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Pendientes de Atenas, mientras en Madrid arrecian las maniobras orquestales contra el Gobierno Rajoy

      

Mariano Rajoy conversa con Angela Merkel.
Mariano Rajoy conversa con Angela Merkel.

“La situación se nos ha ido de las manos; remediar esto ya no depende de nosotros”. Ha sido la frase más oída en los aledaños del Poder durante una nueva semana de infarto, otra más de unos tiempos que quedarán en el recuerdo de muchos españoles como unos de los más dramáticos jamás vividos. “En las últimas semanas nunca ha sido España el verdadero motivo de la inestabilidad de la eurozona”, asegura un experto financiero. “Es la viabilidad del euro lo que está en juego, y la creencia de los mercados de capitales de que no hay voluntad política en la UE para salvarlo mediante el uso del único instrumento eficaz para defenderlo en el corto plazo, que no es otro que el BCE”.

Todas las miradas puestas en Berlín. Todos los dedos apuntando a Angela Merkel. El lunes 11, Alfredo Pérez Rubalcaba (APR) se entrevistó en Berlín con el líder del PSD, Sigmar Gabriel, y el jefe de su grupo parlamentario, Frank-Walter Steinmeier. En opinión de los socialistas alemanes, ha sido la pésima gestión de la crisis de Bankia lo que ha dislocado la imagen de España, en particular el hecho de que en unos días se pudiera pasar de unas hipotéticas necesidades de capital del orden de los 4.000 millones a otras de 19.000, no sin antes pasar por los 7.000 (plan Rato) y los 13.000 (Banco de España). “No nos creemos ninguna cifra que venga de la banca española, y en eso coincidimos con la canciller Merkel y la CDU”.

El miércoles, el Gobierno alemán repitió una operación que suele realizar en ocasiones puntuales. Reunió a una serie de  corresponsales acreditados en Bruselas y se los llevó de viaje a Berlín, donde tuvieron ocasión de hablar de los problemas del momento con varios think tanks germanos, para tener al final un off the record con la propia Merkel. Los dos representantes españoles (El País y La Vanguardia) salieron más que alarmados. Basta leer la crónica de Beatriz Navarro (“Alemania se harta”, jueves 14) en el diario catalán para darse cuenta del cabreo de una señora convencida, o eso parece, de que los españoles hemos despilfarrado el dinero de la UE en autopistas, aeropuertos, urbanizaciones de lujo, charanga y pandereta, de modo que ahora tenemos que pagar la fiesta porque Berlín ya no está dispuesto a seguir financiando nuevos festejos. La canciller se confiesa en privado convencida de que España tendrá que pedir la intervención de su economía por la troika (CE, BCE y FMI) antes o después.

La ciudadanía ve desconcertada cómo su Gobierno parece haber bajado los brazos, resignado y sin argumentos.

Con los mercados emulando esas fieras que, una vez han olido sangre, no están dispuestas a soltar la presa y vuelven cada mañana resueltas a clavar sus colmillos sobre la ajada prima de riesgo española, una cierta sensación de orfandad, de desvalimiento, se ha apoderado de una ciudadanía que ve desconcertada cómo su Gobierno parece haber bajado los brazos, aparentemente resignado y sin argumentos. “Esto ya no depende de nosotros”. El episodio ocurrido el miércoles por la mañana en el Congreso es revelador. Se había reunido allí la Comisión Delegada para Asuntos Económicos y, al final de la misma, y con la famosa prima echando humo, Rajoy se encerró con Luis de Guindos y Cristóbal Montoro, amén de la vicepresidenta Sainz de Santamaría. Si eso no era un gabinete de crisis, se le parecía mucho. Y bien, el Presidente se escabulló a la salida, dejando plantados al centenar largo de periodistas que le esperaban. Dio la cara De Guindos, apabullado por la marea de cámaras y micros: “Tomaremos medidas para rebajar la presión sobre España”. 

