El Gobierno venderá en campaña electoral las ventajas de no haber seguido los pasos de Grecia y Portugal

¿Castigará Rajoy a los ministros que le aconsejaron ir al rescate?

En los primeros consejos europeos a los que asistió como presidente del Gobierno, Mariano Rajoy rehuía las fotos con Ángela Merkel para que los medios no especularan con la petición del rescate a Bruselas. Lo que hace tres años era una pesadilla, ahora será transportado por el PP como uno de los grandes estandartes de la campaña electoral.

Mariano Rajoy habla con Soraya Sáenz de Santamaría durante el debate sobre el estado de la nación.
Mariano Rajoy habla con Soraya Sáenz de Santamaría durante el debate sobre el estado de la nación. EFE

Cuando el pasado martes Mariano Rajoy defendía en el Congreso que haber evitado el rescate había sido la principal medida de política social de este Gobierno, hubo algunos integrantes del banco azul que le aplaudieron a rabiar. Entre ellos estaba el ministro de Economía, Luis de Guindos, uno de los miembros del Gabinete que con mayor vehemencia aconsejaron al presidente en 2012 acudir al auxilio de Bruselas y dar el paso que protagonizaron Grecia, Irlanda y Portugal. Rajoy también tuvo que lidiar entonces, en la cresta de la crisis, las presiones que recibió en idéntica dirección por parte de importantes banqueros y empresarios. Uno de los miembros del Gabinete relata que en los primeros consejos europeos a los que asistió como presidente del Gobierno español, Rajoy rehuía las fotos con la canciller alemana, Ángela Merkel, para que los medios no especularan con la petición del rescate a Bruselas. En La Moncloa se temía que cualquier instantánea de ambos fuera interpretada como una cesión de España ante los apremios que también procedían de parte de la Comisión Europea. ¿Castigará Rajoy a los ministros que le aconsejaron ceder a estas presiones y acudir al rescate? La respuesta que a esta pregunta se da en el Ejecutivo es un no rotundo.

“Aunque el presidente toma nota de todo y tiene buena memoria, no suele ser rencoroso, máxime cuando ha evidenciado que lo que hace tres años era una pesadilla, ahora puede contribuir a ser nuestra salvación electoral”, asegura un miembro del Gobierno. El pasado martes, en su intervención durante el debate del estado de la nación, Rajoy dejó claro que haber evitado el rescate fue la gran medida de política social, esa línea roja que no entraba en consideraciones de quienes le urgieron a seguir el ejemplo de Grecia o de Portugal sin considerar que se trataba de una medida implacable, que no considera la edad, ni la condición social, ni la fortaleza o debilidad de cada familia. Hubiera sido una ayuda, dijo el presidente, “que no hubiera dejado opción para adaptarse a la austeridad ni margen para socorrer a los más débiles”. Y añadió más, también en clave interna de Gabinete: “Todo esto no entraba en las consideraciones de quienes nos urgían a pedir el rescate, esos que glosaban sus ventajas pero que no dedicaban ni una palabra a valorar sus contrapartidas sociales. Nosotros sí lo hicimos y fuimos sólidos en nuestra determinación de evitarlo”, sentenció.

El presidente no ha hecho ningún reproche personal a empresarios y banqueros

Tres años después, Rajoy está dispuesto a dejar que Luis de Guindos viaje a la presidencia del Eurogrupo, si es que finalmente le deja este verano el holandés Jeroen Dijsselbloem, aunque en La Moncloa se sigue sin ver margen para que el cargo se convierta en permanente y, por lo tanto, obligue al presidente a cubrir la cartera de Economía. El presidente tampoco ha hecho ningún reproche en persona a los empresarios y financieros que más le presionaron para que diera el paso de pedir auxilio financiero a Bruselas. Lo hizo para rescatar el sistema financiero y la situación ha cambiado tanto que España incluso está en disposición de acelerar la devolución de parte del dinero que recibió.

