El jefe del Ejecutivo lo prefiere antes que a Pedro Sánchez, Zapatero o Rubalcaba

Mariano Rajoy elige a Felipe González como principal interlocutor en el PSOE para asuntos de Estado

La relación personal entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez se ha ido enfriando a medida que el primero ha detectado la inexperiencia del líder socialista. Con quien de verdad se entiende el presidente es con Felipe González, una relación que Soraya Sáenz de Santamaría complementa a través de conversaciones frecuentes con la andaluza Susana Díaz.

Mariano Rajoy y Felipe González, al lado de la esposa del presidente del Gobierno.
Mariano Rajoy y Felipe González, al lado de la esposa del presidente del Gobierno. Gtres

“No hay química entre ellos, Marianocon quien sí se entiende a la perfección es con Felipe, más incluso que con Rubalcaba”, asegura una fuente muy cercana al presidente del Gobierno que confirma la distancia que media entre Rajoy y Pedro Sánchez, creciente desde que el jefe del Ejecutivo ha ido percibiendo su inexperiencia y también la debilidad con la que sostiene su liderazgo dentro del PSOE.

“Hay comunicación periódica entre ellos”, asegura la misma fuente, “pero sobre todo mucha desconfianza”, entre otras razones porque Rajoy duda de que Sánchez pueda cumplir cualquier acuerdo importante debido a la fuerte división que hay en las filas socialistas y la autoridad que en ella siguen teniendo algunos barones regionales, empezando por la presidenta andaluza en funciones, Susana Díaz. El pacto contra el terrorismo yihadista firmado en febrero en La Moncloa, que suscitó una seria contestación dentro del PSOE, es solo un ejemplo.

Rajoy desconfía de Pedro Sánchez, pero respeta y aprecia a González

Según las fuentes consultadas, Rajoy habla de todo y  muy a menudo con González. Aborda con él desde la situación económica hasta el problema catalán, pasando por los mimbres que puede haber en la próxima legislatura para cambiar la Constitución. Ambos intercambian también opiniones sobre la coyuntura en Latinoamérica y han ido ganando cercanía en la visión de los principales asuntos de Estado que están de actualidad. Nada que ver con la relación que el principal inquilino de La Moncloa mantiene con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, obsesionado con no perderse en el olvido y lavar su imagen, o con el exsecretario general del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba, a quien Rajoy aprecia, pero de quien nunca ha llegado tampoco a fiarse.

La familiaridad entre Rajoy y González se complementa con la grata relación personal que han alcanzado la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría y la presidenta andaluza en funciones, Susana Díaz. A la primera le sirve para tomar la temperatura en el Partido Socialista y a la segunda para solucionar algunos problemas de gestión en el día a día de la Junta, puenteando a algunos ministros. La primera conversación que mantuvieron a fondo fue en un viaje de AVE a Sevilla donde hablaron de asuntos familiares y se cayeron en gracia. A partir de ahí, funciona entre ellas una comunicación personal cada vez más fluida que la mayoría de las veces discurre a través del móvil.

La falta de autoridad de Sánchez debilita la interlocución

Las precauciones de Rajoy hacia Pedro Sánchez han llevado, por ejemplo, a que en el núcleo duro del Gobierno se descarte un acuerdo entre los dos grandes partidos para que, después del 24 de mayo, gobierne la lista más votada en las 13 comunidades y más de 8.000 ayuntamientos donde se celebran elecciones. “No vemos factible este acuerdo a favor del bipartidismo, ni siquiera bajo cuerda, porque Mariano sabe que Sánchez no tiene dominio para imponerlo en su partido y sería papel mojado”, comenta una alta fuente gubernamental.

Rajoy es tan consciente como Felipe González de que este desacuerdo va a italianizar la política española a nivel municipal y autonómico hasta extremos desconocidos, debido a la irrupción de dos formaciones nuevas, Podemos y Ciudadanos, que van a romper el mapa del bipartidismo en buena parte de España de aquí a menos de dos meses vista.

El Gobierno asiste como mero espectador a la gestión que la presidenta andaluza en funciones, Susana Díaz, ha comenzado a hacer de sus magros resultados electorales, partiendo de su negativa inicial a forjar acuerdos con el PP y con Podemos. Esta premisa se va a ver tumbada, probablemente, en su investidura, a menos que consiga el apoyo improbable de Ciudadanos. En el PSOE se baraja la tesis de que Díaz no tendrá más remedio que aceptar la abstención de Podemos como un regalo caído del cielo, aunque este respaldo no sería en modo alguno gratuito y estaría supeditado a la aprobación de “medidas urgentes” que sangrarían todavía más el fuerte endeudamiento público que arrastra Andalucía, comunidad que maneja un presupuesto cercano a los 24.000 millones de euros.

La buena relación entre Soraya Sáenz de Santamaría y Susana Díaz arrancó de un viaje en AVE a Sevilla

Andalucía es también el primer territorio donde se va a reflejar la imposibilidad de que los dos grandes partidos respeten que gobierne la lista más votada. Esta es la única condición que el PP le ha puesto al PSOE andaluz para facilitar la investidura de Susana Díaz y ésta ha respondido con un corte de mangas, a pesar de que en las elecciones recientes, los socialistas han sido la fuerza más votada en todas las capitales, excepto en Almería.

La razón de esta oferta del PP descansa en su convencimiento de que, a pesar del empuje de Ciudadanos, la mayoría de sus alcaldes, también en Andalucía, tendrán el tirón suficiente el próximo 24 de mayo para obtener más votos que los candidatos socialistas en buena parte de las 52 capitales, así como en las ciudades de más de 100.000 habitantes, debido a la alta fragmentación del electorado de izquierdas y de su fuga hacia Podemos.


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