El PP se juega la mayoría absoluta en una de sus plazas fuertes

Juego de damas: Aguirre tendrá que frenar a Rivera y Cifuentes, robar el voto 'progre' de Gabilondo

Las damas del PP de Madrid se reparten el juego. Una estrategia complementaria. Esperanza Aguirre deberá retener el voto del PP tentado por irse a Ciudadanos y Cristina Cifuentes tendrá que conservar el voto del sur de Madrid que tuvo el PP y ahora se disputan Gabilondo y Podemos.

Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes se saludan en un acto de la Comunidad de Madrid.
Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes se saludan en un acto de la Comunidad de Madrid. Madrid.org

Ya hay estrategia en el PP madrileño, luego de desatascar, con sangre, sudor y trampas, la candidatura de 'las dos rubias'. Mariano Rajoy se la juega Madrid con una pareja de damas. Inteligentes, expertas, con carisma, con trayectoria. Y con perfiles diferenciados. Casi opuestos. Pero complementarios, dicen en Génova. Esperanza Aguirre goza de la confianza, la simpatía y el respaldo de la mayor parte de los votantes madrileños del PP. Ocho de cada diez volverían a votarla, según los sondeos, algo que ahora mismo no puede decir Rajoy. Su mayor enemigo es un PP alicaído con su militancia adormilada, escéptica o cabreada.

La 'lideresa' debe controlar dos frentes. Mantener la llama encendida de sus simpatizantes y animarles a que en mayo concurran a las urnas y, especialmente, frenar la arremetida de Ciudadanos en Madrid, que se anuncia poderosa. Antes del 'dedazo' sobre Aguirre, muchos votantes populares se sentían tentados de respaldar al partido de Rivera, quien ha colocado a la resuelta Begoña Villacíspara la alcaldía. También el Consistorio madrileño será un asunto de mujeres. Aguirre moviliza a los escépticos, abatidos, molestos con Rajoy y también atrae a esa opción liberal tan escasamente representada en el PP. La 'lideresa' sigue controlando el PP de Madrid, al menos hasta después de las elecciones. Génova la presionó para que fuera cediendo los trastos, e incluso para que Arenas le elabore las listas y el programa electoral. Aguirre ha dicho que no rotundo a lo segundo y que 'veremos' a lo primero.

Aguirre deberá bloquear el ascenso de Ciudadanos y mantener la mayoría absoluta en el municipio

UPyD, que aspiraba a escalar peldaños en la capital, donde reunía simpatías y avales, ha sufrido un retroceso notable en los últimos meses. Pese a que tiene muy buenos equipos en la capital y una estructura sólida y experimentada, las últimas decisiones de su cúpula nacional le ha convertido en lo que parece un apósito residual. Los sondeos no les dibujan ya como una amenaza para el PP, en contra de lo que parecía hace un par de años.

La candidata del PP deberá bloquear el ascenso de los 'naranjitos', que ya es algo más que una amenaza, y mantener la mayoría absoluta en el municipio. Aguirre llega fácilmente a la fibra sensible de su electorado, al que conoce al dedillo. Y el voto de la capital es tradicionalmente conservador y moderado. Mucho pensionista sin ansias de experimentar y mucha clase media liberal. Pese a que la candidata a la alcaldía siempre ha mostrado simpatías por Rivera, ahora puede tornarse su peor enemigo. Incluso ella llegó a decir que le ficharía para su partido. Y viceversa. El líder de Ciudadanos valora la figura de Aguirre porque "dice lo que muchos no quiere oír".

Apuesta por la renovación

Cristina Cifuentes es la apuesta por lo más parecido a la renovación.Ignacio González, acribillado en una 'guerra sucia',víctima de un 'fuego amigo' sin piedad, tenía el estigma de ser pareja política de hecho de Esperanza. Cifuentes ha de enfrentarse a un candidato inesperado, Ángel Gabilondo,un metafísico con aires de un tierno joven, heterodoxo y sereno. Cita a Kant en los mítinesy no produce rechazo. Tampoco apasionadas adhesiones.

