Ramón Jáuregui es el nombre que mayor apoyo suscita en las distintas familias socialistas para acceder a la presidencia del partido

El PSOE prepara el desalojo de Griñán de la presidencia del partido si se confirma su imputación

Al PSOE le crecen los enanos justo cuando Alfredo Pérez Rubalcaba creía ya garantizado el retraso de las primarias hasta después de las elecciones europeas. El paso dado por la juez Mercedes Alaya para imputar a José Antonio Griñán ha disparado las voces de quienes dentro del partido consideran un grave desatino seguir manteniéndolo como presidente.

Que la tenaz Mercedes Alaya tenía en su cuaderno la imputación de José Antonio Griñán, era desde hace meses un secreto a voces en Andalucía y también en Madrid. Lo sabía la dirección del Partido Socialista y hasta el propio Gobierno de Mariano Rajoy, algunos de cuyos ministros daban por descontado que la decisión se conocería, incluso, antes de que el presidente rindiera cuentas sobre el ‘caso Bárcenas’ el pasado 1 de agosto. Finalmente, la juez descubrió ayer sus cartas con la apertura del procedimiento para acusar a Griñán en el caso de los ERE, cientos de millones desviados del desempleo a bolsillos agradecidos, en compañía de Manuel Chaves y de cinco de sus ex consejeros. Al líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba le pilló la noticia reunido con su grupo parlamentario en el Congreso donde, curiosamente, había orillado el ‘caso Bárcenas’ para centrarse en la necesidad de endurecer la oposición y presentar alternativas.

El PSOE tardó este martes más de siete horas en reaccionar a la decisión de la juez Alaya y lo hizo atrincherándose en la defensa de Griñán y de Manuel Chaves

Rubalcaba hizo mutis por el foro a la salida de la reunión sin responder a las preguntas de los periodistas, mientras su partido tardó siete horas en reaccionar. Lo hizo a través de la portavoz parlamentaria, Soraya Rodríguez, crítica con el procedimiento emprendido por Alaya para poder imputar a Griñán y especialmente interesada en subrayar que este paso todavía no se ha dado. Pese a esta labor de trinchera, algunos diputados del PSOE sí entraron con prontitud en un debate que, por otra parte, no es nuevo dentro de su partido, pues ya hace meses que en Ferraz se venía planteando el camino a seguir en el caso de que Griñán fuera imputado y su continuidad como presidente de la organización quedara en entredicho.

“La permanencia de Griñán al frente del partido nos quema. Si se formaliza su imputación por un caso tan repugnante como el de los ERE, lo lógico es que dimita del cargo por decencia y porque rompe y entierra todo nuestro discurso contra la corrupción, no podemos estar presididos por un imputado”, mantiene un parlamentario del área económica del PSOE. “Si Alfredo persiste en hacer del ‘caso Bárcenas’ un eje principal de oposición, la continuidad de Griñán en la presidencia desbarata todos sus planes”, razona otra parlamentaria socialista, consciente de que las decisiones de la juez Alaya han dado munición al Gobierno y al PP para mucho tiempo.

Algunos diputados socialistas coinciden en que el PSOE no puede estar presidido por un imputado "por decencia y porque rompe todo nuestro discurso contra la corrupción"

El trance es, cuando menos, engorroso para Rubalcaba. Él fue quien aupó a Griñán a la presidencia del PSOE en el 38º congreso celebrado el año pasado en Sevilla para que cicatrizaran parte de las heridas abiertas por su enfrentamiento con Carmen Chacón, respaldada en este cónclave por la mayoría de los socialistas andaluces. Manuel Chaves no opuso resistencia a abandonar el principal sillón de Ferraz, consciente de la brecha abierta en su partido y convencido también de que la investigación abierta por el caso de los ERE acabaría salpicándole, como así ha sido. Desde entonces, la relación entre Rubalcaba y Griñán ha pasado por muchos vaivenes hasta que éste se hartó de componendas y pactó con Susana Díaz su retirada, cuyo penúltimo capítulo se ha conocido a finales de agosto con su dimisión como presidente andaluz.

Ahora queda por escribir el episodio final, pues Griñán congrega una inflación de cargos: secretario general de su partido en Andalucía, diputado autonómico, presidente del PSOE y, en breve, senador. Tantas ocupaciones solo se explican por su interés en seguir como aforado y escapar, en la medida de sus posibilidades, a las garras de la juez Alaya. Y luego queda ver qué se hace con Chaves, añaden fuentes socialistas, convencidas de que seguirá el mismo camino que José Zaragoza, ex secretario de Organización del PSC, atornillado a su escaño para protegerse de la investigación abierta en Cataluña por el espionaje protagonizado desde la Agencia Método 3.

La próxima designación de José Antonio Griñán como senador le blinda como aforado, además de acumular otros tres cargos en el PSOE y el Parlamento andaluz

Pero con independencia de las maniobras orquestales vinculadas a la política y a la Justicia, dentro del PSOE se asoma también la vena emocional. “Tuvimos como presidente del partido a Ramón Rubial, con más de 20 años de cárcel a sus espaldas por luchar contra el franquismo y una autoridad que solo infundía respeto. Después descendimos un escalón al sucederle en el cargo Manolo Chaves y, si nadie lo remedia, podemos caernos ahora por el despeñadero manteniendo a un imputado”, asegura un veterano socialista.

La dificultad no solo procede de qué hacer con Griñán, sino también de encontrarle un sustituto, alguien que esté a la altura de las circunstancias y, sobre todo, que seaaceptado por todas las tribus socialistas en momentos tan complicados para el partido. Buena parte de las miradas se dirigen hacia el bueno de Ramón Jáuregui, de reconocido talante pacificador, principal maquinista de la conferencia política prevista para noviembre.


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