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Educación en Cataluña: ni tan excelente ni tan igualitaria

El último informe Pisa destacaba las enormes desigualdades educativas entre los alumos autóctonos y los inmigrantes, por encima del resto de las Comunidades autónomas. La Generalitat “falseó” además la muestra para salir mejor parada en el ranking.

La consejera catalana, Irene Rigau y al fondo el ministro de Educación, José Ignacio Wert.
La consejera catalana, Irene Rigau y al fondo el ministro de Educación, José Ignacio Wert. EFE

La reforma educativa presentada por el ministro José Ignacio Wert ha vuelto a incendiar las relaciones con el Gobierno catalán a cuenta de la inmersión lingüística, que han considerado atacada como en los peores tiempos del franquismo. Desde Cataluña se enarbola la bandera de la excelencia de su modelo y no cabe duda de que se ha instalado en el imaginario colectivo que este sistema no sólo funciona e integra, sino que consigue unos resultados académicos por encima de la media del resto de España. Este es el argumento al que se aferran convergentes, independentistas y socialistas para incumplir todas y cada una de las sentencias del Supremo que obligan a habilitar también el castellano como lengua vehicular en la escuela pública catalana, algo que se ha ignorado con reiteración.

Pero el último informe Pisa arrojaba más sombras que luces sobre esa supuesta excelencia de la educación catalana. Y es que el estudio, correspondiente a 2009 dado su carácter trianual, --aunque no es previsible que, en plena crisis, las cosas hayan mejorado mucho desde entonces—mostraba otro rostro. Para empezar la desigualdad en el rendimiento escolar entre los alumnos autóctonos y los inmigrantes evaluada en puntos. Resulta que en Cataluña esa diferencia es de 82 puntos frente a la media española que es de 56. En Madrid, donde la población inmigrante es superior en casi dos puntos con respecto a Cataluña (14,7 frente al 12,9) las diferencias de resultados académicos es de 59 puntos. Sólo La Rioja supera en desigualdad a Cataluña con 84 puntos de distancia entre autóctonos e inmigrantes.

La fundación catalana Jaume Boffill realizó en su momento un amplio estudio sobre la base del informe Pisa dirigido por el catedrático de Educación Comparada de la Universidad Autónoma de Cataluña, Ferran Ferrer, en el que ponía de manifiesto esta desigualdad, denunciando el “abandono” que recibían los escolares inmigrantes por parte de las autoridades educativas catalanas. Pero con ser preocupante lo peor vino cuando se conoció que además, Cataluña, entonces gobernada por el tripartito, había "falseado" la muestra infrarepresentando en la misma a aquellos colectivos que le podían bajar la media, esto es, castellanoparlantes, hijos de inmigrantes y repetidores.

La Generalitat dejó fuera a un 10 por ciento de alumnos inmigrantes, castellanohablantes y repetidores

Si en el año 2003, cuando comenzó la serie Pisa, se "evaluó" a 1.516 alumnos y en 2006 a 1.527, en 2009, con más población escolar, fueron 1.381 los que hicieron la prueba. Excluyó a un 5,95 de los alumnos que debiera haber incorporado, aunque no hubiera alcanzado la misma cifra que los años anteriores. En definitiva, dejó por el camino a 150 alumnos castellanoparlantes, inmigrantes y repetidores, esto es, un 10 por ciento. Esto provocó que, por ejemplo, Cataluña saliera mucho mejor parada que el resto de España en comprensión lectora, nada más ni nada menos que 17 puntos por encima de la media. En cuanto a matemáticas, alcanzó los niveles de Suecia o Alemania, recuperándose del batacazo del informe Pisa de 2006, que evidenció los males de la educación española en todo el territorio.

No fue Cataluña la única que forzó la muestra, también lo hizo Murcia, que consiguió mantenerse en la media de unos resultados que fueron bastante desalentadores para el conjunto de España a pesar de la mejora. Desde el Consejo Superior de Evaluación de la Generalitat, se atribuyó entonces a "fallos de aplicación" y no a una estrategia predeterminada el "error" de la muestra.

En el informe Pisa de 2009 nuestro país se situó a doce puntos por debajo de la media de la OCDE y, en cambio pulverizó los resultados en abandono escolar, con un 36 por ciento de alumnos de entre quince y diceiseís años que acaban dejando la escuela frente al 5 por ciento que lo hace en Filandia. Dado su carácter trianual, este año se ha hecho un nuevo estudio, del que no conoceremos los resultados hasta dentro de unos meses.


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