Los diputados críticos del PP mostrarán el martes su rechazo a la ley

Rajoy abandona despavorido su última reforma del aborto dejando chamuscado al ministro Alonso

El ministro Alonso sale chamuscado. El ministro Gallardón resultó defenestrado. El grupo parlamentario sale fracturado. Casi todo lo ha hecho mal el Gobierno de Rajoy con su reforma de la ley del aborto. Un estruendoso resbalón.

Mariano Rajoy saluda al ministro de Sanidad, Alfonso Alonso.
Mariano Rajoy saluda al ministro de Sanidad, Alfonso Alonso. EFE

Los diputados del PP disidentes con la reforma de la ley del aborto no se rinden. El martes mostrarán en el Congreso su radical rechazo a la reforma enviada por su Gobierno. Aún no han decidido cómo hacerlo, si voto en contra, abstención o ausencia de la Cámara. Pero lo harán, según parece.

La reforma de la ley del aborto sólo le ha producido enormes contratiempos a Mariano Rajoy. Se llevó por delante un ministro, provocó un enorme malestar en parte de sus bases, desveló la discrepancia entre algunos de sus dirigentes y, la semana próxima evidenciará una mini-fractura en el grupo parlamentario.

Un debate semántico

La vicepresidenta Sáenz de Santamaría encargó al habilidoso ministro Alfonso Alonso la ejecución del plan de disuadir a los disidentes. Apenas una docena, pero suficientes para evidenciar una fractura incómoda. El titular de Sanidad contó con el refuerzo de Rafael Hernando, jefe de filas de la bancada 'popular'. Se les ofreció borrar la palabra “derecho” del texto de la ley Aído, ahora en vigencia. También se va a retirar el polémico artículo que permite a las menores interrumpir el embarazo sin consentimiento paterno. Pero no ha habido acuerdo. Los críticos se consideran estafados, piensan que retirar el término “derecho” no es más que un retoque semántico que en nada modifica el espíritu y la letra de la ley. Y siguen en sus trece.

Alonso no lo ha conseguido. El ministro de moda, el primer miembro del Gobierno que habló de la posibilidad de negociar pactos con Ciudadanos, el que aplacó el malestar social y mediático con la vacuna de la hepatitis, ha fracasado en el empeño. Pese a mantener una gran sintonía con alguno de los irreductibles, comoEugenio Nasarre, Lourdes Méndez o José Azpíroz, ha patinado en sus esfuerzos. Se trata, además, de diputados con enorme trayectoria en el partido. No son espontáneos decididos a tocar las narices a su gobierno en vísperas de elecciones. Lo hacen por convicciones firmes y, al parecer, nada negociables.

Artillería para la oposición

El Gobierno, ante ese panorama, ha decidido salir de forma urgente del atolladero, huir del avispero de la reforma del aborto. Retirar la palabra 'derecho' le buscaría más enfrentamientos con toda la oposición y no le garantizaba la unidad interna. La viceperesidenta, gran mentora del propio Alonso, cerró el jueves el debate y señaló, en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, que el derecho al aborto no figura en la ley actual, es decir, la de Zapatero. Una lectura muy singular del texto legal.

La diputada Celia Villalobos, esposa de Pedro Arriola, estrecho asesor de Rajoy, siembre vota en contra de su grupo parlamentario cuando aparece el tema de la interrupción del embarazo por el horizonte parlamentario. Incluso llegó a declarar en un programa televisivo que "quien se oponga al aborto no debe estar en el PP". Parece que es el criterio que ahora se impone. Arriola tiene dicho que el debate sobre el aborto sólo quita votos y no aporta apoyos. Su criterio, una vez más, se ha impuesto.

Cinco años en el Constitucional

Ya pocos recuerdan que el PP presentó un recurso ante el Constitucional contra esa ley. Recurso firmado por más de medio centenar de diputados, con Rajoy a la cabeza. Se supone que el TC lo archivó en un cajón. Casi seis años se antojan demasiados, incluso para ese Alto Tribunal que se demoró más de cuatro en resolver sobre el Estatuto de Cataluña. Finalmente el Gobierno ha decidido pasar urgentemente página de una cuestión tan sensible.

Arrepentido de haberse metido en semejante jardín, todo han sido desastres desde el primer día. Ha incumplido su programa y compromiso electoral, ha puesto en ridículo al TC, se ha defenestrado a un ministro, ha chamuscado al titular de Sanidad, ha quebrado la unidad del grupo parlamentario, ha dado artillería a un PSOE desarbolado y ha cabreado a gran parte de su electorado. No pudo hacerse peor.

En estos momentos en los que el PP atraviesa por enormes turbulencias internas, al parecer sepultadas hasta después del 24-M, este debate no ha hecho más abrir otro frente de fricción. El partido nunca la hizo suya. Ni Cospedal y Sáenz de Santamaría sintonizaban con el contenido. Pasar de la actual de plazos a la de supuestos necesitaba mucha pedagogía. Y no se hizo. Un esfuerzo frustrado. Y un debate abierto en el peor momento. De ahí las prisas para enterrarlo.


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