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Las cinco promesas de Felipe VI ya las hizo Juan Carlos I hace 39 años: de la "diversidad de los pueblos" a la "unidad no es uniformidad"

"Se abre un tiempo nuevo" afirman los políticos, pero se hace con promesas viejas. Los mensajes que el rey Felipe VI lanzó en su proclamación ante las Cortes son idénticos a las que lanzó su padre en 1975 en su juramiento como rey. Crisis, modelo de Estado, no injerencia con la Justicia o la falta de crítica al tiempo pasado son algunos de los mensajes que han sonado igual 39 años después.

El Rey Felipe VI y su padre, el rey Juan Carlos I
El Rey Felipe VI y su padre, el rey Juan Carlos I EFE

El tiempo nuevo llega con promesas viejas. Las promesas que Felipe VI planteó en 2014 son idénticas a las que ya se escucharon en las mismas Cortes en 1975, cuando juró el cargo de rey don Juan Carlos I. Desde la falta de crítica al régimen anterior hasta los compromisos sobre el modelo de Estado, el empleo, la Justicia o la regeneración, éstos son los cinco calcos, 39 años después. 

SIN CRÍTICAS AL PREDECESOR: DE FRANCO A JUAN CARLOS I

Ninguno de los dos monarcas mostraron el menor atisbo de crítica a la labor de quien les precedió. De hecho, ambos agradecieron a su predecesor la labor realizada y ambos juraron continuar su legado aunque el rey Juan Carlos desmontó pronto los principios generales del Movimiento al que apeló en su coronación. También Felipe VI prometió continuidad a la obra de su padre pese a mencionar claros cambios en la "ejemplaridad" y .  

  • Don Juan Carlos se declaró en 1975 “lleno de dolor” por la muerte de Franco del que decía que “una figura excepcional entra en la Historia” y concluía: “el nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español (…) con respeto y gratitud quiero recordar su figura (…) Su recuerdo constituirá para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la Patria (…) España nunca podrá olvidar a quien, como soldado y estadista, ha consagrado toda la existencia a su servicio. De hecho, como su hijo haría 39 años despúes, don Juan Carlos apeló a su padre para decir que "el cumplimiento del deber está por encima de cualquier otra circunstancia. Esa norma me la enseñó mi padre desde niño" concluyendo
  • El nuevo rey don Felipe también arrancó su discurso sin ninguna mención crítica a la labor de su predecesor, don Juan Carlos. “Quiero rendir un homenaje de gratitud y respeto hacia mi padre, el Rey Juan Carlos I”, decía el nuevo monarca que aseguraba que “un reinado excepcional pasa hoy a formar parte de nuestra historia con un legado político extraordinario (...) mi padre manifestó que quería ser Rey de todos los españoles. Y lo ha sido”. Don Juan Carlos fue mencionado como símbolo de la resistencia al golpe del 23-F sin menciones a las etapas posteriores que empañaron su reinado, “bajo su liderazgo y con el impulso protagonista del pueblo español, construyó los cimientos de un edificio político que logró superar diferencias que parecían insalvables, conseguir la reconciliación de los españoles, reconocer a España en su pluralidad y recuperar para nuestra Nación su lugar en el mundo”, decía el nuevo rey que, al igual que su padre antes que él, prometía continuidad asegurando “espero que podamos seguir contando muchos años con su apoyo, su experiencia y su cariño”.

CRISIS: "NI UN ESPAÑOL SIN TRABAJO"

Cuando don Juan Carlos llegó al trono en 1975, la crisis económica también afectaba a un país que pagaba tipos de interés de dos dígitos y que tenía una tasa de paro que preocupaba porque llegaba al 3,75%. Cuatro décadas después, esa tasa de paro se ha multiplicado por mas de seis y las expresiones de preocupación han vuelto a repetirse sin cambios.

  • Don Juan Carlos se marcó entonces como “deber fundamental el reconocimiento de los derechos sociales y económicos, cuyo fin es asegurar a todos los españoles las condiciones de carácter material que les permitan el efectivo ejercicio de todas sus libertades” y remataba: “hoy queremos proclamar que no queremos ni un español sin trabajo ni un trabajo que no permita a quien lo ejerce mantener con dignidad su vida personal y familiar, con acceso a los bienes de la cultura y de la economía para él y para sus hijos”.
  • Don Felipe repetía idéntica promesa económica, al “transmitir mi cercanía y solidaridad a todos aquellos ciudadanos a los que, el rigor de la crisis económica ha golpeado duramente hasta verse heridos en su dignidad como personas”. Igual que hizo su padre, don Felipe dijo que “tenemos con ellos el deber moral de trabajar para revertir esta situación y el deber ciudadano de ofrecer protección a las personas y a las familias más vulnerables (…) de que la solución de sus problemas y en particular la obtención de un empleo, sea una prioridad para la sociedad y para el Estado”, remataba.

