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Juez Castro y fiscal Horrach: de cómplices en el tribunal a enfrentados en los tribunales

El fiscal Pedro Horrach aterrizó en la fiscalía de Palma en el año 2006, proveniente de la fiscalía de menores. Durante años compartió café y sumarios con el juez de instrucción número 3 de aquel tribunal, José Castro. Pero como en muchas historias de buenos amigos, una mujer se interpuso entre ellos: la infanta Cristina. 

El juez Castro y el fiscal, Pedro Horrach, toman café frente a los juzgados de Palma
El juez Castro y el fiscal, Pedro Horrach, toman café frente a los juzgados de Palma

El fiscal Pedro Horrach aterrizó en la fiscalía de Palma en el año 2006, proveniente de la fiscalía de menores. Durante años compartió café, gin-tonics y sumarios con el juez de instrucción número 3 de aquel tribunal, José Castro. Pero como en muchas historias de buenos amigos, entre ellos se interpuso una mujer: la infanta Cristina. 

Sus despachos están separados por 300 metros en el centro de Palma y eso les permitió compartir confidencias y estrategias judiciales durante muchos años. Han sido estrechos colaboradores y eso hace todavía más duros los ataques cruzados. Las personas de su entorno recuerdan haber visto a Horrach y su esposa compartir mesa y copas con el juez.  Pero esos 300 metros son ahora una distancia insalvable que sólo sirve para subrayar las diferencias entre quienes ya no tienen nada en común.

Horrach cree que las acusaciones vertidas sobre la infanta son "inocuas a efectos penales"

José Castro tiene 68 años y emigró a Palma desde Córdoba, donde nació, hasta convertirse en juez en 1976. Pedro Horrach pertenece a otra generación. Tiene 47 años y ha ejercido siempre en su Mallorca natal. Ocupa allí una plaza en la fiscalía desde 1992 y lleva 8 años en el tribunal de Castro. Ninguno de los dos tiene filiación judicial en las asociaciones de derecha o izquierda y, hasta ahora, los dos habían compartido un estilo contundente en el ejercicio del derecho. Pero esos parecidos sólo sirvieron para acentuar aún más sus diferencias hasta estallar en un contundente choque el día 8 de febrero de 2014, el día del interrogatorio a la infanta, cuando Castro llegó a apercibir a Horrach en público: “No le consiento que reinterprete mis preguntas. No ponga en mi boca palabras que yo no he dicho”, exhortó el juez.  

Sus residencias subrayan también el contraste entre ambos. El juez vive a diez minutos del juzgado en el Molinar, una zona de pescadores de Palma, y se desplaza en moto o a pie al tribunal. El fiscal vive en un ático en Son Espanyolet, la parte alta de la ciudad. Sus modos de vida son distantes y, aunque compartieron amistades, sus círculos se han separado también los últimos meses.

Y también en sus aficiones son totalmente opuestos. El magistrado es amante de los toros, en los que ha sido fotografiado a pie de callejón en la plaza del pueblo de Muro. En la misma semana, el representante del Ministerio Público asistía a la fiesta celebrada en el museo de arte contemporáneo Es Baluard, en la capital.

Las diferencias personales y judiciales

Todas esas diferencias personales habían sido, sin embargo, pasadas por alto incluso cuando el juez aportó en 2009 las investigaciones de la fiscalía en torno al caso Palma Arena que salpicaba al president balear, Jaume Matas. Horrach se enfrentó entonces a sus superiores y fue respaldado por un juez que siguió dirigiendo la investigación con su apoyo hasta un año más tarde. En 2010, una de las 27 piezas separadas que surgieron de aquella macro-investigación hizo saltar por los aires su amistad. Castro decidió investigar el desvío de fondos públicos al instituto Noos que dirigía Iñaki Urdangarín.

El curso de esa investigación salpicó a la hija de Juan Carlos I y hermana del nuevo rey, Felipe VI, la infanta Cristina de Borbón y Grecia. Y con ese nombre en la causa, se produjo un choque procesal que se ha concretado en tres grandes ejes:

  • Los contactos y relaciones institucionales: El juez se ha negado a despachar la marcha del sumario y ha llegado a chocar con su tribunal superior, la Audiencia Provincial, que archivó los delitos de tráfico de influencias o prevaricación de los que pretendía acusar a la hermana del rey. El fiscal, por contra, ha mantenido reuniones permanentes con la Fiscalía General del Estado siguiendo el carácter jerárquico de su institución y con la Abogacía del Estado con la que ha coordinado actuaciones. Sus encuentros han sido tales, que las partes llegaron a denunciar un pacto con los inspectores de Hacienda previo a su interrogatorio en la sala.
  • La valoración de las pruebas: La firma de la infanta aparece en 9 años de contabilidad de Aizoon, la empresa que Urdangarín utilizó para captar fondos de forma irregular. La rúbrica de la propietaria del 50% de esa firma y los ingresos y gastos que visó simbolizan la diferencia central entre ambos a la hora de repartir culpabilidades. El juez cree imposible la teoría del amor que los abogados de la infanta desplegaron como defensa. Horrach argumenta que u mientras que Horrach argumenta que Castro atribuye a la infanta una "ignorancia deliberada" para "perseguir conductas atípicas constituye un recurso 'taimado'" y añalde que las acusaciones vertidas sobre doña Cristina son "inocuas a efectos penales".
  • Las estrategias públicas y mediáticas: Castro se ha negado a conceder entrevistas y aunque ha heho escuetas declaraciones a la entrada de su despacho y ha despachado con periodistas, ha sido siempre con el compromiso del off-the-record. Su única entrevista la concedió a la revista escolar de un colegio de Palma. Horrach, por el contrario, ha hablado con Televisión Española para criticar la actuación judicial. Sus declaraciones fueron cuestionadas a nivel institucional casi tanto como la colaboración de la televisión pública. Más tarde, concedió una entrevista a Vanity Fair. Incluso la publicación de sus declaraciones ha dejado zonas de duda en lo institucional. Sus últimos ataques al magistrado han sido redactados en el recurso para que se exculpara a la infanta y han provocado que las asociaciones de jueces pidan amparo para Castro ante el CGPJ.

Sus destinos parecen definitivamente separados, hasta el punto de que ni siquiera han coincidido ya en la entrega de escritos. Todas las alegaciones que la fiscalía había aportado a lo largo del proceso han sido entregadas en mano por la fiscalía al juez Castro, incluso en los momentos de mayor tensión. Sin embargo, el pasado jueves día 26, Horrach esquivaba al juez y le daba a Teresa, la secretaria judicial, un recurso de apelación en el que no sólo pedía la exculpación de la infanta sino que llegaba a insinuar que el juez había prevaricado. Castro respondía desafiándolo a que le denunciara. De momento, nadie ha dado ese paso pero la historia de Castro y Horrach va camino de haber comenzado en un tribunal y de terminar en los tribunales.  


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