Nacional

Rajoy somete a "examen" en Galicia su política de recortes y Rubalcaba se juega afianzar su liderazgo

Moncloa considera prioritario conservar el gobierno gallego frente a la que es la única baza del socialista para no presentar ante sus bases dos derrotas en las urnas y ver mermado su discurso contra la gestión que ha hecho el gobierno de la crisis. En el País Vasco se dilucida si el nacionalismo seguirá el ejemplo de Artur Mas. Urkullu dice que hay todo un camino "conjunto para recorrer en lo que respecta al reconocimiento de los hechos nacionales de Cataluña y Euskadi por parte del Estado"

Rajoy y Rubalcaba se la juegan en esta doble consulta electoral gallega y vasca. Al inquilino de la Moncloa las urnas gallegas le permitirán calibrar en buena medida el impacto de sus políticas de ajuste y recorte. Ese ha sido siempre uno de los temores del Gobierno, que el gallego Alberto Núñez Feijóo recibiera el castigo de los ciudadanos disconformes con la gestión de la crisis que está haciendo el Ejecutivo central. Pero es que además, Feijóo se enfrenta al hándicap de todos los candidatos populares: o mayoría absoluta o descabalgamiento del poder. No le sirve con ganar. Tiene que sacar el escaño de la mayoría absoluta y eso es, paradójicamente, lo que puede acabar de impulsarle. Por que incluso entre los más críticos con el PP, no faltan los que ven con aprensión cómo la alternativa a Núñez Feijóo pasaría por aunar, de nuevo, a PSdG y BNG, a los que hay que añadir a los escindidos del Bloque, capitaneados por José Manuel Beirás. Si ya fue dificil la cohabitación a dos, en el anterior bipartito, ese otro escenario suscita muchas dudas.

Pero no todo está ganado para el PP ni mucho menos. Y eso lo saben en las filas socialistas. Una baja participación, dar por descontado el triunfo, puede desmovilizar al electorado popular. Para el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, hacerse ahora mismo con el gobierno de Galicia sería como haber superado unas primarias, aunque queden lejos de la mayoría absoluta y tengan que tejer una política de alianzas compleja. Necesita un gobierno que echarse a la boca para afianzar su liderazgo ante un panorana complicado en el País Vasco y casi aterrador en Cataluña, donde el PSC puede vivir uno de sus mayores varapalos electorales. Con la alargada sombra de las primarias de verdad cerniéndose sobre él, necesita aparecer entre los suyos como el líder indiscutido e indiscutible, que diría Zapatero.

Eso en clave interna. Porque en clave externa los peligros son de estrategia política. Si los populares salen bien parados en Galicia y, al menos, aguantan en el País Vasco o no sufren demasiado desgaste, el discurso contra la política económica del Gobierno choca frontalmente con la lógica de la artimética electoral. Para Rajoy supondría dar carta de naturaleza a esa teoría suya de la mayoría silenciosa, la que no protesta en la calle contra su política económica.

Rajoy no se puede permitir el lujo de perder el gobierno autonómico de su tierra, Galicia, uno de los bastiones del poder popular

¿Pero qué pasa con Rajoy si los populares pierden el gobierno de Galicia? Además de dar potencia a la estrategia socialista por los motivos ante enunciados, supondría una quiebra en la estabilidad interna de Gobierno y PP, incluso aunque sea por un solo escaño, porque Rajoy habría sido derrotado en su tierra, perdido uno de los bastiones del PP al tiempo que daría dado argumentos a algunos de sus críticos.

Así, es Galicia, más que el País Vasco, la que se juega en clave partidaria. Porque la consulta vasca tiene otras claves políticas importantísimas que no enfrentan a populares y socialistas. Al PP vasco le basta con aguantar. Su aspiración no es la Lendakaritza. Sí ser mayoritarios en Álava, donde los sondeos dan triunfadora a Bildu, cosa poco creíble para PP y PSE. Otra cosa es que perdieran un porcentaje lo suficientemente significativo como para que aquellos que han criticado su política antiterrorista, entre otros, Jaime Mayor Oreja o algunas asociaciones de víctimas del terrorismo, se consideraran cargados de razón.

En el PSOE dan por descontada la salida de Patxi López de la Lendakaritza. Su pugna es por el segundo puesto del ranking, por dentrás del PNV, aunque los sondeos insisten en dar ese lugar a los abertzales. Sin embargo, en el País Vasco sigue habiendo mucho voto oculto por lo que las encuestas siempre han dado un plus a los batasunos y sus diversas marcas. Los socialistas aspiran al menos a atemperar el golpe, no caer demasiado, pero la más que probable pérdida de uno de los pocos gobiernos autonómicos que tienen es un gran varapalo para Rubalcaba.

El discurso socialista contra la política de ajustes y recortes del Gobierno necesita del descabalgamiento de Feijóo como presidente del ejecutivo gallego

Pero la gran cuestión a dilucidar con respecto al País Vasco reside en la deriva por la que opte el más que seguro sustituto de López en el gobierno autonómico, Íñigo Urkullu. El candidato del PNV reconoció el pasado viernes la existencia de sinergias conjuntas con Artur Mas. "Hay todo un camino conjunto para recorrer en lo que respecta al reconocimiento de los hechos nacionales de Cataluña y Euskadi por parte del Estado. Éste es el camino que acordamos recorrer juntos", dijo en una entrevista al diario Ara. Y es ese hipotético camino, el que llena de temores al Gobierno de la Nación.

 2.696.566 gallegos están llamados a las urnas, 397.382 de ellos residentes en el extranjero. En el País Vasco son 1.775.336 los ciudadanos convocados. Ellos tienen la palabra. 


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