EL PROBLEMA TERRITORIAL 39 AÑOS DESPUÉS

Otro de los grandes ejes de ambos discursos fue el modelo territorial de España. Con Euskadi y Cataluña como problemas en 1975, Cataluña y Euskadi volvían a sobrevolar la proclamación de 2014. 39 años después, las promesas sobre la situación territorial han sido casi idénticas.

  • Don Juan Carlos proclamaba en 1975 que debían respetarse las diferencias. “Un orden justo, igual para todos, permite reconocer dentro de la unidad del Reino y del Estado las peculiaridades regionales como expresión de la diversidad de pueblos que constituyen la sagrada realidad de España. El Rey quiere serlo de todos a un tiempo y de cada uno en su cultura, en su historia y en su tradición”, concluía
  • Don Felipe ha hecho exactamente la misma promesa 39 años después al asegurar que “unidad no es uniformidad” y al “proclamar su voluntad de proteger a todos los pueblos de España, sus tradiciones y culturas, lenguas e instituciones. “En esa España, unida y diversa, basada en la igualdad de los españoles, en la solidaridad entre sus pueblos y en el respeto a la ley, cabemos todos; caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben todas las formas de sentirse español”, remataba como su padre había hecho 39 años antes.

LA JUSTICIA ES IGUAL PARA TODOS

La apelación a la Justicia y a la imparcialidad han sido calcadas 39 años después. Pese a los llamamientos, don Juan Carlos se marcha entre denuncias de interferencias para frenar la imputación de su hija pese a asegurar en Nochevieja que “la Justicia es igual para todos”

  • Don Juan Carlos I declaró en 1975 cuando juró como rey que quería ser “promotor de la justicia” y concluía: “Que nadie tema que su causa sea olvidada; que nadie espere una ventaja o un privilegio (…) Guardaré y haré guardar las Leyes, teniendo por norte la justicia”.
  • El rey Felipe VI ha proclamado un compromiso de imparcialidad casi idéntico. Así, don Felipe se declaraba “un Rey, en fin, que ha de respetar también el principio de separación de poderes y, por tanto, (…) respetar en todo momento la independencia del Poder Judicial”. Sus palabras llegan a puertas de que su hermana sea imputada por un juez por delito fiscal.

EL REY EJEMPLAR

La ejemplaridad que acaba de prometer el nuevo rey recuerda a la que su padre prometió hace 39 años. Sin embargo, en tiempos de crisis de la Corona, don Felipe ha sido mucho más explícito en su compromiso de regeneración institucional.

  • Don Juan Carlos reclamaba en 1975 que “el El Rey es el primer español obligado a cumplir con su deber y con estos propósitos. En este momento decisivo de mi vida afirmo solemnemente que todo mi tiempo y todas las acciones de mi voluntad estarán dirigidos a cumplir con mi deber”.
  • Don Felipe ha prometido en 2014 la regeneración de la institución al asegurar que “hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda la razón que los principios morales y éticos inspiren -y la ejemplaridad presida- nuestra vida pública. Y el Rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no sólo un referente sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de todos los ciudadanos”.

La diferencia fundamental entre ambos discursos fue su apelación a la legitimidad. En su juramento como rey, don Juan Carlos se declaraba y se reivindicaba como rey basándose en “la tradición histórica y las Leyes Fundamentales” del movimiento. Por el contrario, en su alocución, don Felipe declaraba “mi fidelidad a la Constitución permanente e irrenunciable”. También al contrario que su padre, que dijo “el Rey es y se siente profundamente católico y expresa su más respetuosa consideración para la Iglesia”, en la proclamación de don Felipe no ha habido crucifijos, ni misas.

Pero esas diferencias se ahogaban en una coincidencia más: al terminar su discurso los parlamentario ahogaban las palabras del nuevo rey con el grito “¡Viva el Rey! ¡Viva España!”


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