El primer mensaje navideño de Felipe VI produjo desagrado en el Gobierno

Moncloa no retocó el discurso del rey pese a discrepar abiertamente de su contenido

El primer mensaje navideño del monarca no agradó en Moncloa. Sin embargo, el Ejecutivo apenas lo tocó. El de Navidad es uno de los dos discursos que se escriben Zarzuela y se pasan luego a consideración del Ejecutivo y no al revés. El Gobierno optó en este caso por no 'meter la pluma'.

El rey Felipe VI se dirige a los españoles desde el Palacio de La Zarzuela en su pimer mensaje de Navidad.
El rey Felipe VI se dirige a los españoles desde el Palacio de La Zarzuela en su pimer mensaje de Navidad. EFE

El primer mensaje navideño de Felipe VI fue recibido en forma muy positiva por la mayor parte de las fuerzas políticas, que lo consideraron realista, certero, y oportuno. Los analistas apenas discreparon tampoco. Oleadas de elogios sin respiro. Hasta Artur Mas le dio sus bendiciones. Se trataba de un compromiso importante ya que el rey, tradicionalmente, tan sólo es el autor de dos de los discursos que pronuncia a lo largo del año. El de Navidad y el de los Premios Príncipe de Asturias. De ahí la importancia del trance.

Cuando el documento ya ultimado regresó a las dependencias de Presidencia, se agriaron los gestos

Moncloa, como es costumbre, envió a Zarzuela un amplio y variado material de apoyo para la elaboración del texto. Cuando el documento ya ultimado regresó a las dependencias de Presidencia, se agriaron los gestos, de acuerdo con fuentes próximas al Ejecutivo. No era el mensaje que se esperaba. Aún así, se optó por sugerir apenas algunos cambios, de tono menor. Al cabo, se trataba del discurso salido de la pluma del rey y por lo tanto era menester respetarlo con todas las consecuencias. La redacción del importante texto corrió a cargo fundamentalmente del monarca, con la activa colaboración de Jaime Alfonsín, jefe de la Casa, Domingo Martínez Palomo, el secretario general, y Jordi Gutiérrez, director de comunicación. Nadie duda de la activa participación de la reina, "aunque sólo sea para introducir la palabra solidaria a la hora de definir la España moderna que todos anhelamos", según la maledicencia de un alto cargo del Gobierno.

Abundancia de lo social

El tono en general pesimista y sombrío con que se aborda la realidad española ha producido enorme desagrado en el Ejecutivo. En los tres primeros párrafos, por ejemplo, se suceden, atropelladamente, las palabras indignación, desencanto, preocupación social, pesimismo, desánimo y malestar, también social, por supuesto. Ahí el encargado de pulir el estilo se despistó ligeramente. Demasiado social en tan escasas líneas. Por no hablar del abrumador uso de los tintes oscuros y el trazo deprimente que rezuma el contenido general de la pieza por todos sus poros.

Las referencias hipercríticas a la situación económica, la insistentes menciones de los desempleados, los vulnerables, los desfavorecidos, los preteridos chirrían abiertamente con los planteamientos que emanan desde el Ejecutivo, donde se reconoce el enorme problema del paro pero se insiste en subrayar el proceso de recuperación que advierten, sin reticencias, organismos y dirigentes internacionales de todos los niveles.

El mensaje olvida a los cientos de miles de pequeños y medianos empresarios que levantan cada día las persianas de sus establecimientos

Nada de eso aparece en el mensaje navideño. Ni siquiera un elogio, una mención de apoyo a aquellos cientos de miles de pequeños y medianos empresarios que cada día se la juegan y levantan las persianas de sus establecimientos o sus negocios, creando empleo o riqueza. También ellos se merecían unas palabras de consideración. "Cita dos veces la fórmula Estado de Bienestar cuando su padre don Juan Carlos sólo la utilizó una vez en sus 39 discursos navideños", según el apunte sagazmente subrayado por el analista John Müller. El elogio de lo privado sucumbe en un curioso pulso con el cántico de lo público. Ningún reparo, sin embargo, a la actitud ejemplar de denuncia y rechazo de la corrupción y sus secuelas, la lacra que corroe buena parte de las entrañas del apartado político español. Pero el estilo sigue siendo tosco, con redundancias insistentes en fórmulas como cargo público, servidor público, más cargo público, en muy reducido espacio.

Cataluña y ETA

La escasa habilidad al abordar el desafío secesionista de Cataluña, paliada con sobredosis de efusión y amor hacia la región -"llevamos a Cataluña en el corazón", llega a decir el rey- también ha producido cierta desazón en círculos gubernamentales. Le falta a esta pieza un cierto nivel, esa necesaria altura para abordar uno de los problemas fundamentales que tiene ahora planteados nuestro país. Hablar de desafectos, fracturas emocionales y sentimientos compartidos sin entrar en la cuestión medular del tema que es el cumplimiento de la ley, suena a editorial de la casa Godó. "Desde Cataluña se ha contribuido a la estabilidad política de toda España", decía el discurso. ¿Y el resto de España?.

Hay quienes ven en el discurso una intención "de agradar a esas fuerzas políticas que, de llegar al poder, darían una sonora patada a la monarquía"

También en el PP se ha comentado la ausencia de referencia alguna a las víctimas del terrorismo. Ahí, el Gobierno tiene poco que decir, evidentemente, ya que su actitud en este terreno no resulta elogiable. Pero ese olvido del monarca ha producido enorme contrariedad así como desaliento en esos sectores. "Son nuestros muertos, aunque algunos pretendan olvidarlo", concluyen.

"Es un discurso de regusto socialdemócrata, con la mirada puesta en el Estado más que en la iniciativa privada, diametralmente alejado del liberalismo que ha hecho crecer a Europa, con escasa sutileza al abordar el problema territorial y con la intención, al parecer, de agradar a esas fuerzas políticas que, de llegar al poder, darían una sonora patada a la monarquía", concluía la fuente, muy próxima a Rajoy.


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