Nervios entre los barones regionales ante el 'ritmo lento' de Moncloa

Cospedal y González se adelantan a Rajoy y empujan al PP a la carrera hacia las urnas

El PP se despereza. Al menos de cara a las elecciones. Dos presidentes autonómicos, Cospedal y González, han dado el primer paso firme hacia las urnas. No hay tiempo que perder, piensan en Génova.

Faltan nueve meses para municipales y autonómicas pero en el PP hay quien ya huele tan sólo las urnas. En Moncloa todas las brújulas están orientadas hacia Cataluña. Hay inquietud con la respuesta a la Diada y preocupación con el plebiscito secesionista.

En Génova las cosas tienen otro ritmo. La sala de máquinas del partido ha vuelto de las vacaciones con la mirada puesta en las elecciones autonómicas y municipales. Dolores Cospedal ha activado los resortes del partido para evitar un trompazo en las urnas como el de las europeas. Y se ha lanzado a una campaña que promete ser muy larga. Los tiempos de Mariano Rajoy son más pausados. Es muy posible que no desvele las listas electorales hasta después de Navidad. Pero los líderes regionales están nerviosos. Las encuestas anuncian retrocesos y riesgo de derrota en plazas fundamentales para el PP.

La primera en señalar el ritmo ha sido Cospedal, secretaria general del PP, quien ha abierto el fuego en su condición de presidenta de Castilla-La Mancha y anunció una batería de rebajas de impuestos en su comunidad que ha tenido una positiva acogida entre los contribuyentes de su región. Rebaja en el escalón mínimo autonómico del 12 al 11 por ciento así como el aumento de los mínimos por descendiente. Medidas tibias pero que llegan a mucha gente. Casi un millón de beneficiados. Cospedal aparece muy bien en las encuestas, entre otras cosas porque su rival del PSOE está resultando muy ineficaz, pero con su iniciativa quiere marcar el rumbo y el paso al resto de los barones territoriales.

La canción de los impuestos

Bajar impuestos es la sintonía con la que el PP pretende seducir en todas las plazas. Tiene que sacudirse el 'efecto Montoro' del difícil aterrizaje en la Moncloa. Cospedal también airea medidas de regeneración y transparencia democrática. Buenas palabras que tardan en concretar puesto que muchas de ellas precisan negociaciones y consensos. Como la elección directa de alcalde, un acierto en plena diana. Es muy difícil para la oposición convencer a los electores de que no siempre gobernará el candidato más votado. Las negociaciones postelectorales huelen a manejo de despacho, a manipulación del resultado electoral y a cabildeo sobre la concejalía de urbanismo. El Gobierno está decidido a sacar adelante esta medida. Quizás con el apoyo de CiU.

La batalla de Madrid

En el frente de Madrid la situación es más peliaguda. El PP puede perder la Comunidad y el Ayuntamiento. Un posible pacto con el partido de Rosa Díez era, hasta hace semanas, algo menos que una alternativa nefasta. Ahora suena a bendición. Los machetazos demoscópicos de Podemos han cambiado el panorama.

El presidente de la comunidad madrileña, Ignacio González, también ha madrugado y este jueves enarboló un discurso de patriotismo cívico muy reseñable. En el debate del Estado de la Región efectuó una firme defensa de la unidad de la nación y plantó cara al reto secesionista catalán. Habló también de apoyos económicos a autónomos y a jóvenes desempleados. Y lanzó el hallazgo de incluir una asignatura de programación digital muy oportuna. Medidas necesarias con regusto electoral. González aspira a ser el candidato del PP. Por eso mudó su discurso de la queja económica por el del optimismo de los números. Su gestión está siendo eficaz y hasta ejemplar.

En el Ayuntamiento de Ana Botella las cosas siguen enrevesadas, con una alcaldesa muy fatigada, de quien cuentan que acaricia la idea de abandonar toda idea de presentarse. Hace días que Esperanza Aguirre, enormemente astuta por cierto, no aparece en primera línea más que, bien por personajes interpuestos o por episodios del pasado.

Cospedal y González han dado el paso que pronto seguirán algunos dirigentes regionales, sumamente inquietos por su futuro y deseosos de lanzarse al campo de la pugna electoral. El mensaje desde Moncloa es que ha de ignorarse a Podemos y centrarse exclusivamente en subrayar los aciertos de gestión del Gobierno. Trasladar a la población una imagen positiva y de victoria. No son tiempos de lamentos ni de lágrimas.


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