Drásticas medidas contra los corruptos: que devuelvan el dinero, una de las prioridades

Rajoy se reserva dos bazas para evitar el naufragio del PP: vuelco en el discurso y cambios en Génova

Medidas drásticas contra la corrupción y reformas en el partido. Rajoy cambia el paso. Toma la iniciativa para eludir la hecatombe anunciada. Una reacción en dos fases y con algunas sorpresas. Como algunos cambios en la cúpula de Genova y las listas electorales.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante su intervención en la clausura de las Jornadas sobre Estabilidad y Buen Gobierno.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante su intervención en la clausura de las Jornadas sobre Estabilidad y Buen Gobierno. Efe

"Esto no puede seguir así, hay que devolver la confianza en la política", le confesó un Rajoy muy preocupado a alguno de los barones reunidos hace un par de sábados en la apacible velada cacereña. El salón del restaurante Torre de Sande (precioso edificio medieval en la zona monumental de la ciudad) era propicio a la sinceridad y la tertulia. Rajoy escuchó comentarios inquietantes de alguno de sus compañeros de mesa. Antes de llegar al segundo plato, la corrupción se había adueñado de los manteles. Fue el tema estrella de la cena. El patinazo canario de Monago, con un toque caribeño, había estallado la víspera con todo el PP presente en su casa. Un petardazo bien estudiado. No existen casualidades en política.

Rajoy escuchó con interés infrecuente, cuenta uno de los comensales. La noche estaba bañada en pesadumbre. "Laeconomía ya no vende", le dijo uno de sus interlocutores, joven presidente autonómico, por más señas. "La recuperación está bien pero no ha calado aún en la gente", insistió. "Se verá algo de optimismo en navidades, pero el efecto de la bajada de impuestos ha sido una bala malgastada", insistió. El presidente, pese a que ya no eran horas para un hombre que se recoge temprano, no perdía ripio. Dejó hablar. Optó por escuchar.

Doce horas después, en el animoso mitin, ante un auditorio atribulado pero voluntarioso, y ante el propio Monago, anunció lo inesperado: "Voy a tomar la iniciativa". Aquello sonó entre sus filas como una revelación bíblica. Lo habitual en un líder es que se suba al centro de control cuando vienen las tormentas y se aferre a los mandos. Pero no es el caso. El presidente había comprendido, al fin, que los votos se fugan por las grietas de la corrupción. Cambio de libreto, modificación en el discurso. Montoro puede esperar. La prioridad es la corrupción.

El PP ha vivido su octubre negro. Cada día un escándalo. Cada mañana, un titular. Cada jornada, un terremoto. Rato, Acebes, las tarjetas de Caja Madrid,Granados y la Púnica, la alcaldesa de Alicante, el exalcalde de Toledo, los restos de la Gürtel... Un rosario sin fin y sin argumentos para el contraataque. Incuso el PSOE, con las sentinas desbordas se permitía dar lecciones. Eso sí, luego llegaría la jueza Alaya con las rebajas.

Un vodevil como estrambote

Y el plebiscito apócrifo de Artur Mas como colofón. Dos millones de catalanes jugando a votar con papeletas de plástico y urnas de cartón. Dos largos años invirtiendo esfuerzos, tiempo y dinero en la película. Un espectacular disparate. Cierto que la opción independentista ha tocado techo. Siguen siendo los mismos que hace dos años. Ni encomendándose a la Morena. Pero su aparato de propaganda es prodigioso. Habían ganado, había logrado su objetivo, habían votado pese a los obstáculos del 'Estado opresor'. El Estado quedó como un pelele, burlado y 'corneado'. Y el Ejecutivo, descolocado, humillado, desnortado, atontado. Nada salió como se pretendía. Fallaron todas las previsiones, las artimañas, las estrategias. Un paso atrás sin precedentes.

Mas se transformó por completo. De aparecer como un tipejo huidizo y encogido a brillar como un Mel Braveheart Gibson, colosal e invicto. El anuncio de su muerte (política) era prematuro. La inconcebible cadena de reveses para Gobierno y PP se cerraba con el vodevil protagonizado por un fiscal cinéfilo y su compañía de fiscales, que redondearon una excelente representación de cómola Justicia puede quedar alegremente a la altura del betún. El ministro de Justicia no manda, Torres-Dulce no obedece y los fiscales catalanes se ríen de todos. Se desconoce finalmente si Artur Mas será inhabilitado o condecorado. Camino van las cosas de lo segundo. Para colmo, hasta reapareció la figura de Pedro Arriola enredando. No se pudo hacer peor.

