Florentino Péez junto a Isabel Preysler y David Bisbal sin corbata. Detalles muy comentados en una recepción fatigosa y gris. Políticos, banqueros, artistas, periodistas, concejales, deportistas, embajadores. Desparrame interminable de la denominada sociedad civil, con algunos personajes inevitables, como los miembros del Gobierno e instituciones, entidades del Ibex, cuerpo diplomático junto a gentes del mundo del arte, de la farándula, los escenarios y las gestas deportivas.

La recepción en el salón del Trono del Palacio Real ofrecida por Felipe VI y doña Letizia resultó algo caótica y deshilachada, como casi todo el proceso de abdicación de don Juan Carlos. Paciencia franciscana en los reyes al recibir el saludo, a veces estricto, otras envarado, nervioso, jovial, circunspecto o absurdo de la hilera sin fin de invitados, mayoritariamente felices con los jóvenes monarcas y con los impresioantes tapices de Palacio.

Ni orden ni apenas concierto

En un salón habían colocado a los miembros del Gobierno y de las instituciones. En otros, por grupos, cada cual se colocaba como podía. Sin orden ni concierto. Un alto miembro de la judicatura junto a una tonadillera de campanillas. Un funcionario municipal junto a una exótica caribeña. Una damisela embutida en singular minifalda y fuera de lugar, otra con gafas de sol intramuros, una señora de provincias haciendo fotos a la pareja real con el móvil a escasos metros del presidente de la Conferencia Episcopal...

Emilio Aragón, Alejandro Sanz, Alejandro Amenábar, Imanol Arias, Juan Marsé, Caballero Bonald, Ana Duato... la nómina de representantes del mundo del arte y la cultura era densa e irregular. Del mundo del toro, los maestros Juli, Ponce y Padilla, entre otros. Pau Gasol, que en la Cámara Baja estuvo sentado junto a Felipe Juan Froilán, daba la talla. Amigo de la casa. ¡Rafa! Nadal. El hijo de Adolfo Suárez, en saludo entrañable. Artur Mas e Íñigo Urkullu, muy correctos, tras su desplante sin aplauso al discurso del rey en el Congreso.

Algunos se quedaron sin poder saludar a la pareja real, porque hubo que acelerar el programa para que Sus Majestades compartieran unos minutos de palabras, saludos y vino español con los asistentes. La jornada histórica tocaba a su fin. Desde la imposición del fajín de capitán general por parte de don Juan Carlos a su hijo en la Zarzuela hasta el final de la recepción de Palacio, España había vivido momentos de enorme emoción y de capital importancia para su futuro. En especial, el notable discurso de Felipe VI, todo un compromiso con la independencia de la Justicia, la tansparencia, la separación de poderes, la unidad de España, la defensa de los principios morales y éticos en una "monarquía renovada para tiempos nuevos".

Los comentarios de los corrillos versaban fundamentalmente sobre las palabras del rey, enormemente alabadas, la templanza de la reina, intachable, el saber estar excepcional de doña Sofía; el feo gesto de don Juan Carlos hacia doña Letizia del día anterior, la simpatía de la princesa Leonor y la infanta Sofía. Por supuesto, también, de lo importante de la jornada y, naturalmente, del desastre deportivo de este miércoles.

Felipe VI ha entrado en la historia con un notable alto. Para muchos, un sobresalietnte. Claro que en el Palacio no había demasiados espíritus discrepantes. Pero la opinión general era de admiración por los signos de liderazgo que ha enviado Felipe VI a una sociedad necesitada de referentes positivos y de liderazgos sociales. Por supuesto, el rey ha cumplido ya una parte de su compromiso: la proximidad de la Corona con la sociedad. Desde el coche descapotado, desde el balcón o en los salones de Palacio, comenzó su comprometida andadura con muy buen pie.


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