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Rajoy logra colocar a Cañete como comisario europeo de Energía en medio de la crisis con Rusia

Cañete se hace con la cartera de Energía, una comisaría que gana mucho protagonismo por el conflicto del gas entre la UE y Rusia. Su nombramiento podría ayudar a España a convertirse en una alternativa de suministro a Moscú si se fomentan las interconexiones. Sin embargo, el español tendrá por encima un vicepresidente con la capacidad de vetar todas sus decisiones.

Así queda la nueva Comisión Europea
Así queda la nueva Comisión Europea

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha designado a los miembros del nuevo Ejecutivo comunitario. Y la sorpresa de última hora es que España ha conseguido colocar a Miguel Arias Cañete en la cartera de Clima y Energía en plena ebullición de la crisis con Rusia.

Si bien hasta ahora nunca ha existido un mercado energético puramente europeo, en los próximos años esta comisaría desempeñará un papel muy importante debido a la imperiosa necesidad de Europa de asegurar el abastecimiento energético e independizarse de regiones tan complicadas como Rusia u Oriente Medio.

Con parte de los esfuerzos divididos para dar respaldo a Guindos en sus pretensiones de presidir el eurogrupo y sin haber mostrado la cintura necesaria para proponer a una mujer con el fin de asegurarse un cargo de postín en este Gabinete, existía el claro riesgo de que Miguel Arias Cañete se quedase con una cartera residual como la de Innovación o la de Transportes. No obstante, a pesar de todas las torpezas, el futuro comisario español al final tendrá la importante misión de pilotar la creación de una suerte de unión energética, impulsar las interconexiones, fomentar la eficiencia y ocuparse de las políticas diseñadas para atajar el problema del cambio climático. 

Y lo que es más importante para España: el nombramiento de Cañete podría ayudar a la Península Ibérica a convertirse en una suerte de alternativa al suministro de Moscú siempre y cuando se articulen las interconexiones energéticas, una y otra vez postergadas. 

Pérdida de peso institucional

Por mucho que ahora se le considere uno de los alumnos aventajados de las recetas de austeridad, España ha sido condenada en los últimos años a una pérdida de poder en las instituciones europeas. Se perdió el asiento en el consejo del BCE. Por momentos, se vislumbra más lejana la posibilidad de que Guindos presida el eurogrupo. Al menos, con la designación de Cañete en Energía se evita el ridículo y se logra una cartera más en consonancia con el tamaño de nuestro país.

Ahora bien, esta buena nueva tiene una letra pequeña no menor: por encima de Cañete tendrá a un vicepresidente con capacidad de vetar las decisiones del español, la exprimera ministra de Eslovenia, Alenka Bratusek. Después de que Almunia haya ocupado la omnipotente cartera de Competencia con rango de vicepresidencia, España sigue viendo como poco a poco se evapora su cuota de poder en las altas instancias europeas.

Y todavía hay un riesgo evidente de que los comentarios machistas de Cañete supongan un obstáculo a su nombramiento en el examen que aún debe superar en el Parlamento Europeo.

Un equipo más político

El nuevo gabinete comunitario se caracterizará por un perfil más político al contar con siete vicepresidencias que dispondrán de más poderes. Estos supercomisarios tendrán el cometido de supervisar el resto de carteras y podrán incluso vetar las decisiones de sus pares más junior.

Así, incluso si el francés Moscovici reemplaza a Olli Rehn en el puesto de policía de las finanzas públicas europeo, el galo tendrá supervisándole por encima al finlandés Katainen, el exprimer ministro finlandés que ha destacado durante la crisis por pertenecer a la línea dura y que será el encargado de defender el rigor presupuestario y tranquilizar a los teutones.

Máxime si se tiene en cuenta el bagaje de Juncker: aunque considerado un tipo ortodoxo en lo relativo en la economía, el luxemburgués es un democristiano con preocupaciones sociales y presenta un historial de enfrentamientos con Alemania a cuento del excesivo celo disciplinario de los germanos durante el desarrollo de la crisis. Conocidas son sus desavenencias con el ministro alemán Schäuble por la excesiva dureza con la que ha tratado a los países de la periferia. Y esto podría hacer de la Comisión un órgano más político y con una visión más independiente que la que ha exhibido bajo la dirección de Barroso.

De hecho, a juzgar por el currículum de los vicepresidentes, con varios de ellos habiendo ocupado anteriormente el cargo de primeros ministros en sus respectivos países, se espera que éstos sean aútenticos arietes de las posiciones de Juncker y se atrevan a discutir y debatir frente a los gobiernos nacionales. Y sobre todo frente a las ambiciones de una Alemania que busca potenciar el Consejo Europeo de jefes de Estado y de Gobierno, donde Berlín siempre termina mandando. De modo que esta Comisión quizás pueda suponer un alivio para España justo en el momento en el que la economía europea flaquea y algunos países intentan promover un plan de inversiones paneuropeo que reanime la actividad.


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