Gobierno asustado, en torno al cual ahora mismo podría cortarse el miedo con cuchillo de madera. Silencio sepulcral de ciertos nombres importantes en el PP y en el propio Ejecutivo, escondidos cual comadrejas en espera de que pase la tormenta. Miedo a quemarse. “Es que al que sale de la trinchera y levanta la voz, tipo Soria, le vuelan la cabeza. Es muy arriesgado hacer hoy una afirmación que la realidad te puede desmentir al día siguiente, porque quedas como un indocumentado y un gilipollas…”, afirman en los jardines de Moncloa. Miedo y maniobras orquestales en la derecha pura, derecha dura, contra el liderazgo, de nuevo en cuestión, de Don Mariano, que podrían cristalizar a la vuelta el verano si es que el edificio de este Ejecutivo sigue en pie para entonces.

La derecha dura cree que a Rajoy le faltan agallas

Es la derecha de Aznar, Rato (curiosa su renuncia a cobrar la indemnización en Bankia), Aguirre, Cascos y otros, que considera que a Rajoy le faltan agallas para agarrar el toro por los cuernos y hacer los deberes de una vez por todas. Al descontento dentro de las filas del PP se añade la vieja creencia existente en el entorno de APR según la cual, y a cuenta de la violencia de la crisis, este Ejecutivo no duraría, no durará, más de ocho meses, de modo que habrá que ir a una especie de Gobierno de concentración (“Gobierno de Unión Nacional” lo llamó en noche reciente, con dos copas, José Enrique Serrano, ex jefe de gabinete de Zapatero y ahora simple diputado socialista). En ese Gobierno entrarían personalidades de la derecha, de la izquierda y, naturalmente, independientes.

Gobierno gris y oposición en la UCI. “Alfredo me pareció un boxeador sonado”, afirma un ejecutivo que cenó con él esta semana. “Con el discurso de siempre de la izquierda, ajeno a la realidad. Se ha hecho mayor y se le nota. Sin proyecto y sin reflejos. Eso sí, dispuesto a una especie de gran pacto de Estado con el PP, aunque, con alguien que opina que nuestra sanidad es barata; las pensiones, maravillosas; las CCAA, eficientes y así sucesivamente… ¿qué tipo de reformas se pueden pactar? Mi impresión es que está decidido a seguir en el sillón hasta el final, aunque lo va tener muy difícil frente al empuje de gente joven, sea la Chacón o cualquier otro”. 

En cuatro años nuestra deuda externa se ha duplicado, tanto en términos absolutos como relativos.  

Los datos que expele la realidad de la crisis no pueden ser más desalentadores. Con los mercados pendientes de España, el viernes supimos que el endeudamiento de las administraciones públicas a 31 de marzo alcanzó los 774.549 millones, equivalente al 72,1% del PIB, porcentaje que se acerca rápidamente al objetivo marcado por el Gobierno para todo el año, fijado en el 79,8% del PIB. A finales del primer trimestre de 2008, ese endeudamiento era de 377.917 millones (35,5%), lo que quiere decir que en cuatro años nuestra deuda se ha duplicado, tanto en términos absolutos como relativos. La rapidez con que hemos aumentado nuestras necesidades financieras es precisamente una de las razones por las que los mercados desconfían de la capacidad de España para atender sus compromisos de pago.

De Guindos le ha vendido a Rajoy la especie de que se trata de resistir porque, a trancas y barrancas, España podría llegar sana y salva a la ribera del otoño sin ser intervenida, puesto que las necesidades de apelación a los mercados en lo que resta de año no son excesivas, a menos, claro está, que la prima de riesgo se desboque. En efecto, y de acuerdo con la información publicada por Javier Ruiz en viernes en este diario, el Tesoro debe pedir todavía 85.000 millones en 2012, con el Alpe D’Huez situado a finales de octubre, cuando será necesario refinanciar de golpe 27.658 millones. Y, sin embargo, a pesar de las dificultades del momento, de las dudas del Gobierno y las incongruencias de la oposición, el futuro sigue dependiendo de nosotros mismos, la solución sigue estando en nuestras manos.

