011.

Arias Cañete mantiene que la ayuda a los bancos ha salvado los depósitos de 25 millones de clientes en España

Valenciano y Cañete son las primeras apuestas electorales que hacen el PSOE y el PP desde las últimas legislativas. La primera trabaja para salvar el pellejo a Alfredo Pérez Rubalcaba y el segundo para ser comisario y ayudar a Rajoy a recorrer con holgura el complejo ciclo electoral. Las encuestas más serias dan al candidato del PP a las europeas una ventaja de menos de tres puntos que podrían ser salvados, opinan los expertos, con un debate televisivo que aporte sorpresas o golpes de efecto. Anoche no se vieron por ningún lado, pero es muy probable que si se movió algún voto, haya sido a favor del PSOE. La rigidez del candidato del PP y la insistente lectura de su libreto, aplanaron sus críticas y dieron escasa brillo a su monótona exposición, probablemente poco productiva si se cuenta con que el mayor caladero de abstencionistas puede encontrarse entre los ciudadanos que señalan al paro como el principal problema del país, el 82% según el último CIS. Además, Cañete no parece en condiciones de ofrecer algo atractivo que despierte una pulsión electoral tan débil como la que anticipa una participación el próximo domingo, 25, por debajo del 45% del electorado. Por estas razones, si se da por buena la premisa de los expertos de que un debate como el de anoche solo reparte castigos, nunca premios, es muy posible que la mayoría vayan al PP, a menos que funcione el voto del miedo. “Pido su voto porque estamos creciendo y no podemos retroceder”, alertó Cañete.

Mientras Valenciano trabaja para salvar el pellejo de Rubalcaba, Arias Cañete lo hace para ser comisario y despejar a Rajoy la segunda parte de la legislatura

Pero Elena Valenciano no empujó a su contrincante a cometer errores graves, ni siquiera cuando le condujo con abundantes dosis de demagogia y una ensalada de cifras de difícil digestión al terreno que más se está trabajando en esta campaña para obtener el voto femenino y el de los jóvenes. El ministro de los yogures caducados y de la ducha fría no salió malparado, pese a su maltrecha oratoria, cuando la candidata socialista le introdujo en terrenos tan pantanosos como el del entierro de la llamada Justicia universal, el de la inmigración ilegal o el de la desigualdad entre géneros. Y eso  que Valenciano ensayó su pirotecnia con acusaciones de este calibre: “Ustedes sacan de la cárcel a los narcotraficantes y meten en ella a los ginecólogos que ayudan a las mujeres a abortar”. O con frases como estas, que atribuyó a Cañete: “Al regadío hay que utilizarlo como a las mujeres, con mucho cuidado que le pueden perder a uno…”.

"Sacan de la cárcel a los narcotraficantes y meten en ella a los ginecólogos que ayudan a las mujeres a abortar", le espetó la candidata del PSOE al del PP en el debate de anoche

Si, como también dicen los arriolas de turno, en este tipo de duelos televisivos cuentan más las sensaciones que los argumentos, en las primeras sacó una clara ventaja la candidata Valenciano, mientras que los segundos fueron tan de brocha gorda que, posiblemente, desincentivaron a los telespectadores a consumir la hora entera de debate. El parte meteorológico anticipa nuevas borrascas ya que el próximo combate será a seis, dato que alimenta la sospecha de que lo que en realidad busca el Gobierno es desmovilizar a gran parte del electorado, aquel que le puede dar un disgusto que le amargue la segunda parte de la legislatura.


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