LA LUCHA CONTRA EL TERRORISMO INTERNACIONAL

Interior controla a 40 presos comunes musulmanes sospechosos de haber abrazado el yihadismo

Un reciente documento de Instituciones Penitenciarias alerta del elevado riesgo de radicalización de seguidores del Islam en las prisiones españolas. Elabora un nuevo manual con 34 'indicios' para que los funcionarios de prisiones descubran estos casos.

Imagen de la detención de un presunto yihadista en abril de 2013 en Zaragoza.
Imagen de la detención de un presunto yihadista en abril de 2013 en Zaragoza. EFE

El terrorismo islamista preocupa, y mucho, al Ministerio del Interior. Tanto, que el pasado viernes puso en marcha un nuevo programa para detectar y prevenir el radicalismo religioso en las cárceles españolas, donde hay ya 6.778 internos que profesan la religión musulmana. Según el documento confidencial de Instituciones Penitenciarias al que ha tenido acceso Vozpópuli, "en la actualidad, son objeto de especial observación y seguimiento 40 internos" encarcelados por delitos comunes y de los que se sospecha han dado ya el paso hacia el yihadismo dentro de las prisiones de nuestro país. El informe ha sido elaborado para actualizar las medidas que hasta ahora se aplicaban "para detectar e impedir eventuales procesos de captación y radicalización en el interior de los establecimientos penitenciarios". Para ello, los expertos de prisiones han elaborado una lista de 34 "indicios" para la pronta identificación de los reclusos que se han convertido en peligrosos extremistas religiosos.

El informe destaca que el 80% de los reclusos sospechosos de haberse radicalizado en prisión están encarcelados por delitos contra la propiedad, como robos

El documento de Prisiones sobre "actualización del programa de intervención con internos islamistas en centros penitenciarios" destaca que "en estos momentos, el terrorismo yihadista se ha convertido en una auténtica amenaza global para las democracias occidentales" y que esta "realidad testaruda" obliga a España y a "los países de nuestro entorno" a tomar medidas para evitar "la radicalización violenta germen de futuros terroristas". Un proceso que encuentra en las cárceles "un entorno propicio para procesos de captación por parte de internos radicales de personas proclives a la utilización de la violencia, así como para que algunos internos justifiquen su hostilidad contra los valores imperantes en los Estados democráticos".

Por ello, Instituciones Penitenciarias ha decidido poner al día las medidas de control que desde hace años aplicaba sobre determinados presos y que el nuevo documentos divide en "dos tipos". Por un lado "los internos procesados o condenados por su vinculación con el terrorismo islamista". Por otro, internos implicados en otros delitos "en los que se aprecien actitudes o conductas afines al integrismo radical". Entre estos últimos hace, a su vez, una subdivisión en la que destaca la presencia de "líderes radicales que ejercen de captadores o reclutadores", aquellos que colaboran con éstos y les dan apoyo, llegando a utilizar "la amenaza y la violencia contra otros internos en su labor de apoyo a la captación". Y, por último, los "internos musulmanes que por su personalidad pueden ser manipulados y radicalizados".

1.500 internos bajo control

Es en la prevención de este último proceso en el Interior quiere centrar el esfuerzo de los funcionarios de prisiones. De hecho, el informe destaca que desde que se puso en marcha en su día la primera versión del programa de control "han sido objeto de estudio más de 1.500 internos musulmanes no ingresados por delitos de terrorismo, cuyo comportamiento en prisión, en algún momento, se ajustaba a alguno de los indicadores" que detalla el manual. Un proceso de control que en la actualidad se concreta en 40 internos, de los que destaca que la mayoría son originarios de Marruecos (hay 4.829 presos de esta nacionalidad en España) y Argelia (550). "Si se tienen en cuenta las características de sus delitos, el 80% son de motivación económica {en referencia a delitos contra la propiedad, como robos] y el 20% restante de carácter violento".

La mayoría de internos que muestran signos de radicalización son marroquíes. En la actualidad hay 4.829 presos de esta nacionalidad en cárceles españolas

Interior asegura que esta radicalización en las cárceles se potencia en España tanto por la "alta concentración de internos musulmanes procedentes del Magreb y Marruecos" como por "la tolerancia y permisividad en las cárceles españolas, consecuencia de interpretaciones flexibles de la libertad religiosa y su plasmación en la legislación penitenciaria" que, en su opinión, "propician el desarrollo del proselitismo". Además, considera que también influye que en los mensajes de los yihadistas aparezcan como "reivindicaciones históricas" reclamaciones territoriales sobe Al Andalus "mediante la anhelada recuperación del Califato de Córdoba, y de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla".

