El PNV rechaza de plano la reforma constitucional que defiende el PSOE

Artur Mas consuma su divorcio con el nacionalismo vasco tras intentar arrastrarlo por la senda soberanista

La contumacia del presidente de la Generalitat en su apuesta soberanista no solo está sembrando la división interna en Convergencia y alentando el divorcio con Unió, sino que ha provocado tensiones sin precedentes con los nacionalistas vascos.

Iñigo Urkullu y Artur Mas, en el Congreso, durante la proclamación de Felipe VI.
Iñigo Urkullu y Artur Mas, en el Congreso, durante la proclamación de Felipe VI. EFE

El PNV ya sufrió su calvario con el Plan Ibarretxe y ahora observa con un profundo desdén la vía elegida por Artur Mas para hacer de Cataluña un país independiente. El divorcio entre los dos nacionalismos no solo se ha dejado notar en las relaciones personales entre el presidente de la Generalitat y el lendakari, Iñigo Urkullu, sino también en el trabajo del día a día en el Parlamento, donde CiU se verá condenada al ostracismo  cuando en la próxima legislatura el Gobierno que salga de las urnas empiece el baile de los pactos postelectorales. Si algo ha dejado claro el PNV tanto al PP como al PSOE es su disposición a fortalecer la estabilidad institucional.

El PNV ha trasladado al Gobierno su disposición a preservar la estabilidad institucional

Los nacionalistas vascos no solo han hecho saber a CiU que no se identifican lo más mínimo con el camino emprendido para desarrollar su apuesta soberanista sino que también han dado calabazas a Pedro Sánchez cuando su grupo ha buscado apoyos para avalar una reforma constitucional que ofrezca un nuevo encaje de Cataluña en España. Ni la ven oportuna ni tampoco como la vía más idónea para colmar las ambiciones de los catalanes, por varios motivos: no hay el consenso indispensable para que prospere ni tampoco garantiza que no resucite antiguos debates que ya se tuvieron al inicio de la Transición, en plena elaboración del texto constitucional de 1978.

Lo que fuentes del PNV comentan es que, en realidad, ni la actual dirección del PSOE ni siquiera el propio Gobierno le han garantizado al lendakari que una vez abierta la reforma constitucional se respete el Concierto económico vasco con las mismas reglas que viene funcionando desde que en 1981 comenzó a encauzar las relaciones financieras entre el Estado y la comunidad autónoma a partir de los derechos históricos de los territorios forales reconocidos en la Constitución y el Estatuto de Guernica.

Las mismas fuentes aseguran que en los dos últimos años han sido varios los intentos de Artur Mas de atraer al nacionalismo vasco a su causa. Hasta tal punto han llegado estas invitaciones que desde el PNV se le ha tenido que recordar a la Generalitat los aspectos de fondo que diferencian la situación catalana de la vasca y también la oposición que mantuvieron los nacionalistas catalanes hace 36 años a recaudar en Cataluña sus propios impuestos y a aceptar un sistema parecido al del Concierto económico.

El plantón del PNV en la Diada

La desvinculación del PNV del proceso soberanista catalán se ha ido consolidando por etapas y las señales han sido muy evidentes, pese a la forma en que ha querido disimularlo el Gobierno de Artur Mas. En la pasada Diada, los nacionalistas vascos prefirieron estar en Escocia para estudiar la evolución del referéndum que acabó con la carrera de Alex Salmond antes que comparecer en la demostración de Barcelona. Es un detalle que pasó casi desapercibido en Madrid, pero del que CiU tomó buena nota.

Lo que es evidente es que ni Iñigo Urkullu ni su partido parecen dispuestos a ser avalistas de un proceso soberanista que consideran, y en esto coinciden con Mariano Rajoy, condenado el fracaso. La contumacia de Mas en su apuesta soberanista no solo está sembrando la división interna en Convergencia y alentando el divorcio con Unió, sino que ha provocado tensiones sin precedentes entre los dos nacionalismos. Una circunstancia que también se observa con atención en La Moncloa, donde cada vez se tiene más claro que el presidente de la Generalitat acabará por estrellarse, al haberse metido en un callejón de cada vez más difícil salida que hace extremadamente complicado el ofrecimiento de cualquier tipo de ayuda. Algo en lo que también coincide alguien con las antenas tan bien instaladas en el entorno de Rajoy como es Josep Antoni Durán i Lleida.

Urkullu ha rechazado avalar el proceso soberanista catalán desde el País Vasco

Durán dirige en esta legislatura un grupo con 16 diputados y ya se ve venir que en la próxima menguarán su representación parlamentaria y no podrán ejercer de bisagra ni con el PP ni con el PSOE si para entonces Artur Mas prosigue con su aventura hacia no se sabe dónde. Este es un hueco que aspira a ocupar el PNV, ahora con cinco parlamentarios en la Carrera de San Jerónimo, y que puede serle muy rentable para satisfacer la prioridad del Gobierno vasco, que es la aceleración de la salida de la crisis.


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