En las filas socialistas se critica su discurso desordenado y sin alternativas

Los cinco errores de Pedro Sánchez en el debate de la nación que alientan la contestación dentro del PSOE

El secretario general del PSOE necesitaba ganar el Debate sobre el estado de la Nación para fortalecer su liderazgo dentro del partido, pero muchos de sus diputados consideran que ha pinchado frente a Mariano Rajoy con una intervención desordenada y sin alternativas en la que solo sobresalió, y con matices, en la denuncia ya antigua del ‘caso Bárcenas’.

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, en su réplica a la intervención de Mariano Rajoy.
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, en su réplica a la intervención de Mariano Rajoy. EFE

Desánimo es la palabra que mejor define, quizás, el ambiente que se palpaba ayer tarde entre buena parte de los diputados socialistas después de ver el combate librado entre su jefe de filas y el presidente del Gobierno. Pese a que algunos parlamentarios del PSOE se esforzaron por exhibir en los pasillos del Congreso su optimismo, la primera jornada del debate sobre el estado de la nación se clausuró anoche con una impresión bastante extendida de que Pedro Sánchez ni acertó en las formas –habló deprisa, demasiado sobreactuado y confuso– ni tampoco en el fondo: no planteó alternativas nuevas y en sus argumentos de política económica resultó poco creíble ya que, en palabras de un veterano parlamentario socialista, “tiene mucho fondo de armario” que esconder después de la gestión hecha por el último Gobierno Zapatero.

Estas fueron las principales debilidades detectadas en la intervención de Pedro Sánchez, que ni siquiera utilizó el último turno de réplica que le quedaba para responder a un Mariano Rajoy que le calificó de “patético”.

  • Discurso sin alternativas. Salvo la derogación de varias reformas aprobadas por el Gobierno, entre ellas la laboral, y la aprobación de un nuevo Estatuto de los Trabajadores, Pedro Sánchez eludió concretar las alternativas de política económica que propone su partido para consolidar la recuperación y se limitó a describir algunas consecuencias de los recortes de gasto promovidos por el Gobierno desde 2012. Esta estrategia le puso en bandeja al presidente recordar lo que algunos diputados socialistas llaman el “fondo de armario” del PSOE: 3,4 millones de empleos destruidos durante el último Gobierno de Zapatero, dos recesiones consecutivas, un déficit del 9%, un desplome de la recaudación tributaria de 70.000 millones de euros, crecimiento del 13% del riesgo de pobreza y la herencia de un país al borde de la quiebra.
  • La invasión del espacio de Podemos. Lo dijo Mariano Rajoy –“Usted piensa más en el señor [Pablo] Iglesias que en los problemas de España” –, y es algo que comparten también numerosos parlamentarios socialistas. Pedro Sánchez hizo en buena parte de su discurso una crítica tan acerada al Gobierno en aspectos sociales que se adentró en el perímetro de la misma diatriba que hace Podemos, en la que pretende reflejar a un PP y a un presidente del Gobierno alejado de la calle, promotor de la precariedad laboral y desconectado de la realidad, rozando los mismos reproches que la organización de Pablo Iglesias hace al funcionamiento de la Sanidad y la Educación. “Usted es la derecha de siempre”, le espetó Sánchez al presidente del Gobierno. Una hora después de acabar el duelo dialéctico entre ambos, Ferraz colgaba el siguiente comunicado: El PSOE gana el debate en las redes sociales, como demuestra el hecho de que los dos hashtags lanzados por el partido se han convertido en el segundo y el tercero más seguidos por los usuarios de Twitter”.
  • La corrupción como tabla de salvación. Después de media hora larga de discurso desordenado y repetitivo en sus argumentos, Pedro Sánchez se aferró al ‘caso Bárcenas’ como tabla de salvación. Fue en su segunda réplica y en ella se movió algo más tranquilo, con frases ininteligibles y de mayor impacto mediático. “Soy un político limpio”, dijo con firmeza. “A mí, lecciones sobre corrupción, ni una”. El líder socialista le preguntó a Rajoy de dónde sacó el extesorero del PP su fortuna, quién repartía los sobres con sobresueldos en la sede de su partido, quién contrataba con las empresas, con quién se cruzó mensajes de móvil… En opinión de Sánchez, Bárcenas y el PP son lo mismo, lo que invalida cualquier discurso del presidente del Gobierno sobre la corrupción. El problema es que minutos antes, Rajoy le había recordado al líder socialista que éste había permitido que Manuel Chaves y José Antonio Griñán, ambos expresidentes de Andalucía, sigan sentados en sus escaños del Congreso y el Senado, pese a estar imputados.
  • Falta de cintura política. Algunos diputados socialistas se quedaron pasmados cuando Pedro Sánchez, en su réplica a Mariano Rajoy, puso sobre el atril unos apuntes escritos de los que no se saltó ni un solo renglón. Versaban en su mayoría sobre el ‘caso Bárcenas’ y no fue capaz de improvisarlos, de lo que se dio perfecta cuenta el presidente del Gobierno, que no tardó ni cinco minutos en afear al líder de la oposición la lectura disciplinada de lo que le habían redactado sus asesores. La sorpresa en las filas socialistas no acabó ahí. Buena parte de sus integrantes quedaron asombrados por la renuncia de Sánchez a utilizar su último turno de réplica al presidente, algo que carece de antecedentes en un debate de esta naturaleza.

  • Argumentos atropellados y desordenados. Fue difícil para los componentes del arco parlamentario seguir el discurso del jefe de la oposición. Su intervención fue atropellada, como si se le estuviera ajustando el tiempo o tuviera ganas de dejar la tribuna de oradores. Mezcló todo tipo de ingredientes en su foto de coyuntura, hasta convertir en ininteligible una parte considerable de su exposición. Se notaba que era primerizo, comentaban ayer algunos diputados socialistas, de los que le apoyaron en las primarias y de los que no.

Acabada la primera jornada del debate, este balance abona, según fuentes socialistas, un aumento de la contestación interna hacia el secretario general del PSOE en un momento en el que su carrera política depende, más que nunca, del examen que Ángel Gabilondo pase en mayo en Madrid y de los movimientos que promueva la presidenta andaluza, Susana Díaz, cuando haya pasado por las elecciones del mes que viene y disponga de una foto completa de situación.


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