El PSOE tiene un grave problema

Los datos del CIS pusieron el colofón al sombrío panorama. Retroceso vertiginoso, aunque no más que el PSOE, un partido erizado de estruendos. Y asomaron las intrigas, y aparecieron "los cobardes", en bravía expresión de Cospedal. Y por ahí siguen. Suena la cantinela del relevo de Rajoy antes de las generales, para que su partido evite el naufragio anunciado. Y llueven los cuchillos sobre Cospedal, bien asentada en la estructura de su formación pero con una cúpula algo endeble. Todo queda a merced de los resultados de mayo.

De sobra conoce Rajoy el calendario, las dificultades, los problemas y elnombre de los traidores. Pero esta vez, reaccionó. Nada había dicho apenas sobre el octubre negro de la corrupción. Y también se mostró silente ante el reto de los nacionalistas al Estado.

En Cáceres, quizás espoleado por el patinazo de Monago, Rajoy no dudó en dar un paso al frente. En dar la cara. Y anunció que tomaba la iniciativa contra la corrupción, el mayor de los problemas. Objetivo prioritario, guerra al escándalo, a la trampa, a la mordida, las comisiones, los hurtos y la rapiña. O se hacen bien las cosas, "o estamos muertos", según la expresión utilizada por uno de los barones.

Hay dos fases importantes en el plan de salvación del PP, un partido con más de 800.000 afiliados, con un poder territorial sin precedentes y una mayoría absoluta única en las democracias europeas. Detalles nimios en los que ahora nadie piensa. Elmovimiento del Supremo contra Chaves y Griñán vino a aliviar las cosas. Ahora es el PSOE el que está a la defensiva, el que se tiene que comer sus demandas de ceses y dimisiones, el que tiene poner un velo en su particular escandalera, el que huele que apesta. Para colmo, sus dos líderes, Pedro Sánchez y Susana Díaz, están muy lejos de lo que se entiende por coordinación y sintonía.

Que devuelvan el dinero

El primer mojón de la campaña se ha fijado para el 27 de noviembre. Medidas duras y leyes implacables. La ley del control de los partidos, el nuevo régimen de altos cargos, agilización de los procesos en la ley de enjuiciamiento... Hasta aquella velada extremeña, no se mostraba Rajoy muy convencido de comparecer ante la Cámara Baja para anunciar estas medidas. Pero el libreto ha cambiado. Y el riesgo de un cataclismo electoral asuma la oreja. El problema es, como susurra un veterano de Moncloa, todo esto no llega demasiado tarde.

En la mencionada cena también se habló de la necesidad de que los corruptos tengan que devolver el dinero robado y que se suspenda a todo cargo público en cuanto arranque el juicio oral. Hay más artillería, como la reforma de la ley de contratos con la Administración, que evitaría casos como el de 'Púnica' o reducir el tiempo de la instrucción judicial de asuntos de corrupción, algo que en su día ya defendió Esperanza Aguirre con escaso éxito. En palabras del presidente, "si los escándalos no dejan de ser los protagonistas de este país, hemos fracasado".

Refuerzos en el PP

La segunda etapa de la reacción se basa en reforzar el partido. El PP ofrece ahora una imagen muy delicada. Endeble, tornadizo, sin fuste. El escándalo Bárcenas, pese a la fuerza y el empeño de Cospedal, sigue pasando factura. Rajoy huye de los cambios importantes, en especial de los que afectan a personas. Tanto el presidente como su secretaria general han subrayado en los últimos días que nada se moverá en el partido. Al menos, por el momento.

Pero el presidente quiere reforzar las estructuras de Génova para afrontar sin angustias la campaña. Con González-Pons en Bruselas, parece obvio que Cospedal necesita refuerzos. Se trata de sumar más que de cambiar. Habrá incorporaciones y refuerzos, según el entorno presidencial. Ocurrirá antes de la elaboración de las listas. Un trance en el que también se da por hecho que habrá bajas ilustres, caídos de campanillas y alguna incorporación inesperada. No cabe duda de que Rajoy ha cambiado el libreto. O, al menos, es lo que se anuncia.


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