La Casa Real delega en Rafael Spottorno su representación en la Fiesta del 35 aniversario celebrada ayer en el Congreso

Rajoy y Rubalcaba usan la Constitución como arma arrojadiza sin querer sumar esfuerzos para apagar el incendio catalán

Mariano Rajoy acudió ayer al Congreso para conmemorar el 35 aniversario de la Constitución después de vigorizar sus músculos con una caminata de seis kilómetros. Con pose tranquila y pensando ya en las vacaciones navideñas, el presidente descartó una reforma constitucional mientras, a escasos metros, el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, defendía las ventajas de dar este paso. Ambos han tomado la Constitución como arma arrojadiza con una discrepancia de fondo sobre cómo sofocar el incendio catalán.

Con más profundidad que Mariano Rajoy ante un corrillo con periodistas, el presidente del Congreso, Jesús Posada, fijó en su discurso institucional las condiciones para una reforma de la Constitución. La puerta a esta reforma está abierta, advirtió, pero para pasar por ella tiene que justificarse su oportunidad y reunirse el mismo consenso que se dio en 1978 para redactar todos sus artículos. Un proceso que tiene que abordarse “con extraordinaria cautela y gran sentido de la responsabilidad”. No hay mimbres suficientes para hacer el cesto.

El presidente del Gobierno no ve ni la oportunidad ni el consenso necesario para reformar ahora la Constitución

Esta posición perfectamente definida del Gobierno que expresó Posada queda rechazada no tanto por la diplomacia con la que ayer se explicó ante los periodistas Alfredo Pérez Rubalcaba entre las bandejas de canapés, sino por el argumentario que su partido elaboró el jueves en defensa de la reforma constitucional. En su texto puede leerse. “Las decisiones promovidas por el Gobierno en los dos últimos años han debilitado las estructuras básicas del Estado de bienestar y han recortado derechos sociales, laborales y públicos. Las que se anuncian para el inmediato futuro pueden afectar gravemente a los derechos civiles, políticos y a las libertades y garantías que la Constitución establece”. Al final del argumentario, los socialistas cuelgan también su apuesta por el modelo federal, cuestión de fondo que, en opinión de Rubalcaba, convierte en imprescindible el cambio constitucional y no la apertura de un proceso constituyente.

Quien esto defiende fue quien se opuso en voz baja en el verano de 2011 a la reforma exprés que promovió José Luis Rodríguez Zapateropara instalar en la Constitución el principio de estabilidad presupuestaria. El ex presidente sí contó para ello con el respaldo del PP. Las cosas han cambiado y en estos momentos es impensable que Mariano Rajoy, que no se opone en banda a casi nada, avale una nueva redacción de la Carta Magna que, en su opinión, solo se plantea para que el PSOE resuelva su conflicto con el PSC y, por añadidura, cuestione las políticas que el PP ha aplicado desde su regreso a La Moncloa hace dos años.

El PP opina que los socialistas solo defienden la reforma constitucional para pacificar su relación con el PSC y cuestionar las políticas del Gobierno

El centenar largo de invitados a la Fiesta de la Constitución que entre copa de rioja y vermut hablaron ayer de economía, Bárcenas, Agencia Tributaria y algunas preocupaciones reflejadas en el último CIS, no tendrán en breve otro tema de conversación que no sea el de Cataluña, cuando antes de fin de año Artur Mas, si cumple el compromiso contraído con ERC, ponga fecha al referéndum. Lo oído ayer en el Congreso anticipa que los dos grandes partidos tomarán este año las uvas sin haber llegado siquiera a un principio de acuerdo para sofocar el incendio catalán y se verán obligados a bailar la música que toquen desde la Generalitat, aunque Rajoy se mostró ayer visiblemente tranquilo, pensando ya en las vacaciones navideñas y con los músculos en forma después de haber recorrido a primera hora de la mañana seis kilómetros.

El expresidente Montilla, que nunca asistió antes a la Fiesta de la Constitución, hizo un cántico al sentido común

El presidente y algunos ministros comentaron por separado que hay que esperar a conocer la pregunta sobre el referéndum para tomar decisiones y que el Gobierno actuará a pie de obra de los acontecimientos desde la convicción de que no se romperá la soberanía nacional. Detrás de estas palabras se esconde también la creencia de Rajoy de que el PSOE actúa en su defensa de la reforma constitucional a remolque de la fiebre soberanista que sacude a CiU desde hace dos Diadas, con el propósito de evitar su ruptura con el PSC y de buscar, al mismo tiempo, una salida para Artur Mas dentro del angosto callejón en el que le ha metido su apuesta secesionista. El expresidente José Montilla, que en su etapa como ministro de Industria y, después, como presidente de la Generalitat, no pisó ninguna Fiesta de la Constitución, ayer sí hizo acto de presencia en ella acompañado de varios diputados nacionales de su partido que se esforzaron con ahínco por dejarse ver. Tres años después de haber presidido el tripartito que puso a Cataluña en dirección hacia el abismo, Montilla balbuceó ayer un montón de vaguedades sobre la importancia del sentido común en política. Su partido no participó en Barcelona en la manifestación que juntó a miles de ciudadanos en defensa de la Constitución. Lenguajes y actitudes diferentes para cada ocasión y lugar.

Rajoy aprovechará las vacaciones de Navidad para pensar en el candidato a las europeas e insiste en que no prevé cambios en el Gobierno

Varios ministros recordaron también en los corrillos que Rubalcaba ha izado la bandera de esta reforma sin el acuerdo previo en sus filas y con voces potentes que dentro del socialismo dudan de que el cambio de la Constitución sirva para desactivar las ambiciones nacionalistas o que la apuesta federalista valga para introducir mayor solidaridad entre las 17 comunidades autónomas.

Los más directamente aludidos por la reforma que plantea el PSOE -CiU, ERC e Iniciativa- no aparecieron ayer por el Congreso, como tampoco el Rey, convaleciente de su operación de cadera, ni los Príncipes de Asturias o las infantas. La Casa Real delegó en su jefe, Rafael Spottorno, la representación, y él aprovechó para intercambiar impresiones con el presidente del Gobierno, el líder de la oposición y varios ministros y diputados. La Fiesta, más deslucida que otros años, no daba para más.

En los corrillos del Congreso se comentó el empeoramiento de la salud de Adolfo Suárez, algunos de cuyos ministros conmemoraron ayer el 35 aniversario de la Constitución

A los corrillos en los que Rajoy comentó a su manera que aprovechará las Navidades para reflexionar sobre el candidato del PP a las europeas y que no prevé cambios en el Gobierno salvo que se vea obligado a ello, se sumaron otros muchos y en algunos de ellos se habló también del empeoramiento de la salud de Adolfo Suárez, quien hace tiempo ya ni siquiera puede levantarse de la cama. De su etapa se vieron ayer algunas caras en la Fiesta que dio el Congreso, entre ellas las de Landelino Lavilla, Salvador Sánchez Terán, Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona, Alberto Oliart o Luis Gámir, todos ellos agraciados, unos más que otros, por el elixir de la eterna juventud.


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