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Los viejos rockeros del felipismo nunca mueren: González, Garzón y Bono siguen en primera línea

Veinte años después del final de una época marcada por la corrupción, persisten los mismos viejos protagonistas. Hasta Roldán reaparece merced a un libro sobre su vida.

Cuando uno observa la vida pública de este convulso 2015, parece estar viviendo en 1995. Eran aquellos tiempos de corrupción rampante en la agonía del felipismo. Veinte años después, algunos de los personajes centrales de aquella etapa con un final marcado por la corrupción siguen en las primeras páginas de los periódicos, como si se resistieran a huir de los focos. Así, el incombustible José Bono, el exjuez Baltasar Garzón y, cómo no, el propio Felipe González permanecen en primera línea. Incluso, algunos se ponen a escribir libros para rememorar su pasado. Ahí tienen, por ejemplo, a Luis Roldán, condenado por robar a los contribuyentes... desde la Dirección General de la Guardia Civil.

El exministro de Defensa cuenta ahora su propia experiencia en los años que ocupaba La Moncloa el presidente Zapatero –quien también se resiste a su condición de jarrón chino

Los ciudadanos que busquen libros durante esta Semana Santa se toparán en sus librerías con una novela sobre la vida y milagros de Roldán escrita por Fernando Sánchez Dragó, el segundo tomo de las memorias de Bono y, por último, un libro sobre corruptelas que presenta estos días el inefable Garzón. Rabiosa actualidad. Como ya les hemos contado en este diario, el expresidente del Congreso y exministro de Defensa cuenta ahora su propia experiencia en los años que ocupaba La Moncloa el presidente José Luis Rodríguez Zapatero –quien también se resiste a su condición de jarrón chino-. Entre libro y libro, Bono también tiene tiempo para seguir en la política, con sus típicas operaciones para mantenerse como perejil de todas las salsas. 

Aquel 1993 electoral

Si uno hace memoria recordará que fue precisamente José Bono quien medió con González antes de la campaña electoral de 1993 para llevar al PSOE a Garzón. Y ahora, oh casualidad, este último nos deleita con una obra sobre la corrupción durante cuarenta años que está plagada de multitud de datos minuciosos, sí, pero también de ciertos olvidos del interesado. La visión de Garzón sobre las corruptelas tiene la ventaja de que ha sido uno de sus protagonistas, siempre como investigador de las mismas, naturalmente. El inconveniente principal, en cambio, es que se trata de una visión un tanto parcial de los hechos que cuenta.

¿Se acuerdan ustedes del inexistente capitán Khan o, mejor todavía, del espía Francisco Paesa, sí, ese que llegó a fingir su muerte y publicar su esquela en El País?

Otro de los personajes principales de aquellos maravillosos años felipistas fue el exdirector de la Guardia Civil Luis Roldán. ¿Se acuerdan ustedes de aquel inexistente capitán Khan o, mejor todavía, del espía Francisco Paesa, sí, ese que llegó a fingir su muerte y publicar su esquela en El País? En aquel último Gobierno de González ahí estaba otro viejo rockero de la política llamado Alfredo Pérez Rubalcaba, que hoy vive en su despacho de la Universidad Complutense, pero con línea directa con la calle Ferraz, para que los jovenzuelos que encabeza Pedro Sánchez no se desmanden.

González, más que presente

Por último, claro está, está el jefe del cotarro del PSOE, en 1995 y parece que también en 2015, el inconmensurable Felipe González, hombre en cuya presidencia se batieron todos los récords de corrupción, incluido, cómo olvidarlo, el crimen de Estado de los GAL. El bueno de Felipe siempre nos sorprende, sea con una entrevista en la que deja claro que posee mucha información sobre el partido, sea con su anuncio de irse a luchar por la libertad en Venezuela o sea con ciertas intenciones para el futuro de España.

Sin quitarse el barniz de estadista que siempre le acompaña, el exjefe del Ejecutivo alecciona a unos y otros día tras día, como si fuera un dechado de virtudes que no cometió error alguno en su gestión. Aunque, eso sí, no faltan quienes recuerdan de vez en cuando asuntos turbios como el caso Filesa, las escuchas del Cesid, el caso Ibercorp o el citado tema del terrorismo de Estado contra ETA que nació, se desarrolló y murió durante el mandato de González. Como se recordará, el propio Garzón investigó sobremanera ese asunto después de abandonar, en 1994, el Ejecutivo del PSOE.  

En todo caso, quienes no conozcan la historia política reciente de España tienen ahora la oportunidad de aprenderla porque ahí siguen, como los vetustos dinosaurios que siempre permanecen, los González, Roldán, Bono y Garzón, como testigos y protagonistas al mismo tiempo. Nos referimos, claro está, a una historia más bien oscura, jalonada por numerosos casos de corruptelas que indefectiblemente entroncan con la actualidad de este 2015.


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