No hay tiempo, ni consenso, dicen en Moncloa

Rajoy abrirá el diálogo pero no reformará la Constitución esta legislatura

El Gobierno no se planeta abordar en serio una reforma constitucional esta legislatura. No hay ni consenso, ni voluntad, ni tiempo. Se abrirá el diálogo prometido por Rajoy, pero poco más.

La Generalitat catalana empieza a dar muestras de aflojar el pie del acelerador.Obedeció al Constitucional, al retirar la campaña de apoyo institucional al plebiscito, para evitarles problemas judiciales o administrativos a sus funcionarios. La noche del martes, las manifestaciones secesionistas frente a los Ayuntamientos catalanes fueron muy débiles. Sólo Barcelona movilizó a unos cientos de paraguas. Llovía y jugaba el Barça en Champions. Un cóctel letal contra el espíritu patriótico.

Mariano Rajoy también se mostró en el Senado más contenido con la posible reforma constitucional que el lunes en Moncloa. Dolores Cospedal le mantiene informado del pulso en el partido. En el PP pocos entienden que haya de darse el paso de reformar la Carta Magna para agradar las exigencias de CiU, una formación desleal.

Mensaje al PSOE

Dijo el martes Rajoy, ante un Senado más proclive a la atención que en otras sesiones, que meterle mano ahora a la ley de leyes no es asunto prioritario. Atención, barones, tranquilidad. Deslizó hacia el frente catalán la afirmación de que tampoco hay voluntad de recentralizar competencias. Algo que no está en el tablero de la discusión, por cierto. Y le endosó a la debutante portavoz del PSOE, Victoria Chivite, un golpe contundente: "Hoy ya he aprendido algo. Que soy yo quien tiene que decir el contenido de la reforma que ustedes quieren". Ahí duele. El PSOE se llena la boca con su lectura federalista de la Constitución pero no es capaz de entrar en la letra pequeña. Porque no la tiene, al parecer.

Estas semanas, el presidente del Gobierno ha mantenido conversaciones frecuentes con Pedro Sánchez, líder de la oposición. Acordaron los mensajes para el día D, es decir, la respuesta a la firma de la convocatoria de la consulta por parte de Artur Mas. Equilibrio perfecto. Declaraciones en sintonía. Casi sincronizadas. También hablaron de dar pasos, más bien escénicos, hacia esa reforma. Pero no hay tiempo, ni posibilidad de alcanzar un consenso. A ocho meses de unas autonómicas, resulta imposible pensar en tal cosa. Y falta apenas un año para acabar la legislatura. Se formarán equipos para estudiar este asunto, como ya los había con Rubalcaba. Gente competente y discreta. Pero que nadie espere que la salida de pata de banco de Artur Mas vaya a forzar los tiempos de Rajoy. Quien ha abandonado el sendero de la legalidad ha sido el president y a él le toca arreglar el desaguisado.

"Es importante que todos sepamos para qué hacer la reforma y también hay que saber con qué apoyos contamos", comentó Rajoy en el Senado. La Constitución ya se ha reformado un par de veces. No es tabú. Pero ahora se trata de meterle el destornillador hasta el fondo y aflojar muchos tornillos. Quizás demasiados para el nivel de estabilidad que ofrece en estos momentos la estructura del Estado.

Algunas voces en el Gobierno son partidarias de dar el paso al frente. García-Margallo, el primero. Pero no es opinión asentada ampliamente en el Ejecutivo. Ni menos aún en el partido, donde se mantiene un silencio sepulcral en torno al reto de Artur Mas. La consigna es que hay que pasar el Rubicón del 9-N sin hacer mucho ruido, evitar polémicas estériles y luego a arremangarse para salir vivos de unas municipales y autonómicas que amenazan con tormenta.


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