En las filas nacionalistas se confirma que el líder de Unió vive las horas más bajas desde que se creó la coalición hace 35 años

El sector duro de Convergencia responsabiliza a Duran del descuelgue del PSC del proceso soberanista

Josep Antoni Duran i Lleida vive sus horas más bajas en CiU desde que la coalición se creó hace 35 años. El sector más independentista de Convergencia le culpa de no haber sabido frenar a tiempo el descuelgue de los socialistas catalanes del llamado ‘derecho a decidir’, cuyas consecuencias pueden resultar letales para el proceso soberanista.

Antes de fin de año, Artur Mas desvelará la pregunta y el calendario del referéndum con el que quiere comprometer a Cataluña en el proyecto independentista, a pesar de que el propio presidente de la Generalitat ya no disimula en privado las escasas posibilidades de que la consulta se celebre sin la autorización previa del Gobierno. El líder de Unió, Josep Antoni Duran i Lleida,ha peleado en las últimas semanas por evitar el choque de trenes y abrir lo que él mismo ha calificado como una ‘tercera vía’, intentando embarcar en ella al PSOE y aprovechando su buena relación con Alfredo Pérez Rubalcaba. Sin embargo, lo único que Duran ha conseguido de momento es que el PSC se desvíe de la ruta marcada por CiU y Esquerra Republicana, un serio varapalo para el plan soberanista del que el sector más duro de Convergencia no duda en culparle.

En las filas nacionalistas se considera que la buena relación que Duran i Lleida mantiene con Rubalcaba no le ha sido útil al proyecto soberanista de Mas

Fuentes de CiU consideran que Duran “ha perdido todo el crédito que tenía en las filas nacionalistas” ya que “ha fracasado en todos sus intentos de mediación” y supone “un estorbo” para el guion que acaricia el frente soberanista. La marcha atrás de los socialistas catalanes en su apoyo al llamado ‘derecho a decidir’ se ha cargado, pues, sobre las espaldas de Duran, aunque el malestar de Convergencia y del propio Artur Mas con el líder de Unió no es nuevo. El respeto que antaño le profesaba Jordi Pujol se ha perdido ya que el presidente de la Generalitat nunca ha considerado a Duran como interlocutor autorizado con el Gobierno de Mariano Rajoy y también le ha despreciado como portavoz ante el mundo financiero y empresarial. A ello se añade, según fuentes nacionalistas, la indiferencia con la que Mas siempre ha recibido las amenazas de Unió de romper la coalición, paso para el que, a ojos de Convergencia, el partido de Duran no estaría preparado por su escasez de recursos y también por la falta de una sólida implantación territorial.

Duran se plantea dejar la presidencia de la comisión bilateral Estado-Generalitat que ahora busca reactivar el Gobierno después de meses sin reunirse

Duran está más cuestionado que nunca dentro de CiU, 35 años después de crearse la coalición, y eso le ha llevado, en un primer momento, a anticipar su posible dimisión como presidente de la comisión bilateral que gestiona los traspasos desde la administración central a la autonómica, un puesto que también le chirría a los republicanos por su falta de eficacia. Hace meses que no se reúne, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ha mostrado su disposición a reactivarla, pero dentro de CiU se desconfía de la eficacia de Duran como representante de la Generalitat.

El sector duro de Convergencia se plantea, incluso, llegar más lejos y proponer que Duran abandone también la portavocía de la coalición en el Congreso de los Diputados, a la vista de que los matices que el líder de Unió suele ponerle al proyecto secesionista cada vez son de mayor calibre y distorsionan el mensaje único e inequívoco que desde el Gobierno catalán se pretende trasladar a Madrid. El consejero de Economía de la Generalitat, Andreu Mas-Colell, lo dijo claro y alto este lunes en Madrid: “Cataluña tendrá Estado propio, si no es en esta generación, será en la siguiente”.

Convergencia busca un mensaje inequívoco en Madrid que contrasta con la confusión que, en opinión de sus dirigentes, siembra Duran i Lleida

De momento, los problemas se le acumulan a CiU y es lo que puede estar empujando a Artur Mas a buscar, al margen del ruido y las apariencias, un desencuentro pactado con el Gobierno. Al desenganche de los socialistas del proceso soberanista se están sumando las dificultades que encuentra Mas para convencer a los republicanos de la conveniencia de ir en una lista conjunta a las elecciones europeas, algo que a ERC no le interesa porque quiere demostrar que ya dispone de un número de votos muy parecido e, incluso, superior a los que suele reunir el nacionalismo en este tipo de consultas.


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