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Aznar: "Mi decisión más difícil fue la de no presentarme a un tercer mandato"

El expresidente del Gobierno José María Aznar narra en la primera parte de su libro de memorias la lucha contra el terrorismo, de la reunión que su Gobierno mantuvo con ETA en Suiza en 1999 y el acercamiento de presos durante su mandato. Alaba el apoyo y la fortaleza de Botella en esos momentos.

Fotografía facilitada por FAES, de su presidente y expresidente del Gobierno, José María Aznar, en Washington.
Fotografía facilitada por FAES, de su presidente y expresidente del Gobierno, José María Aznar, en Washington. EFE

El expresidente del Gobierno José María Aznar asegura en sus memorias que la decisión más difícil que ha tomado en su vida fue mantener su compromiso de no presentarse a un tercer mandato y señala que la elección de Mariano Rajoy como su sucesor fue por el interés de España. La Agencia Efe ha tenido acceso a varios extractos de "Memorias I" (Planeta), que se presentará el próximo 26 de noviembre en Madrid, es el primer volumen de las memorias de Aznar, en el que explica algunas de sus decisiones más controvertidas durante sus ocho años de Gobierno (1996-2004).

Aznar a Rajoy: "Eres la persona adecuada"

En uno de los capítulos explica que contó con la oposición de muchos dentro y fuera de España y que algunos le pidieron que reconsiderase su postura, como Jacques Chirac, Bill Clinton, Tony Blair, George Bush o Vladimir Putin. En España, fue Manuel Fraga quien le expresó su más fuerte oposición, las víctimas de ETA también le pusieron objeciones e, incluso, Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo le trasladaron su criterio en contra de una retirada que consideraban "prematura".

Pero la decisión estaba tomada -el nombre de Mariano Rajoy estaba escrito en su cuaderno azul en noviembre de 2002- y el 29 de agosto de 2003 le citó en su despacho. Rajoy le dijo: "Presidente, prefiero que no me digas lo que intuyo que me vas a decir" y, a continuación, le agradeció que le hubiera hecho cinco veces ministro y vicepresidente del Gobierno, y Aznar cuenta que le contestó: 'Gracias, pero te lo voy a decir. Creo que tú eres la persona adecuada'. "Fue una decisión, explica Aznar en el libro, que tomó con un único criterio: "El interés de España" y que no desveló a nadie, aunque tuvo una ocasión para hacerlo. A los otros dos candidatos, Rodrigo Rato y Jaime Mayor Oreja, les expresó su aprecio y gratitud y les transmitió que en su decisión no pensó en nada más que en intentar servir al interés general de España.

Distanciamiento de Rato

Aznar dedica parte de este prólogo a su relación y posterior distanciamiento con Rato y así relata episodios de amistad entre ambos y cómo éste le pidió durante un viaje en las navidades de 2000 que reconsidera su decisión de no presentarse y después le planteó objeciones concretas a su candidatura para sucederle. Sin embargo, en el verano de 2003 Rato le anunció que había cambiado de opinión y que ahora sí quería ser el candidato del PP a las elecciones previstas para marzo de 2004. "'Tu me has dicho dos veces que no'. Y él respondió: 'Pero ahora te digo que sí'. No le contesté nada. Sólo tomé nota", explica Aznar, quien añade que el día que les anunció que el sucesor sería Rajoy quiso tener un gesto de deferencia hacia Rato y éste le volvió a decir: "Pues ahora hubiese querido".

La designación de Rajoy obligó a Rato a reflexionar sobre su futuro y a rehacer sus planes, centrando todos sus esfuerzos en el FMI, un puesto para el que Aznar pidió ayuda para respaldar la candidatura de su amigo a Bush, Chirac, Blair y Gerhard Schroeder. "Quizás por eso me costó comprender la posterior reacción de Rodrigo. Yo era consciente de su decepción ante el desenlace de la sucesión y sabía que, después de tantos años de amistad, nuestra relación ya no sería la misma. Sin embargo, no esperaba que Rodrigo pusiese una distancia tan grande desde tan pronto", añade. Explica que la constatación de que se había abierto una "brecha" fue con motivo de la primera visita que Rato realizó a España como director gerente del FMI y en la que citó a una amplia representación del mundo político y económico español. "A mi no me llamó", lamenta el expresidente del Gobierno. "Si hubiese pensado que Rato iba a administrar mejor el desafío del nacionalismo, lo habría propuesto", matiza.