La hazaña de haber resistido a estas presiones es un mérito que todo el Gobierno, sin excepción, achaca ahora al presidente y que éste va a poner en valor en la larga campaña electoral que culminará a fin de año. Hay algunos argumentos de peso que sirven para medir las ventajas de no haber ido al rescate. Estos son los principales, a juicio del Ejecutivo:

  • Aumento de la riqueza. De haber cedido a las presiones que recibió el Gobierno, posiblemente el desplome del PIB en 2012 hubiera sido superior al 4%, es decir, que España hubiera tenido que soportar una pérdida de riqueza de más de 40.000 millones de euros profundizando en el pozo de la recesión. Gracias a que no se acudió al rescate, la economía española inició en el segundo semestre de 2013 una senda sólida de recuperación que le ha permitido corregir buena parte de los desequilibrios macroeconómicos dentro de un proceso de consolidación fiscal y reformas estructurales. En dos años, se ha conseguido un ajuste del déficit del conjunto de las administraciones públicas de 2,6 puntos de PIB, lo que supone casi una reducción de casi el 30% del déficit heredado en 2011.
  • Autonomía para ayudar a las comunidades autónomas. En contraste con lo sucedido en España, el rescate supuso para los países intervenidos su inmediata expulsión del sistema financiero. Al contrario que ellos, España no ha perdido nunca su margen de maniobra a la hora de decidir la duración y la intensidad del proceso de consolidación fiscal. Con la expulsión del sistema financiero, hubiera resultado imposible poner en marcha los diferentes mecanismos extraordinarios de liquidez (FLA, proveedores…) para las comunidades autónomas y entidades locales.
  • Menos IVA. Es altamente probable que con el rescate, España tuviese que haber soportado un incremento superior del IVA (Grecia y Portugal tuvieron que situar el tipo impositivo en el 23%).
  • La rebaja de impuestos. La rebaja de impuestos que entró en vigor en enero, no hubiera sido posible si España estuviera sometida a un programa de rescate, entre otras razones porque las exigencias de la senda de consolidación presupuestaria habrían sido mayores que las que han emanado de Bruselas para los países más endeudados de la zona euro. Frente a estas alternativas, el Gobierno siempre apostó por mantener la autonomía de la política económica, lo que ha servido para que los mercados y los inversores internacionales recuperen la confianza en España.
  • Mantenimiento de las pensiones. Mientras que en España no ha menguado el poder adquisitivo de las pensiones durante los años más duros de la crisis, los pensionistas griegos han conocido recortes de hasta el 20%, los de Irlanda del 4% en el caso de los empleados públicos y los de Portugal la congelación de sus ingresos, una medida, esta última, que en el caso español solo se dio durante el Gobierno del PSOE.
  • Disminuye el riesgo de pobreza. España ha mantenido durante la última recesión las prestaciones sociales, algo que ha beneficiado especialmente a las capas de población con menores ingresos. La secuencia de lo que hemos conocido contrasta con las realidades de los países rescatados, donde uno de cada cinco griegos ha encontrado dificultades para acceder a productos básicos; de Irlanda, donde entre 2009 y 2012 las personas en riesgo de pobreza aumentaron casi en un 15%; o de Portugal, donde la población en riesgo de pobreza alcanzaría casi el 47% si solo se computaran los ingresos obtenidos por el trabajo, sin contar las ayudas sociales.
  • Sanidad y educación han podido ser, gracias a que se evitó el rescate, dos áreas prioritarias para el Gobierno en los presupuestos de los últimos años. Si España hubiera sido intervenida, probablemente se hubiera visto obligada a sufrir recortes que en Grecia han superado el 33% en la educación y han terminado dejando al 30% de la población sin acceso a la sanidad pública, costes que también han asumido en diferentes medidas los irlandeses, los portugueses y los chipriotas.
  • Beneficio para los empleados públicos. Pese a que la función pública es uno de los sectores que ha soportado el peso de las políticas de austeridad, entre otras razones porque el Gobierno aplazó la paga extra de diciembre de 2012 de los funcionarios y ha limitado el crecimiento de las plantillas, las administraciones públicas se han librado de las experiencias conocidas en Grecia, Irlanda, Portugal o Chipre. En el primero de estos países, sus funcionarios han visto reducidos sus ingresos mediante una fuerte rebaja de la paga extra y una bajada media de su sueldo del 12%. En Portugal, estas reducciones de sueldo han llegado a alcanzar en algunos casos hasta el 60%

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