En el equipo económico se opina que si gana Alexis Tsipras, respetará las reglas de la UE

El Gobierno todavía confía en la victoria de Samarás en Grecia y no ve a Syriza escapando del euro

Solo un puñado de votos en Grecia levanta decenas de escaños en el Parlamento heleno, según su ley electoral. Esto es, en parte, lo que lleva al Gobierno español a confiar todavía en una posible victoria de Andonis Samarás en las elecciones que se celebran este domingo.

Mariano Rajoy y Andoni Samaras, en Atenas.
Mariano Rajoy y Andoni Samaras, en Atenas. EFE

A pesar de la tendencia que apuntan algunas encuestas en Grecia y de los vaticinios terroríficos que adelantan en caso de una victoria de Syriza, en el Gobierno español se observan con tranquilidad las elecciones en el país heleno porque hay confianza en que gane Andonis Samarás y también porque en el caso de que lo haga Alexis Tsipras, el Pablo Iglesias griego, no se cree que acabe sacando a su país del euro. En el Ejecutivo se piensa, en sintonía con algunos analistas, que el potencial desestabilizador de la situación en Grecia es muy inferior al de hace tres años y que el reciente cruce de declaraciones con las autoridades alemanas no son más que fuegos artificiales. Es altamente improbable que Grecia abandone la moneda única,  gane o no Syriza, y lo más preocupante sería, incluso, que no hubiese un ganador claro este domingo y que fueran necesarias nuevas elecciones, pues la incertidumbre se prolongaría en el tiempo.

En el Gobierno se opina que Syriza respetará las normas comunitarias si gana las elecciones

Grecia pidió ayuda financiera el 23 de abril de 2010, en un contexto de serios desequilibrios fiscales e importantes dificultades de financiación que, finalmente desembocaron en la primera crisis de deuda soberana de la zona euro. Dos semanas después, el Eurogrupo acordó unánimemente la concesión de asistencia  financiera por un importe de 110.000 millones de euros. En 2012, Grecia pidió más ayuda financiera a los Estados miembros y en total se han llegado a desembolsar más de 148.000 millones de euros a cambio de un severo programa de ajuste económico incapaz de frenar el nerviosismo de los acreedores. Las recetas han dado, solo en parte, resultado, pues Grecia pudo volver a los mercados el año pasado y ha conseguido un tímido superávit primario que puede mejorar dependiendo de cómo se beneficie, finalmente, de la compra de deuda recién aprobada por el presidente del BCE, Mario Draghi.

Discurso antieuropeo, solo de boquilla

En el Gobierno se opina que, aunque no gane Samarás estas elecciones y tome el poder Syriza, Alexis Tsipras no tirará todo por la borda y respetará las reglas de juego aunque la campaña electoral en Grecia ha descansado sobre dos alternativas: la apuesta por el euro o la argentinización de su economía. “Si triunfa Syriza, acabará tragando con toda la normativa europea, aunque su tendencia inicial será la de defender la permanencia en el euro sin cumplir las reglas”, afirman fuentes gubernamentales, que recuerdan que el discurso inicial de Tsipras, pese a ser antieuropeo, se ha ido moderando a medida que se aproximaba la cita con las urnas.

La incógnita después del movimiento del BCE es qué hará Estados Unidos con la subida de tipos

Despejado el mapa de maniobras del BCE y una vez se conozcan los resultados electorales en Grecia, la pregunta más importante que se hacen los analistas para prever el comportamiento futuro de los mercados es si la Reserva Federal estadounidense subirá o no los tipos a lo largo de este año. Hay distintas apuestas, pero una opinión bastante compartida es que con las elecciones presidenciales en noviembre de 2016, sería complicado retrasar todo el proceso de subidas hasta el año próximo, ya que el riesgo estriba  en que el ciclo económico se agote sin que la política monetaria haya recuperado grados de libertad.


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