AVE a Galicia y Juegos Olímpicos para Madrid

En efecto, al margen de lo que ocurra hoy en Grecia y lo que pase mañana en los mercados, al margen de lo que suceda en la cumbre europea del 28 de junio, España podría aguantar la embestida de los mercados sin ser intervenida. Aceptado el rescate de nuestros bancos, se trata de evitar la intervención de España como país a cuenta de su Deuda soberana. Ese es el reto. Pero para que eso sea así, el Gobierno debe ponerse de una vez por todas las pilas y hacer lo que hasta ahora solo ha apuntado: anunciar en los próximos días un plan integral de reformas de verdad, un plan a 4 años creíble para nuestros socios y para los mercados. “Las previsiones de déficit que manejamos son mucho peores que las del Gobierno: es que este año el déficit puede quedar en el 6,5%, y en el que viene no bajará del 7% y eso es un desastre desde todos los puntos de vista”, asegura el jefe de un servicio de estudios. “Entiendo que los españoles estén cabreados con la Merkel, pero es que Merkel tiene razones para estar hasta el gorro de los españoles. Todo es una filfa, una gran mentira. Lo único que ha hecho Rajoy ha sido subir el IRPF, cuando tendría que subir indirectos, reformar pensiones, meterle mano al paro, recortar plantillas de funcionarios… Y, encima, el buen señor se muestra altivo”.

“Entiendo que los españoles estén cabreados con Merkel, pero Merkel tiene razones para estar hasta el gorro de los españoles".

Lo acaba de “recomendar” del FMI: el Gobierno tiene que subir ya el IVA (y los impuestos especiales) en lugar de esperar a 2013, y debe aprobar cuanto antes una nueva bajada del sueldo de los funcionarios. De otro modo, advierte, España sobrepasará “significativamente los objetivos de déficit”. Estamos obligados a dar argumentos a nuestros socios, especialmente a Alemania, para que abra la mano con el BCE y ayude a financiar nuestra economía durante el periodo crítico de reformas. La falta de determinación de este Gobierno para tomar decisiones duras empieza, por eso, a resultar patética. Lo paradójico del caso es que el coste político ya lo ha sufrido, porque la población estaba preparada para el ajuste. En esta tesitura, nuestra semejanza con esa Grecia infiable no deja de crecer. Seguimos pensando en el AVE a Galicia, en los Juegos Olímpicos para Madrid y en otra serie de juergas de idéntico porte. Seguimos prisioneros de una elite dirigente que ha perdido el sentido de la realidad.

Pero no es hora de flagelarnos en el muro de las lamentaciones, ni llorar sobre la leche derramada. Es el momento de tomar decisiones drásticas. Incluso en la hipótesis más dura de una salida del euro, el futuro de España seguiría dependiendo de nuestra capacidad para acabar con los desequilibrios macro haciendo las reformas; de nuestra capacidad, en suma, para dotarnos de una economía competitiva. Se lo advertía frau Merkel a los corresponsales extranjeros el miércoles: “Si el Gobierno español no hace las reformas con el bono al 7% ¿cuándo las va a hacer? Lo que no puede ser es que Madrid pretenda que le arreglemos el cuerpo desde aquí, porque entonces se quedarían de brazos cruzados a esperar las generales de 2015”. Rajoy puede haberse equivocado; puede haberse mostrado excesivamente premioso, y haber ido a remolque de los acontecimientos. Pero alguien dijo que la libertad es la posibilidad de dudar, la posibilidad de cometer un error, y la posibilidad, también, de rectificar. Nada está perdido. El Gobierno cuenta con mayoría absoluta y es cuestión de que se decida a utilizarla. La solución sigue estando en nuestras manos.


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