El monarca emérito vive alejado de la Zarzuela y la vida oficial

Primer aniversario de la abdicación: don Juan Carlos, un rey de tres estrellas (Michelín)

Ha cambiado la soledad de Palacio por el bullicio de los restaurantes; el trono por los manteles y la corona por el cuchillo y el tenedor. Don Juan Carlos, un año después de su abdicación, se ha convertido en un trotamundos de la gastronomía, en un asiduo de los establecimientos más granados, en un peregrino de la guía Michelín.

Don Juan Carlos en la ceremonia de proclamación del rey Felipe VI.
Don Juan Carlos en la ceremonia de proclamación del rey Felipe VI. GTRES

El 2 de junio de 2014, don Juan Carlos se asomaba a la televisión para anunciar, precipitada y atropelladamente, que había decidido abdicar en la figura de su hijo, quien asumiría la corona quince días después, el día 19 de ese mismo mes. Superado el trance de la renuncia, don Juan Carlos se ha retirado casi por completo de la actividad pública. No deseaba interferir en el aterrizaje del heredero, que ha tenido que luchar con esfuerzo y dedicación para recuperar el nivel de aprecio de la institución en la sociedad española. La Monarquía estaba bajo mínimos, después de Corinna, Botswanna y demás sucedidos inconfesables que llevaron a su protagonista a demandar perdón a los españoles, en una comparecencia atropellada y chusca.

Un año después de aquel paso histórico, don Juan Carlos mantiene la misma actitud que el primer día que dejó la Corona. Segundo plano, siempre en segundo plano.Esta es ahora su filosofía vital, su actitud y su comportamiento. Recuerdan los próximos al rey emérito que no asistió a la ceremonia de proclamación de su hijo por este mismo motivo. "No robarle plano". Tres meses tardó don Juan Carlos en aparecer en una fotografía con su hijo Felipe VI. Lo hizo con ocasión del 75 aniversario del Ejército del Aire, una ceremonia que el monarca saliente no quería perderse dado sus vínculos.

Viajes y ocio

Desde su retirada, don Juan Carlos se ha zambullido con entusiasmo en los viajes y el ocio."Me veo fenómeno, pero ahora estoy mejor, mucho más descansado", comentó al contemplarse en el retrato de la familia real elaborado porAntonio López. "Ahora tiene preocupaciones, pero no obsesiones", comentan en su entorno. Le inquietan ciertos aspectos de la realidad política nacional. Tanto que incluso se dijo en su momento que el avance de Podemos fue uno de los elementos desencadenantes que aceleró su renuncia. Había temor a no poder hacer un relevo en la Corona con tranquilidad.

Aún reside en las "dependencias de arriba", donde apenas coincide con doña Sofía, que pasa mucho tiempo fuera de España y que ya no muestra interés alguno en compartir algo de tiempo con él

Reside aún el viejo rey en el Palacio de la Zarzuela, en las llamadas "dependencias de arriba", donde apenas coincide con su todavía esposa, doña Sofía, que pasa mucho tiempo fuera de Españay que ya no muestra interés alguno en compartir algo de tiempo con su marido. Incluso cuando ambos se encuentran en Palacio, apenas se hablan, casi ni se saludan, según las mencionadas fuentes. Aparecieron juntos en público, por vez primera desde la renuncia, hace unas semanas, con motivo de la primera comunión de la princesa de Asturias, la pequeña doña Leonor.

Don Felipe y doña Letizia siguen viviendo en el "Pabellón del Príncipe", la funcional residencia de soltero del actual rey y que ahora se ha convertido en un hogar familiar. En la casa nadie desvela si en algún momento se producirá la mudanza anunciada ya que en su momento se dijo que los reyes residirían finalmente en Palacio, como corresponde.

Inhóspito palacio

Recibe el rey padre a amigos y conocidos en el salón de Palacio donde siempre lo ha hecho. Ya no ve a Corinna, según las mismas fuentes. Cambió, eso sí, de despacho, puesto que el suyo de toda la vida, en la primera planta, lo ocupa su hijo desde el relevo. Le produce a don Juan Carlos una enorme pereza trasladarse hasta el Palacio Real, donde oficialmente asentó sus dependencias oficiales y donde, de vez en cuando, despacha alguna visita oficial o concede alguna audiencia. Tiene allí su rincón compuesto de despacho holgado, antedespacho amplio, sala de espera y despacho de secretaría. Cuatro piezas en un océano de mármol.