Aguirre, que dejó el cargo a mitad de camino por razones de salud, según explicó, había logrado la proeza de conquistar el cinturón 'rojo' para el PP. Enormes localidades dormitorio donde imperó siempre el elector socialista o comunista se pasaron, de repente, en pos de la gaviota. Había fondos, inversiones y hubo Metro. Ahora apenas hay presupuesto. Cifuentes, del ala más progresista del partido, si es que tal cosa existe, no sólo tendrá que batir a Gabilondo en tan inhóspito terreno, sino, al tiempo, necesita retener el voto que dio al PP la mayoría absoluta en las últimas autonómicas.Ejercicios en el alambre, un reto descomunal. Su experiencia en la Asamblea madrileña, donde ha sido diputada cuatro legislaturas, la capacitan para llevar a cabo este reto casi imposible. Conoce bien a su partido, a los rivales, a los pueblos, a su gente. Es una veterana con muchos kilómetros a su espalda.

Ambas valoran la importancia de contar con un potente equipo de comunicación, saben moverse por las redes, tuitean con intensidad y ambas gozan de una relación intensa con los medios

Tiene, eso sí, la virtud de que, desde su perfil de modernidad y su fama aperturista, podría alcanzar acuerdos postelectorales con cierta facilidad en el caso de que fueran necesarios. Tanto Aguirre como Cifuentes valoran la importancia de contar con un potente equipo de comunicación, saben moverse por las redes, tuitean con intensidad y ambas gozan de una relación intensa con los medios. Para bien o para mal, son dos personajes mediáticos, muy alejados del tradicional color gris aburrido de los candidatos de su partido. Un leve problema: se entendían entre ellas mucho mejor hace tiempo. Ahora, no tanto, comentan en sus respectivos entornos. Un leve problema que quedará zanjado con el paso de los días. Aunque no ha arrancado el asunto muy bien, a la vista de las filtraciones y versiones que han circulado por los medios en las últimas horas.

Vuelta a la normalidad

Un PP estupefacto se despertaba ayer del cimbronazo de las listas de Madrid. El proceso seguido por Rajoy no pudo resultar más irregular. Ni siquiera permitió al Comité Electoral regional que presentara sus candidatos. Temían en Moncloa que Ignacio González se hiciera fuerte en su feudo. Nada de líos. El equipo encargado de elaborar las listas, presidido por Alicia Sánchez Camacho, tomó nota de las órdenes que llegaban de las alturas y, a las ocho de la tarde de un viernes en el que arrancaba la campaña andaluza, y con Rajoy en Jerez, desveló finalmente la incógnita.

Como Rajoy no quería hacerlo, Dolores Cospedal fue la encargada de telefonear a Ignacio Gonzálezpara transmitirle la mala nueva. Una contundente sorpresa. Nadie lo esperaba. Ni las formas ni los tiempos. Se hablaba de que Rajoy quería esperar a la celebración de las andaluzas. Así, la presidencia madrileña estaría muy poco tiempo sin titular. Apenas un par de semanas. Ahora, en el despacho de la Puerta del Sol se sentará cada mañana, durante dos largos meses, un presidente que ya sabe que no lo seguirá siendo. Lo que se dice un 'pato cojo'.

González, artífice de gran parte de los éxitos de gestión de Esperanza Aguirre, con quien formaba un tándem imbatible, seguirá entregado a la causa, como siempre. Le perdió el antojo del ático, dicen algunos de los propios. Su gente más fiel y más próxima, que barruntaba alguna puñalada 'amiga', le había recomendado que se desprendiera de él hace ya tiempo. Pero no escuchó. Al cabo, Rajoy tiene a tres tesoreros en el banquillo y no pasa nada, explican.

 


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