Duelo de acusaciones y reproches entre las 'manos derechas' de Rajoy

Cospedal y Sáenz de Santamaría ya no ocultan sus diferencias de cara a las autonómicas

La tensión y los reproches entre Sáenz de Santamaría y Cospedal sube de tono de cara a las europeas. Rajoy parece decidido a mover piezas en el Gobierno y en el partido después de las vacaciones.

Soraya Sáenz Santamaría y María Dolores de Cospedal en la Interparlamentaria del PP.
Soraya Sáenz Santamaría y María Dolores de Cospedal en la Interparlamentaria del PP. flickr/pp

Ni siquiera en estas semanas de relevo al frente de la Corona han actuado como tranquilizante en el pulso soterrado que mantienen Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal, las dos 'manos derechas' de Mariano Rajoy. Tras el batacazo de las elecciones europeas, en las que se consiguió una victoria pírrica que a nadie satisface, la vicepresidenta del Gobierno y la secretaria general del partido no ocultan, de puertas adentro, sus críticas y reproches. El horizonte electoral de la primavera próxima aparece inquietante y los nervios apenas se controlan.

Desde Moncloa se censura la falta de tensión que se advierte en el partido y subrayan que Cospedal prácticamente ha desaparecido de la escena. Pese a que la abdicacón del rey y la proclamación de Felipe VI ha dominado la agenda política del país, Sáenz de Santamaría no oculta sus comentarios negativos hacia la secretaria general de la formación, a quien también responsabiliza de la masiva abstención de sus votantes en la cita de las europeas.

'Falta de comunicación'

En Génova, naturalmente, se ven las cosas de otra manera. Se considera que pese a los dos años de ajustes, recortes y sacrificios, han conseguido una victoria, escueta, eso sí, en las elecciones de mayo, cuando lo normal habría sido recibir un castigo mucho más estrepitoso. "Nuestra gente se quedó en casa pero apenas apoyó a otras opciones". Cospedal habló de 'falta de comunicación' a la hora de transmitir los aciertos del Gobierno, en especial la recuperación económica y los buenos datos de empleo. Hay críticas al manejo de los medios informativos públicos, que dependen del Ejecutivo, y a cierta actitud prepotente que se observa en los miembros del gabinete.

La tensión entre las dos 'jefas' del Gobierno y del partido inquieta a los barones y a los altos dirigentes del PP, que siguen con particular preocupación los datos que arrojan las encuestas de cara a los comicios municipales y autonómicos. La iniciativa de rebaja de impuestos ha sido muy bien recibida pero se considera que quizás no sea suficiente para lograr el necesario vuelco en las urnas, donde está en juego el poder territorial.

La renovación pendiente

El mensaje de 'renovación' enviado por Felipe VI en su discurso de las Cortes, y la 'operación relevo' que lleva a cabo el PSOE, con la aparición de caras nuevas y rostros jóvenes, inquieta también en el primer partido del país, que teme estar transmitiendo una imagen anquilosada.

Mariano Rajoy ha tomado nota de esta inquietante deriva y ya ha tomado algunas decisiones. Unos días después de que don Juan Carlos anunciara la sorprendente noticia de su marcha, el presidente del PP convocó en Toledo a los cuadros dirigentes del PP a una reunión secreta para analizar el resultado de las europeas y las necesarias medidas para tonificar al partido y encarar los próximos comicios.

Se da por hecho que Rajoy llevará a cabo cambios importantes tanto en las estructuras del partido como en las del Gobierno después del verano. Quizás el calendario sea el Gobierno en septiembre y el partido entre octubre y enero. "Hay que transmitir la idea de que estamos vivos y hemos pasado a la acción", comentaba un veterano dirigente del PP días atrás. Ahora se trata de hacer política, de convencer a la sociedad de que el partido y el Gobierno tienen la sala de máquinas a pleno rendimiento.

El votante perdido

El viernes desveló, al fin, Soraya Sáenz de Santamaría, junto a su leal ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, el famoso paquete de rebajas de impuestos que entrará en vigor a principios de año, a pocos meses de las elecciones. Una medida largamente anunciada, un mensaje positivo. Veinticuatro horas después fue Rajoy quien irrumpió en escena y convocó a la cúpula del partido junto a los consejeros autonómicos de Hacienda para transmitir la idea de que "ahora vamos a hacer lo que siempre hemos querido y no hemos podido, bajar impuestos". Y anunció, sin entrar en demasiados detalles, algunos gestos fiscales para la franja menos favorecida de los autónomos. Clases medias y contribuyentes, el núcleo duro del votante del partido, pasa a ser el objetivo primordial. Hay que recuperar a toda costa a los decepcionados y abstencionistas.

Apenas habló Rajoy veinte minutos ante su gente, pero se trataba de que, al dar buenas noticias sobre los impuestos, apareciera al fondo el logo del PP, tantas veces desplazado en los últimos meses. 'El PP cumple, baja los impuestos y no sacrifica el Estado del Bienestar', va a ser la línea estratégica de la formación de cara a las autonómicas. Y como siempre, será el presidente quien se ponga al frente. Rumiará los cambios durante el reposo estival y los dará a conocer en la vuelta de vacaciones.


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