Análisis

El 'molt honorable', el gran defraudador, el gran impostor

Treinta y cuatro años y tres amnistías fiscales después, Jordi Pujol i Soley, presidente de la Generalitat durante dos décadas, ha reconocido a través de una misiva que "no encontró el momento oportuno" para declarar que su familia tenía cuentas sin declarar en el exterior.

La confesión efectuada por el 'capo' del clan de los Pujol y todopoderoso urdidor de una Cataluña inventada, saca a la luz, 'con mucho dolor', algo que se sabía desde hace meses y se sospechaba desde hace años. Un informe de la UDEF (Unidad de Delicuencia Económica y Fiscal de la Policía Judicial) había revelado la localización de cuentas de la familia Pujol en Suiza. Cuando el diario 'El Mundo' publicó la noticia, Pujol corrió raudo a Antena 3 para espetarle a Susana Griso aquella frase que ya ha pasado a los anales: "¿Y qué coño es la UDEF?". Acto seguido se querelló contra el diario que había publicado la noticia. Y tachó la novedad de "una campaña de desprestigio" contra él y contra su familia. Pero la gran mentira tenía las patas muy cortas.

Silencio sobre la cantidad defraudada

Ahora, el Molt Honorable, ha aprovechado el atardecer de un viernes estival para efectuar un pliego de descargo en el que no facilita información alguna sobre el detalle de los fondos y la cantidad escamoteada al fisco, que puede ser de dimensiones colosales. Habla de una herencia de su padre dejada hace 34 años en favor de su esposa y de sus hijos, y añade que no ha tenido tiempo de ponerse en paz con Hacienda a lo largo de tanto tiempo. Estaba construyendo, claro, la nación catalana que no se siente querida por España. Luego, pide 'perdón' en el más puro estilo Borbón, que parece que hace escuela.

La tardía revelación de Pujol desenmascara lo que ha sido la Cataluña soberanista a lo largo de todos estos años. Mientras los dirigentes nacionalistas se llenaban la boca con el "España nos roba", su líder político y casi espiritual máximo estaba incurriendo en un presunto delito (a la espera de que conozcamos a cuánto asciende el pellizo) continuado a lo largo de años y años, sin que se le moviera un músculo (los tics son otro asunto) y sin que nadie a su alrededor osara señalarle con el dedo. El único que lo hizo fue Pasqual Maragall, cuando en plena sesión del Parlamento catalán le espetó a Artur Mas aquello del 'tres por ciento'. Y acto seguido, tras ser amenzado por su interlocutor con que no saldría adelante su proyecto de Estatut, calló la boca para siempre. En la Cataluña pujolista, la clase política se tapa las vergüenzas sin vergüenza.

Vísperas de la visita de Mas

Esta revelación de Jordi Pujol, que ha sacudido a Cataluña y ha hecho temblar a su clase política, coincide curiosamente en el tiempo con la elección de Josep Rull como hombre fuerte de Convergencia en sustitución de Oriol Pujol, el hijo del expresidente, implicado en un asunto de corrupción con las ITV. También se produce a escasos cinco días de que Artur Mas viaje a Madrid para reclamarle a Mariano Rajoy seguramente más financiación y algún gesto conciliador hacia la Cataluña soberanista.

Tras esta confesión de 'Ubú President', el personaje con el que Boadella retrató jocosa y certeramentemente al expresidente de la Generalitat, es evidente que el proceso de independencia puesto en marcha hace dos años, queda tocado del ala. O prácticamente muerto. No es muy razonable tener a un defraudador como inspirador máximo de una idea con la que ha hipnotizado a todo un pueblo durante tantos años. De no ser así, la por tantas cosas ejemplar Cataluña demostraría estar más enferma de lo que se piensa.

El clan de los Pujol está señalado y perseguido por el escándalo y la corrupción. Desde el 'caso Banca Catalana' hasta nuestros días. Pero el nacionalismo tiene la prodigiosa cualidad de que todo vale si uno se envuelve en la bandera, en la senyera en este caso. Entonces, cualquier delito se convierte en una agresión al pueblo de Cataluña, en una campaña de hostigamiento, en una muestra de hostilidad. El gran tamposo se convierte en un mártir de la causa.

Los hijos de la 'patria catalana'

Hubo quien pretendió adivinar espúreos intereses políticos en el informe de la policía sobre los fondos ocultos de los Pujol. La verdad, al menos en este caso, ha salido a la luz. Es un golpe muy duro y quizás definitivo contra los impulsores de la idea de una Cataluña oprimida y saqueada por Madrid. Porque los jaleadores de la 'patria catalana' son los hijos políticos e ideológicos del gran defraudador, de alguien que reconoce haber estado incurriendo en un hecho delictivo a lo largo de más de treinta años. ¿Con qué cara van a seguir en sus reclamaciones intempestivas, vehementes y agresivas estos herederos del gran falsario?

La carta de Pujol ha de entrañar, indefectiblemente, un vuelco definitivo en el desarrollo de los acontecimientos del mayor problema que actualmente tiene planteado nuestro país. Por más que el nacionalismo se abrace al sentimiento e ignore la razón, resultará ya imposible hacer abstracción de este apestoso asunto como si nada hubiera pasado. ¿O es que en la próxima Diada van a salir dos millones de catalanes a la Diagonal de Barcelona a hacer la 'V' no de 'Victoria' sino de 'Víctima' en defensa de su gran conductor? Ese truco ya no cuela. La patraña del victimismo está tan desgastada como la honorabilidad de su expresident.

Pujol ha demostrado ser un consumado hipócrita. Las excusas de su misiva son tan torpes que mueven más que al escándalo, al rubor ajeno. Su labor, su tarea, su herencia, queda tocada del ala. Rajoy, evidentemente, respira. A Mas se le ha quedado cara de tonto y Junqueras no se sabe por dónde saldrá. "España nos roba", han escupido hasta la fatiga. Pues resulta que no. Resulta que quien se quedaba la pasta era otro. Y, casualmente, estaba en el Palacio de la Generalitat. Ya saben, 'un hombre de Estado' que condicionó con sus diputados en Madrid la política española a lo largo de varias legislaturas. Cayó el velo de la gran mentira. Los catalanes honestos, honrados y sensatos, sabrán estar a la altura. Y esperamos que la Justicia, también.


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