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Montoro-Rato: una amistad que sufrió con Gescartera, se recuperó en el FMI y quebró con Bankia

¿Cuándo se fue al traste la amistad entre Rodrigo Rato y Cristóbal Montoro, dos de los baluartes de la política económica del PP cuya imagen se embarra hoy hasta las cachas?, ¿qué ha ocurrido en esta relación marcada por las envidias y los desprecios para que acabe con un fusilamiento en plena plaza pública?

Cristóbal Montoro, Rodrigo Rato y Mariano Rajoy en una imagen de archivo
Cristóbal Montoro, Rodrigo Rato y Mariano Rajoy en una imagen de archivo Efe

“Sí, estoy enfadado y decepcionado. (…) Que una persona de la relevancia de Rodrigo Rato se haya podido comportar así, que haya defraudado así a la ciudadanía”, sentenció un Montoro indignado ante un corrillo de periodistas. De amigo y subordinado a sepulturero del cadáver público todavía zombi de Rodrigo Rato. ¿Cuándo se fue al traste la amistad entre Rato y Montoro, dos de los baluartes de la política económica del PP cuya imagen se embarra hoy hasta las cachas?, ¿qué ha ocurrido en esta relación marcada por las envidias y los desprecios para que acabe con un fusilamiento en plena plaza pública? Y todo ello al tiempo que a una parte no menor del PP se le revuelve la sangre por el maltrato practicado a su hombre fetiche, aunque sólo sea en su fuero interno y únicamente lo expresen para su solapa…

Corrían los primeros años de la década de los 90 y el PP habitaba en la oposición. En el capítulo económico, Rato tan sólo contaba entre sus subalternos con el trío formado por Güemes, Pisonero y Garcés, todavía demasiado jóvenes. De modo que Aznar acudió al venerado José María Cuevas, presidente de la CEOE, en busca de nombres con los que rellenar su plantel de teóricos con lustre. De la órbita de la patronal, aterrizaron en el seno del PP dos académicos, José Folgadoy Cristóbal Montoro, este último por aquel entonces director del prestigioso think tank de la patronal, el Instituto de Estudios Económicos. El primero es ahora presidente de Red Eléctrica y se incrustó en el grupo de asesores áulicos de Rato. En cambio, el segundo se convirtió en uno de los economistas de cabecera de José María Aznar. Hasta el punto de que cuando el PP alcanzó el poder, Aznar impuso a Montoro como secretario de Estado de Economía y por lo tanto como subordinado del ministro Rodrigo Rato…

A partir de entonces, Montoro tiene que padecer a Rato, siempre insoportable con cualquiera de sus adláteres. “Rodrigo presenta los dos extremos: puede ser increíblemente encantador o particularmente inaguantable. Esto último era lo habitual con quienquiera que estuviese bajo su batuta”, comenta alguien que conoció bien al exvicepresidente.

Pese a lo que se piensa, Montoro era un hombre de Aznar. Rato nunca le perdonó que le arrebatase las competencias de Hacienda

Aún así, Montoro conserva el hilo directo con el presidente. Mientras Rato se dedica a jugar al monopoly y colocar en el Ibex a sus allegados, el secretario de Estado despacha directamente con Aznar, que suele puentear a Rato. “Montoro era muy disciplinado y no se saltaba la jerarquía establecida, pero a Aznar le gustaba llamarlos de uno en uno y supervisar de cerca la política económica”, explica una fuente que vivió esos años.

De acuerdo con diversas versiones, las tensiones afloran en todo su esplendor cuando en la segunda legislatura se designa a Montoro ministro de Hacienda. El vicepresidente Rato se siente capitidisminuido porque le han vaciado su cartera y desprecia a Montoro al igual que hace con todo el mundo. “Tuvieron que entregar a Rato las competencias del Ministerio de Industria para que tragase con el nombramiento de Cristóbal. Rodrigo nunca se lo perdonó”, apuntan.

A su vez, Montoro también guarda un cierto resentimiento hacia Rato. “Imagínenselo. Rodrigo es un animal político y excelente orador que cosecha todos los méritos de una política económica de la que en realidad es autor Montoro. Para colmo, Cristóbal procede de orígenes humildes, justo lo contrario que Rato. En el fondo, Montoro representa a pesar de todo una gran historia de éxito desde la pobreza de su Jaén natal. Sin embargo, se siente acomplejado con Rodrigo y resiente de él su condición de niño pijo y consentido que ni siquiera había estudiado en verdad Económicas”, señalan varias personas del campo contrario.