Amenaza de ETA

En otro de los capítulos, Aznar afirma que la estrategia de amenaza de ETA contra el PP puso la capacidad de resistencia del partido "al límite" y para él fue una "prueba política y personal muy dura", aunque siempre estuvo seguro de perseverar en la firmeza democrática. En el texo cita los asesinatos de Miguel Ángel Blanco, José Luis Caso, José Ignacio Iruretagoyena, Alberto Jiménez-Becerril y su mujer, Ascensión García Ortiz, Tomás Caballero y Manuel Zamarreño. Recuerda que asistió a todos los funerales acompañado por su esposa, Ana Botella, y que su apoyo y su fortaleza le ayudaron mucho en aquellos momentos tan duros.

"Ningún representante político del PP se sentía a salvo" y el objetivo de ETA era someter al Gobierno a una "presión insoportable para que doblase la rodilla y accediese a negociar", recuerda el exjefe del Gobierno, quien destaca que la estrategia no funcionó. Dice que hubo momentos especialmente dramáticos y, en concreto, se refiere al asesinato de Manuel Zamarreño, concejal del PP en Rentería, una imagen "cruel y humillante" que "destrozó la moral" de muchos cargos populares que no pudieron soportar la presión.

Relación con el PNV

Dedica algunas páginas a la relación del PP con el PNV, un distanciamiento que se acentuó en los meses siguientes a 1998 y que cada vez era "más competitiva en términos políticos y electorales". Señala que "con la excusa del fracaso del Plan Ardanza", el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, puso en marcha una estrategia de convergencia con el mundo de ETA con el objetivo de formar un frente nacionalista para avanzar hacia la "construcción nacional". El principal instrumento de esa estrategia fue la tregua que ETA declaró el 16 de septiembre de 1998, un mes antes de las elecciones. Aznar asegura que ya en mayo le habían llegado "ondas" de que algo estaba pasando en las relaciones entre el PNV y el mundo de ETA. "Insistí varias veces, pero nadie vio la envergadura de la operación que estaba en marcha", añade.

El gran reto del Gobierno fue "administrar" la situación creada por la tregua

"Sabíamos que el PNV no quería una ETA derrotada porque temía que esa derrota pudiera debilitar al nacionalismo y acabar con su relato del conflicto secular entre España y los vascos", añade. La tregua no era "fruto de una negociación entre los terroristas y el Estado" sino el "instrumento de un acuerdo entre nacionalistas con objetivos que iban completamente en contra de la legalidad: ruptura del marco estatutario y constitucional, independencia, Navarra, impunidad y exclusión de los no nacionalistas".

Apunta que el gran reto del Gobierno en aquellos meses fue "administrar" la situación creada por la tregua, rechazando cualquier intento de "internacionalizarla" y manteniendo informados a los españoles de lo que ocurría. Por eso anunció -afirma- que había autorizado contactos con el MLNV (movimiento de liberación nacional vasco). "Algunos interpretaron esa mención al MLNV como una rendición dialéctica, cuando ésa es la denominación que recibe el complejo político y social dirigido por ETA", argumenta. "Al utilizar esas siglas, yo estaba haciendo público que el Gobierno se iba a reunir con ETA y también con representantes de su partido político", admite.

Reunión con ETA

El 11 de diciembre de 1998 tuvo lugar un encuentro entre miembros de Euskal Herritarrok y tres personas en representación del Gobierno: el secretario de Estado de Seguridad, Ricardo Martí Fluxá, Javier Zarzalejos y Pedro Arriola. Los portavoces de la antigua Herri Batasuna, recuerda Aznar, dijeron que ellos "eran políticos y que sólo estaban ahí para hablar de política" y que si la intención "era hablar del cese de la violencia, que habláramos con ETA", así que la reunión no fue a más.

El Gobierno mantuvo una única reunión con ETA

"La presión para que hiciéramos cambios en la política penitenciaria fue en aumento. Todos los grupos políticos, también los socialistas, reclamaban al Gobierno que acercara presos terroristas al País Vasco", agrega. Sin mayoría absoluta y con el marco legal penitenciario "todavía muy laxo", no se pudo modificar hasta la legislatura siguiente. Reconoce que estaba dispuesto a tomar decisiones en el ámbito penitenciario con condiciones: mantener la política de dispersión y sin concentración de terroristas en unas pocas cárceles.

Con el respaldo de una resolución parlamentaria aprobada por unanimidad el 10 de noviembre de 1998, se produjeron los primeros traslados a la península de los presos de ETA que estaban en Canarias y en Ceuta y Melilla y, unos meses después, otros. "Fueron decisiones tasadas, públicas y reversibles, que ETA desdeñó porque no era lo que buscaba. Nosotros sabíamos que ETA no había renunciado ni a sus fines ni a sus medios", explica.

Aznar afirma que su Gobierno mantuvo una única reunión con la dirección de ETA. Fue en Suiza el 19 de mayo de 1999 y se trataba de comprobar si la tregua era o no un cese definitivo de la violencia. "Para eso la autoricé y para nada más. El encuentro no formó parte de ninguna negociación ni en él se negoció nada", añade.


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