Una vez por semana, a lo sumo, se deja ver el rey emérito por ese frío edificio, el mayor palacio de Europa con sus casi 1.500 habitaciones y sus 130.000 metros cuadrados. Lo considera un mausoleo, desangelado, inhóspito. Cuando no tiene más remedio, por cuestiones de horario o de agenda, almuerza allí, algo que detesta, no porque la cocina no sea de su agrado sino porque abomina del ambiente. Nunca le gustó. Está bien el Palacio para las cenas oficiales que se ofrecen con ocasión de visitas de dignatarios extranjeros, pero no como ámbito de actuación para desarrollar un día a día.

Apenas tiene compromisos oficiales en su agenda. Como mucho, un par de cosas al mes. Una final de fútbol, las corridas de San Isidro, alguna ceremonia castrense. Desde su jubilación, don Juan Carlos ha presidido o participado en 25 actos, ha pronunciado una docena de discursos y ha celebrado media docena de audiencias. Lo mínimo imprescindible para cumplir con estamentos próximos o para echarle una mano a su hijo, cuando la agenda está a rebosar.

Vuelos trasatlánticos

Prefiere huir, estar lejos, que no se le vea mucho. Ya no le agrada quedarse en Madrid. "Le gusta viajar y comer, y ahora puede hacerlo", dicen en su entorno. La intervención de cadera del doctor Cabanela, tan mediática, tan intensa, resultó bien, aunque no ha conseguido abandonar el bastón, en contra de lo prometido por el cirujano. Dedica dos horas de la mañana a gimnasia y piscina. Está más fuerte, puede caminar y sobre todo, volar. Ya se lanza a viajes transatlánticos que antes ni soñaba. Casi siempre invitado, dicen, porque tiene amigos poderosos. Como los Fanjul de México, país en el que estuvo no hace mucho. Los ingresos del rey padre quedaron reducidos este año en un 36 por ciento, ya que ha pasado de cobrar 292.752 euros a los actuales 187.356, una cifra que se irá reduciéndose acuerdo lo que comentan fuentes familiares. La austeridad pretende ser norma en la nueva Zarzuela. Igual que la transparencia. Y la normalidad.

A lo que más dedica su tiempo don Juan Carlos es a las rutas gastronómicas y en este tiempo ha visitado los principales establecimientos de restauración del país

Llamó la atención, por ejemplo, descubrir, por la fotografía de un turista, que había pasado la fiesta de fin de año en Los Ángeles, en el Robertson Boulevar, local de mucho tirón entre la jet internacional. También ha viajado, por motivos oficiales, a la toma de posesión de presidentes, como Colombia o Uruguay. En viaje privado se desplazó a Arabia Saudí, con ocasión del fallecimiento del rey Abdalá Abdulazz, de quien era estrecho amigo. Los intereses de don Juan Carlos en el Golfo arábigo fueron en su día motivo de preocupación y hasta de escándalo político y social.

A lo que más dedica su tiempo don Juan Carlos es a las rutas gastronómicas. Es un gran comensal y excelente bebedor, así como excelente animador de tenidas gastronómicas en las que se reúne con amigos o conocidos en diferentes zonas del mundo. Empezó por una velada en Currito, el clásico templo de la sardina y la chuleta de la Casa de Campo. Allí celebró su cena de despedida de todo el equipo de Zaruzela. Luego vinieron las morcillas del Landa (Burgos), Amparito Roca (Guadalajara) y, posteriormente, rumbo a las estrellas Michelín. Akelarre, Arzak, Celler de Can Roca, Atrio... Uno detrás de otro, el monarca saliente se ha dedicado a recorrer los principales establecimientos de restauración de nuestro país. A visitar con calma y en compañía amigable, los templos de la guía Michelín, los locales distinguidos con dos o tres estrellas. Sus visitas a estos fogones tienen rápido reflejo en la prensa ya que a don Juan Carlos no le importa que le fotografían, e incluso él mismo aparece en selfies improvisados por paseantes y turistas.

Don Juan Carlos, en efecto, ahora sí puede decirse que vive a cuerpo de rey. En el entorno familiar sugieren que poco a poco, una vez que se haya asentado don Felipe, el rey padre podría asumir más actividad. Siempre y cuando se le solicite ayuda. De momento, padre e hijo están satisfechos con el papel que lleva a cabo cada uno. Felipe VI, intentado consolidarse en un trono que encontró desvencijado. Y su padre, lejos del mundanal ruido, para no intervenir, no molestar y, sobre todo, no perjudicar la imagen de su hijo. Entre viandas y caldos, entre manteles y bodegones.


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