Los gabinetes de ambos gobiernos cierran la agenda que abordarán los dos presidentes

Rajoy ultima una reunión con Urkullu para exhibir la diferencia entre el nacionalismo dialogante y el complot soberanista de Mas

El lendakari ha solicitado en dos ocasiones reunirse con Mariano Rajoy en La Moncloa y el presidente va a aprovechar la oportunidad para mostrar la diferencia que separa la “normalidad institucional” que facilita un nacionalismo moderado y las consecuencias de un pulso al Estado como el que mantiene Artur Mas en Cataluña.

Hay varios ministerios trabajando desde primeros de mes en la agenda de asuntos que abordarán en breve Mariano Rajoy e Íñigo Urkullu en La Moncloa. Por una parte, existen transferencias pendientes al País Vasco que el lendakari quiere activar, algunas de ellas previstas en el Estatuto de autonomía y otras no, y, por otra, también está sin cerrar la liquidación pendiente del Cupo, así como la financiación de varias obras de infraestructura. Pero, por encima de todo, la importancia que en La Moncloa se concede a este encuentro tiene un cariz altamente político, teniendo en cuenta lo que acontece en Cataluña. Al Gobierno le viene bien acentuar públicamente las diferencias que median entre un “nacionalismo dialogante” que facilita la “normalidad institucional”, como el vasco, y un nacionalismo echado al monte, como el catalán, inmerso en un proceso soberanista de incierto desenlace.

En La Moncloa se acentúa la "normalidad institucional" que facilita un nacionalismo abierto como el del PNV

Urkullu, según fuentes del PNV, tiene también interés en que esta entrevista con el presidente sea pública ya que ve ciertas garantías de que no va a salir de La Moncloa de vacío. El hecho de que varios departamentos lleven tiempo preparando el encuentro en colaboración con el equipo del lendakari demuestra el provecho que ambos esperan de la entrevista. Cuando en las Navidades de 2012 Urkullu juró su cargo en Guernica, poco después hubo empresarios vascos que le recomendaron que no se subiera al carro del proceso secesionista catalán y velara, sobre todo, por el blindaje del Concierto económico en una apuesta prioritaria por la salida de la crisis. Estos empresarios tenían claro que, en un principio, la pulsión soberanista de CiU era “un problema de chequera”, ante la asfixia económica que el Gobierno de Mas heredó del tripartito presidido por José Montilla. La reivindicación del llamado ‘pacto fiscal’ –algún editor importante le recomendó a Mas que no lo llamara Concierto económico– derivó en lo que estamos conociendo estos días.

Nuevo "estatus político" para el País Vasco

Desde entonces, seguir este consejo no ha sido fácil para Urkullu debido a la presión de la izquierda abertzale, que gobierna plazas tan importantes como la Diputación de Guipúzcoa, con más de 4.000 millones de presupuesto, y a las decisiones con las que CiU y ERC han acompañado su desafío al Estado. A lo más que ha llegado Urkullu para contentar a su parroquia y demostrar que no vive en las nubes ha sido a vaticinar un “nuevo estatus político” para el País Vasco en el año 2020.

Mientras tanto, este año ha mantenido dos reuniones reservadas con Rajoy en las que ha abordado el fin de ETA y la situación económica en su comunidad. El pasado enero, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, formalizó con el Gobierno vasco la reforma del Concierto para permitir a las Haciendas forales recaudar siete nuevas figuras impositivas. La puesta al día del Concierto introdujo en el acuerdo la mayoría de los cambios tributarios registrados desde 2007, fecha de la penúltima actualización.

Pacto fiscal similar al Concierto económico

Solo consta una reunión pública entre Urkullu y Mas desde que el primero es lendakari. Se celebró en Vitoria el pasado mayo y en ella solo emitieron algunos titulares criticando la recentralización del Estado autonómico. Detrás de esta relación entre ambos nacionalismos, reconocen fuentes del PNV, subyacen las reservas suscitadas por CiU cuando decidió agitar la reivindicación de un ‘pacto fiscal’ similar al Concierto vasco, la misma que ahora abrazan también los socialistas catalanes con algunos matices para no despertar demasiadas controversias.

La relación de Mas y Urkullu nunca fue fluida y empeoró cuando el primero comenzó a reclamar el Concierto económico

La relación de Urkullu con Mas nunca ha sido fluida. El PNV ni siquiera envió el pasado jueves una delegación a la Diada de Cataluña, preocupado por la posibilidad de que su presencia fuera interpretada por Rajoy en clave de afrenta y que sufriera su imagen internacional. Su presidente, Andoni Ortuzar, sí formará parte, en cambio, de la delegación que su partido enviará a Edimburgo para seguir la celebración del referéndum escocés el próximo jueves.

Este desenganche del nacionalismo vasco de la senda emprendida por el nacionalismo catalán obedece también a algo mucho más elemental: el ‘plan Ibarretxe’ supuso una vacuna para el PNV y la forma en que Artur Mas ha decidido imitar, con sensibles diferencias, este proceso fracasado en compañía de Esquerra Republicana le parece al equipo de Urkullu sencillamente “lamentable”.


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