En su afán de salvarse como fuese, Rato quiso convertir a Montoro en uno de los responsables políticos del escándalo de Gescartera

Y en ese contexto estalla el escándalo de Gescartera, un chiringuito financiero que defraudó unos 50 millones de euros captados entre ahorradores. Poco a poco, el caso toma tal fuerza que alcanza las más altas instancias del Gobierno de José María Aznar. “Al principio, Rato no le echó cuenta. Pero conforme se conocían más y más datos, las posaderas le olían a pólvora y se puso nervioso, muy nervioso”, recuerdan.

Implicado en la trama, el banco HSBC había concedido un crédito a la familia Rato Figaredo que pone contra las cuerdas al vicepresidente. Con tal de salvarse, el número dos 'in pectore' del Ejecutivo reacciona a la desesperada, filtrando a diestro y siniestro en una búsqueda loca de chivos expiatorios. Caiga quien caiga, se dice Rato. Y entre las cabezas que ofrece para que ejerzan de cortafuegos sobre su persona sirve la de Montoro. Sólo la intervención decidida de Aznar para los pies a Rodrigo, y el affaire se resuelve con las dimisiones del secretario de Estado de Hacienda, Enrique Giménez-Reyna, y la presidenta de la CNMV, Pilar Valiente.

En ese instante se detienen las responsabilidades políticas. Pero la relación de ambos se trunca. Y únicamente se restablece cuando Rato viaja a Washington al objeto de presidir el FMI. Allí coincide con Ricardo Martínez Rico, exsecretario de Estado, socio y amigo íntimo de Montoro. Haciendo las Américas, Rodrigo y Ricardo forjan algunos vínculos que cristalizan en una curiosa relación comercial: José Manuel Fernández Norniella, el hombre de confianza de Rato, entra a formar parte por un tiempo de Equipo Económico, la consultora de la que es miembro fundador Cristóbal Montoro y que tantos quebraderos de cabeza le trae.

“Lo de Rato me recuerda cada vez más a la noche de los cuchillos largos de la Alemania nazi”, sostiene alguien del Partido Popular.

Por aquella época los dos ya habían pasado página. A pesar de la distancia, Rodrigo lo seguía siendo todo en el PP. Todavía presidente del FMI y posible sucesor de Rajoy si éste la pifiaba, a su llamada todos se cuadraban, relata más de un testigo.

Así que Montoro y Rato mantuvieron los lazos, unos nexos que se desintegraron cuando se produjo la quiebra de Bankia y la salida de éste de la entidad. En esta ocasión Montoro se posicionó claramente en contra del antaño icono del PP. Ni siquiera figuró entre los miembros del Gobierno que acudió a consolar al ídolo caído en un almuerzo que se celebró a los pocos días en el Palacio de Viana, sede del Ministerio de Exteriores. En definitiva, el actual titular de Hacienda por fin había cortado amarras con su antiguo jefe.

Muchos compañeros de partido señalan en privado a Montoro y a la vicepresidenta Soraya cuando subrayan la exagerada reacción al caso de Rato. “Esto me recuerda cada vez más a la noche de los cuchillos largos de la Alemania nazi”, sostiene alguien del partido. Y prosigue: “Pese a lo que insinúe, Montoro no sabe cómo filtrar una noticia". Pero la responsabilidad de la sobreactuación parece otra cosa distinta una vez publica Vozpópuli la noticia. Forzado a ganar predicamento entre los militares, Hitler tuvo que represaliar a las camisas pardas de la SA que le llevaron en volandas al poder. Ya no eran necesarios. De hecho, constituían un tremendo lastre porque estaban descontrolados y rebelaron al Ejército, que los veía como claros antagonistas. Había que desprenderse de sus cabecillas si querían consolidar el régimen nazi. De ahí el inicio de la noche de los cuchillos largos. Pues en el PP se palpa algo igual. El partido está en peligro y hay que purgar a una parte del viejo PP con filtraciones continuas a los medios para que la formación emerja limpia del envite. Lo de Rato fue la noche en que se quiso cortar amarras con el viejo PP”, sugiere este altavoz de los mentideros próximos a la calle Génova.


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