El ministro del Interior, desplazado en la expedición a la beatificación de Pablo VI

Margallo se la devuelve al pío Fernández Díaz borrándole de la comitiva al Vaticano

Sorda pelea entre dos de los ministros más próximos a Rajoy. Margallo se ha tomado su tiempo pero se la ha devuelto al minsitro del Interior. Una bofetada donde más duele. En el Vaticano.

El plato de la venganza esta vez se ha servido templado. Apenas un mes ha esperado García-Margallo para devolverle la bofetada a su compañero de Gabinete, Fernández Díaz. Y le ha dado en su flanco más frágil y sensible. El ministro del Interior no ha sido incluido en la comitiva oficial para asistir en el Vaticano a los actos de beatificación del Papa Pablo VI.

Un ministro de profundas convicciones

Es sabido que Fernández Díaz pasa por ser uno de los miembros del Ejecutivo de más profundas convicciones religiosas. Sus vínculos con los representantes de la Iglesia española son estrechos y firmes. Su presencia en la Plaza de San Pedro es inexcusable en cualquier acto relacionado con la España oficial. Su dedicación a los preparativos para el Año de Santa Teresa, que acaba de arrancar, es absoluta.

De ahí lo implacable de la 'venganza' que le ha dedicado el titular de Exteriores, ahora muy reforzado tras conseguir un sillón no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. A la hora de elaborar la comitiva oficial española a los actos de la Plaza de San Pedro, Margallo borró a su colega de la lista, según fuentes próximas a Interior. No se le iba a incluir. Una decisión implacable que Fernández Díaz recibió como una estruendosa bofetada. Ha removido todas sus influencias tanto vaticanas, como episcopales e incluso se asegura que ha solicitado la intercesión del presidente del Gobierno. De momento no lo ha conseguido. Fuentes diplomáticas españolas en Roma comentaron días atrás que no constaba su presencia entre los invitados a la tribuna oficial. "Pero es posible que aún haya modificaciones", explicaron.

Cataluña, telón de fondo

El origen de la disputa se remonta a mediados de septiembre cuando el incontinente García-Margallo incurrió en una aseveración que provocó enorme polémica. Preguntado en un desayuno informativo si el Gobierno se planteaba recurrir al artículo 155 de la Constitución en el caso de que Mas se mantuviera en sus trece de sacar adelante su proyecto plebiscitario, respondió que "el Gobierno utilizará todos los medios a su alcance para evitar un referéndum de secesión". Y añadió que su afirmación incluía "todo lo que haya que incluir para que el referéndum no se celebre". El artículo 155 se ha convertido en asunto tabú. No se puede mencionar. Alto voltaje. 'Warning'.  Por eso sus palabras fueron respondidas con críticas feroces por parte de los nacionalistas. El responsable de la diplomacia española, una vez más, había mostrado su escasa habilidad diplomática en asunto tan delicado.

El ministro del Interior, que se encontraba en Washington en una reunión de la OTAN, saltó raudo al quite, paa aplacar la tormenta del Este peninsular. Compareció ante los medios para subrayar que nunca había escuchado al presidente del Gobierno referirse al mentado artículo, lo que es radicalmente cierto, y también insistió en que el Gobierno no se había planteado esa posibilidad.

Desautorización y desmentido

En el despacho supremo del Palacio de Santa Cruz se recibieron esas palabras como un desmentido en toda regla y, peor aún, como una desautorización. Fue entonces cuando Margallo empezó a mascar su venganza. Y la encontró en un acontecimiento tan especial como es la beatificación de Pablo VI. Fernández Díaz pretendía acudir. Pero Margallo le paró los pies, le borró del listado de la comitiva y paladeó su venganza como una victoria. Luego se han sucedido maniobras y gestiones para intentar levantar ese veto con el fin de incorporarlo a la lista. Una patada en la espinilla entre ministros, una disputa casi de patio de colegio.


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