Moncloa confía en que amaine el goteo de disidentes

Rajoy blinda su ley del aborto e ignora al batallón de los descontentos

El último en sumarse al batallón de los descontentos ha sido Núñez Feijóo, barón de referencia. El proyecto de ley de reforma del aborto ha provocado un pequeño seísmo interno en el PP. La dirección del partido ha decretado la "ley del silencio" al tiempo que Rajoy reconocía que "hay asuntos que producen fuertes divisiones en el partido".

El presidente de la Junta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, quien ha pedido "mejorar" la Ley del Aborto
El presidente de la Junta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, quien ha pedido "mejorar" la Ley del Aborto PP GALICIA (CC) VÍA FLICKR

Mariano Rajoy sabía que la ley de reforma del aborto iba a traer complicaciones. Y no exclusivamente desde la oposición, algo descontado. Tumbar la ley de plazos de Zapatero/Aído y sustituírla por una variante corregida de la ley de supuestos de 1985, vigente tanto con González como con Aznar, acarrearía fuertes marejadas. Así ha sido. Dos años ha tardado el PP en cumplir con lo anunciado en su programa. En el apartado de Defensa de la familia, el partido en el Gobierno anunciaba: "Cambiaremos el modelo de la actual regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores".

El PP había recurrido ante el Constitucional la ley del aborto socialista ("ley de interrupción voluntaria del embarazo", se llamaba). A la espera del fallo del Alto Tribunal, el trabajo encomendado a Ruiz Gallardón permanecía en el cajón, pero no en el olvido. No todos los miembros del gabinete estaban de acuerdo con el contenido del nuevo proyecto, en especial con la limitación de tres a dos los supuestos que permiten a la mujer someterse a un aborto. Cuando Gallardón anunció a 'La Razón' en pleno verano, este pasado mes de julio, que "la malformación del feto ya no será un supuesto para abortar", muchos dirigentes de su partido, y aún de su Gobierno, se removieron inquietos en la silla. "Tendremos problemas, esto es un paso atrás", comentó a este diario un veterano del PP con despacho en Moncloa.

Aplazamientos y maniobras

Primero quedaba para después del verano. Luego se pospuso a finales de octubre. Finalmente ha emergido de las penumbras en el último Consejo de Ministros del año, en pleno fragor festivo/navideño. Los intentos de relevantes figuras tanto del Gobierno como del Partido por limar alguno de sus aspectos más ríspidos resultaron inútiles. "No es el proyecto de Gallardón, es el proyecto de Rajoy", confesaban fuentes de Génova a este diario.

"Cambiaremos el modelo de la actual regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores"

El presidente del Gobierno neutralizó todo intento por modificar el proyecto. No había podido cumplir con su programa electoral en la rebaja de impuestos (tal y como recordaba en la rueda de prensa del viernes) pero en el asunto del aborto no fallaría. Entramos en periodo preelectoral y estrategas de la Moncloa consideran imprescindible reconciliarse con el sector más conservador, algo encabritado por episodios como Boliganaga o la doctrina Parot.

La palabra tabú

Olía problemas el presidente. Lleva muchos años en esto y tiene un certero instinto político. Su vicepresidenta Sáenz de Santamaría, (mujer, joven y progresista) no es nada partidaria del texto, según confiesan en su círculo. Algo de eso le comentaba al "jefe". Pero Rajoy no cedió. En la rueda de prensa de este viernes nunca mencionó la palabra "aborto". Habló tan sólo de "ese asunto", "esa cuestión". Aborto, un término casi tabú para un proyecto polémico. Desde Presidencia se dieron instrucciones para que no hubiera titubeos. "El PSOE no llevaba la ley del aborto en su programa electoral y la sacó adelante sin complejos", asegura una fuente monclovita. "Nosotros sólo estamos repescando la misma ley que les sirvió tanto a González como a Aznar".

Entramos en periodo preelectoral y estrategas de la Moncloa consideran imprescindible reconciliarse con el sector más conservador

Pero enseguida afloró el malestar interno. Primero fueron los alcaldes de Zamora y de Valladolid, Rosa Valdeón y León de la Riva, respectivamente, quienes no ocultaron sus críticas. Luego se produjo la ruidosa incorporación de Cristina Cifuentes al batallón de la disidencia. La delegada del Gobierno en Madrid, llamada a un mayor protagonismo político, se mostró partidaria de la ley de Zapatero y muy esquiva con la de Gallardón. Eso sí, reconocía que se estaba actuando en consecuencia puesto que iba en el programa del PP.

El efecto Cifuentes

Las declaraciones de Cifuentes no fueron bien recibidas en Moncloa, donde tanta gente se estaba mordiendo la lengua. En un momento en el que Madrid atraviesa por enormes problemas políticos, con la alcaldesa y el presidente de la Comunidad en horas bajas, la irrupción de la delegada del Gobierno, de quien se habla como posible candidata a algún sillón de relevancia en la región o en el municipio, hizo saltar chispas en algunos despachos. En plena tormenta mediática, cuando llovían chuzos de punta sobre el Gobierno, resultaba extravagante semejante rapto de sinceridad política.

A la mañana siguiente apareció Ruiz Gallardón en estéreo, en sendos diarios nacionales, con un claro aviso a navegantes. "Todos los que fuimos candidatos en las últimas elecciones no sólo leímos sino que asumimos el programa como principio. No se puede salir ahora con reservas mentales", aseguraba el titular de Justicia, quien calificaba su iniciativa como la ley más progresista del Gobierno". El mismo viernes, el portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, repetía más o menos la consigna oficial sobre los electos y los compromisos del partido.

Silencio en los escaños

El mayor ciimbronazo se produjo cuando Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia y hombre fuerte de la formación conservadora mostró públicamente su confianza en que el proyecto "mejore" durante su trámite parlamentario. "Merece la pena que mejore y que logremos un gran consenso", aseveró Feijóo, quien incluso hizo alguna referencia tibia al espinoso asunto de la malformación del feto.

Lo que aparecía en el programa electoral de forma inconcreta y difusa, se ha convertido en una de las apuestas legislativas más firmes y beligerantes en defensa de la vida

Gallardón, convertido en el más firme baluarte del proyecto y en el blindaje de Rajoy ante los furibundos ataques de la izquierda, había advertido en en la bi-entrevista periodística que el proyecto no va a sufrir modificaciones importantes a su paso por el Congreso. De hecho, ningún diputado o senador del PP, que tendrá que votar en su momento la ley, ha tenido a bien abrir la boca. Ni siquiera la siempre díscola Celia Villalobos, vicepresidenta del Congreso y en otras ocasiones muy displicente con las propuestas gubernamentales.

Este "equilibrado proyecto" para Rajoy, que, inevitablemente, producirá "posiciones diferentes en mi partido", es la más importante iniciativa de perfil ideológico que ha sacado adelante el Partido Popular desde que llegó al Gobierno. Pese a su mayoría absoluta, incluso la Ley de Educación del ministro Wert ha sufrido recortes, remiendos y mutilaciones. La del aborto, todo lo contrario. Lo que aparecía en el programa electoral en forma inconcreta y difusa, se ha convertido en una de las apuestas legislativas más firmes y beligerantes en defensa de la vida de cuantas funcionan en Europa. Rajoy no ha esperado la sentencia del Constitucional. Quizás tenga prisa. 


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