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Gobierno y PP, preocupados por una “radicalización” del PSOE que cortocircuita el diálogo

El deslizamiento de los socialistas hacia posiciones de Izquierda Unida en lo que atañe a la Corona, ha encendido las luces de alarma de los populares, que se quejan de no tener interlocutores del otro lado o de incumplimiento de los acuerdos alcanzados como en el caso de la preferentes. La reforma de la Ley Hipotecaria, con la aceptación, por parte del PSOE, de la dación en pago que siempre rechazó, ha sido el último capítulo. La Ley de Transparencia pondrá a prueba la capacidad de interlocución. Valenciano no quiere hablar con Cospedal sino con Sáenz de Santamaría.

Gobierno y populares ven con preocupación lo que entienden de “radicalización” del PSOE, temeroso de perder más apoyos sociales y dejarse “comer” parte de su electorado.  Fuentes tanto de Moncloa cómo de Génova critican una deriva hacia posiciones que hasta hace poco eran más propias de Izquierda Unida que del partido que lidera Alfredo Pérez Rubalcaba, cuyo cuestionamiento interno tampoco ayuda a facilitar la interlocución.

Los populares se quejan de que apenas hay cauces de diálogo entre partidos. Génova asegura no encontrar muchas veces “homólogos” en la calle Ferraz. La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, no tiene interlocutor del otro lado, y es que el PSOE, como suele ocurrir con los partidos de la oposición, prefiere tratar directamente con el Gobierno. Así, la vicesecretaria general del PP, Elena Valenciano, se dirige a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, aunque los acuerdos luego queden en nada, como ha pasado con el caso de las preferentes, que cerraron ambas a finales de enero. Y este es otro de los  motivos de queja del PP, que “cuando llegas a un pacto, no sabes cuánto tiempo va a durar”.

Bien es cierto que Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba parecen tener contacto de forma mucho más habitual de lo que trasciende públicamente, pero incluso, en este caso, la comunicación entre ambos no pasa por el mejor de sus momentos. El líder del PSOE confesó el pasado jueves en declaraciones a Telecinco que habla con Rajoy “alguna vez” pero que deberían “hablar más”.  Fue precisamente Rubalcaba quien en época de los gobiernos de José María Aznar supo mantener una línea de diálogo con Moncloa que resistió incluso en los momentos de mayor enfrentamiento entre ambos partidos. Al otro lado de la mesa se sentaba el secretario general de Presidencia, Javier Zarzalejos, hoy “número dos” de FAES. Esa línea actualmente no existe o, no al menos, de manera continua.

El cuestionamiento del liderazgo de Rubalcaba es otro asunto que preocupa a los populares. “Sin un PSOE fuerte en el Parlamento, la labor de oposición se traslada a la calle”, afirman, pero esa teoría se desmorona cuando los socialistas hacen suyo el descontento social y se ponen al frente de la manifestación incluso en asuntos que crecieron al amparo de los gobiernos de Zapatero, como el caso de la comercialización de preferentes, donde hubo un clamoroso fallo de supervisión y de control tanto del Banco de España como de la CNMV.

Se rompe la unidad en torno a la Corona

Las primeras luces de alarma en Moncloa se encendieron con motivo del abrupto cambio de criterio del PSOE al sumarse a la petición de explicaciones sobre la herencia del Rey. La estrategia común que ambos partidos habían mantenido respecto a lo concerniente a la Corona, comenzaba a resquebrajarse. Los socialistas quería engancharse a una bandera que a lo largo de los últimos años ha enarbolado casi en solitario la coalición Izquierda Unida. Ahora no sólo querían explicaciones sobre dicha herencia sino que reclamaban la plena inclusión de la Casa Real en la Ley de Transparencia añadiendo la asignación que recibe Don Juan Carlos de los Presupuestos Generales del Estado y que es de libre distribución. Mientras, la imputación de la Infanta Cristina abría las puertas a voces socialistas que reclamaban abordar el debate monarquía-república que dirigentes veteranos como Ramón Jáuregui, responsable de la Conferencia Política, intentan contener.

No ha sido el único tema en que Gobierno y PSOE han chocado tras haber alcanzado principios de acuerdo que luego quedaron dinamitados. Pasó con los preferentistas, cuando ambos partidos acordaron crear una comisión de arbitraje. Finalmente, los socialistas votaron el pasado día 11 en contra del decreto de Luis de Guindos y el PP hubo de buscar los votos de CiU, UPN y Foro Asturias, para no aprobarlo en solitario.

Menos suerte tuvo el Gobierno esta semana a la hora de sacar adelante la reforma hipotecaria, donde se quedó en absoluta soledad, aunque contaba con que el PSOE no apoyara su negativa a admitir la dación en pago, tal y como reclama la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Que el  PSOE haya rechazado en el Parlamento hasta en diez ocasiones dicho mecanismo, incluso ya estando en la oposición, no fue óbice para que esta vez se pusiera de lado de la PAH, lo que le evita correr con un fuerte desgaste en términos de opinión pública y, también, electorales. Lo cierto es que, en este caso, todos los partidos de la Cámara, salvo el que sostiene al Gobierno, han preferido ahorrarse problemas con los escraches y los escracheadores.


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