Por todo ello, Instituciones Penitencias ha procedido a actualizar la relación de "indicios de radicalización en el medio penitenciario" para detectar estos procesos que "no resulta fácil" de descubrir. Por ello detalla hasta 34 de estos 'síntomas' que divide en "generales", "de apariencia física y organización de la celda", "de comportamiento social y rutina cotidiana", de "actitud con sus familiares" y de "interés por los textos y libros religiosos". Así, entre los primeros, alerta que los presos que entran en estos procesos de extremismo religioso "comienzan procesos intensos de práctica religiosa individual, asumiendo de forma rigurosa y estricta el cumplimiento de las pautas, ritos y comportamientos de la religión musulmana, pese a que antes no eran practicantes o su apego a la religión era escaso". En este sentido, destaca que dejan de ver la televisión, oír música y fumar al considerarlos "elementos impuros".

Pelo corto, bigote rasurado, barba larga

También detalla que estos presos "manifiestan críticas victimistas de la marginación y opresión que dicen sufrir provenientes de Occidente", "demuestran interés por testimonios" de actividades terroristas, y comienzan a prestar atención a su preparación física, "el culto al cuerpo", para "desarrollar destrezas y técnicas que pueden ser más tarde utilizadas en su lucha". También es habitual que empiecen a participar "en actividades tendentes al aumento de la cohesión del grupo" con charlas sobre religión o la actualidad del mundo musulmán, y busquen ocasiones "para promover la oración colectiva" y alejar a los otros internos de los imanes que no profesan su radicalismo religioso.

El informe detalla 34 "indicios" de radicalización de los presos musulmanes que incluyen desde detalles sobre su aspecto externo a su actitud con los familiares que les visitan

Respecto a la apariencia externa, estos reclusos comienzan a llevar "el pelo corto, el bigote rasurado y la barba larga", además de presentar "señal en la frente" fruto de los rezos. También "utilizan ropa específica limpia para el rezo" y pasan a utilizar "indumentaria tradicional árabe" en el día a día "con pantalones por encima de los tobillos". En este sentido, cuando practican deporte, evitan el uso de pantalón corto. Respecto a sus celdas, comienzan a mantenerlas "limpias y ordenadas" y pasan a poseer una alfombra para rezar "que doblan y guardan de forma cuidadosa en lugar adecuado". Incluso usan "útiles para el rezo que purifican" y colocan "textos, mensajes, normalmente extraídos del Corán, utilizando caligrafías islámicas". No es extraño tampoco que posean "uno o varios ejemplares del Corán que sitúan en lugar preeminente y protegido", que evitan "que los funcionarios u otros reclusos no musulmanes (infieles) puedan tocarlo".

Así mismo, el informe resalta que estos presos que están dando el paso hacia el radicalismo "manejan libros y publicaciones religiosas con tendencia ‘wahadista’ [interpretación rigorista del Corán]" y en sus celdas "pueden aparecer textos, fotografías y carteles de apoyo a grupos o líderes extremistas". También suelen tener "audios con cánticos y discursos religiosos de tendencias extremistas" y sus ayunos no se limitan al Ramadán. En sus relojes suelen sonar cinco veces al día las alarmas específicas para las horas de rezo y se pasan a la dieta vegetariana "al no fiarse de que la comida adaptada para los musulmanes haya sido sacrificada conforme a sus ritos o no se haya contaminado con grasa de cerdo con el instrumental utilizado para cocinar o en el reparto de la misma". Incluso "exigen con vehemencia que su comida sea confeccionada y repartida por creyentes musulmanes".

Amenazas verbales y físicas

Respecto a la rutina cotidiana, estos presos "aumentan su aislamiento voluntario respecto de los internos no musulmanes", "juzgan el comportamiento de otros musulmanes" y comienzan a mostrar "sentimientos de superioridad" respeto a otros creyentes que consideran laxos en sus costumbres. Incluso, "amenazan, menosprecian, atacan verbal e, incluso, físicamente al resto de musulmanes" a los que llegan a imponer "la participación en las prácticas religiosas y en sus rituales". También "verbalizan y expresan conflictos con el personal femenino" de los centros penitenciarios donde están recluidos. Las órdenes que proceden de ellas las "ignoran y desobedecen".

Estos presos suelen hacerse vegetarianos porque no se fían de que la comida para musulmanes que sirven en las cárceles haya sido sacrificada conforme a sus ritos

Respecto a sus familiares, en sus visitas o comunicaciones les instan a practicar el rezo, invitan a éstos a enviar a los menores a las escuelas coránicas y a los adultos a acudir a la mezquita. También "obligan a sus familiares a recitar y escuchar el saludo musulmán en sus comunicaciones" y "expresan su deseo de que sus esposas no trabajen y no salgan solas a la calle". Además, "en sus conversaciones, reiteran sus críticas a Occidente y su cultura".

Por último, estos internos radicalizados "buscan en los medios de comunicación información, mensajes y contenidos referidos al islamismo radical, la violencia terrorista, armas, técnicas de combate y datos actualizados sobre los conflictos, guerras o atentados". Además, "en sus cartas y en sus conversaciones insisten en la degradación moral y la decadencia de Occidente" y acusan a los medios de comunicación de "manipulación [...] por dar una imagen negativa del Islam y de los musulmanes". Por último, el documento destaca que es habitual que realicen "comentarios victimistas 'sobre la marginación de los musulmanes en el mundo".


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