El Gobierno daba por hecho que no habría adelanto electoral

Los 'espías' de la Moncloa volvieron a patinar en sus previsiones sobre el anticipo electoral de Mas

Una vez más fallaron los espías de Moncloa, como cuando el plebisicito del 9 de noviembre. Preveían en el Gobierno que Artur Mas iba a concluir la legislatura catalana, pero no ha sido así: Mas convocó elecciones para septiembre y el Gobierno de Rajoy se quedó perplejo.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, recibe a Artur Mas en La Moncloa.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, recibe a Artur Mas en La Moncloa. EFE

No habrá adelanto electoral en Cataluña, explicaba algún personaje muy destacado del Gobierno del PP, convencido de que Artur Mas sería capaz de concluir la legislatura. Los 'exploradores' de la Moncloa, que mantienen puentes con determinados nacionalistas catalanes, explicaban que el presidente de la Generalitat no convocaría jamás las elecciones autonómicas antes de las municipales, tal y como le ha venido reclamando Oriol Junqueras. Sería un desastre para Convergencia, un partido en paulatina degradación. Mas necesita tiempo y el Gobierno le iba a ayudar, mediante el FLA, la quita de intereses de deuda y otras fruslerías económico-contables.

Una vez más, el equipo de zapadores del Gobierno en Cataluña se ha equivocado. Trasladó en forma errónea sus conclusiones a los despachos monclovitas, donde, es cierto, también se manejaban otras versiones. Su teoría sobre un Artur Mas resistente frente a las exigencias de ERC tenían sentido. En especial porque las asociaciones cívicas que sostienen en la calle la carrera hacia la independencia, ANC y Omnium, comen de la mano del president. Es decir, viven del presupuesto de la Generalitat. Sin embargo, los pronósticos no se han cumplido. Resultaba excesivo estirar la cuerda un año más. Eso no hay 'proceso' que lo resista.

Funambulismo y equilibrismo

Artur Mas, explican ahora, no podría sobrevivir tanto tiempo haciendo equilibrios en la cuerda floja de una situación política inestable y, posiblemente, adversa. Dos factores han afectado este cambio de planes. La irrupción de Podemos, que puede dejar al independentismo tiritando en los comicios de mayo y, por supuesto, la fatiga social, que se refleja ya en las encuestas. Los últimos sondeos muestran un declinar muy perceptible tanto de CiU como de ERC. Ni siquiera sumarían ahora mayoría en el Parlament. Un drástico cambio de panorama que ha obligado a modificar los planes sobre la marcha.

Rajoy animaba a Mas, esta misma semana, desde Atenas, a cumplir lo establecido y concluir la legislatura

La convocatoria de elecciones para el 27 de septiembre, puente de la Merced, ha trastocado el calendario del Gobierno. Rajoy animaba a Mas, esta misma semana, desde Atenas, a cumplir lo establecido y concluir la legislatura. "Es la constatación de un fracaso", sentenció el presidente, tras la patada hacia adelante del líder catalán. El Gobierno es del criterio de que cuanto más tiempo permanezca Mas en la Generalitat, mayor será el nivel de su descomposición. El reto soberanista, así, se diluiría en su propia salsa, sin necesidad de presentar demasiadas batallas. Moncloa no quiere pensar ni por un minuto en la perspectiva de un Junqueras al frente del Govern.

Historia de una cesión forzosa

Pero el president ha tenido que ceder. ERC le aprobará los presupuestos, le ayudará en la comisión de investigación de los Pujol y, además, envía un mensaje de tranquilidad a ese amplio sector de la población que se ha movilizado en las calles durante dos largos años. Un año más de concentraciones, manifestaciones, cadenas humanas, uves de la victoria y demás exhibiciones de la infantería separatista resultaba imposible de mantener, de acuerdo con fuentes de Convergencia. Ni siquiera invirtiendo toneladas de euros en la propaganda con la que los equipos de la Generalitat bombardean con insistente obsesión a la sociedad catalana, desasistida de pluralismo informativo.

Las autonómicas en otoño se alejan de las previsiones que anunciaban los rastreadores del gobierno al menos hasta hace unos días. Cierto que la decisión de Mas ha sorprendido incluso a muchos de los suyos que se veían ya ante las urnas en marzo. O en 2016, cuando tocaba. Un tiempo demasiado corto en el primer caso, y con riesgos enormes para Convergencia, y un plazo demasiado largo en el segundo.

La doble lectura de la jugada

El anticipo electoral tiene dos lecturas dentro del Ejecutivo. Por una parte, interfiere en el natural discurrir que va de las elecciones municipales a las generales. Un batacazo del PP en los resultados de Cataluña, lo que se da por hecho, no es buena noticia como antesala de unas elecciones generales. Pero también forzará al PP a abandonar su tibieza natural a la hora de afrontar el problema territorial y le obligará a hacer hincapié en el asunto de la unidad de España, algo que suele recoger buenos réditos en unas elecciones parlamentarias.

Se equivocaron los oteadores del Gobierno cuando el plebiscito del 9-N, del que anunciaron, primero, que no tendría lugar. Que serían cuatro urnas de cartón, después. Que Mas no se arriesgaría a utilizar escuelas como colegios electorales. Que tampoco sería capaz de responsabilizarse de la consulta, que no ignoraría las sentencias del Constitucional, que..., que... En suma, un fracaso estrepitoso. Ahora, con las elecciones, tampoco los espías del Gobierno han acertado. En este caso, quizás con más justificación. Con el plebiscito, se les engañó. 'Torearon' al gurú Arriola y se celebró el referéndum al margen de la ley. Ahora ha sido Mas quien incluso ha engañado a su propia gente.


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