Moncloa respira aliviada con la nueva situación

Cifuentes y Montoro entierran el hacha de guerra: Madrid pedirá la ayuda del FLA

Cristina Cifuentes ya ha firmado la paz de su Gobierno con Montoro y recurrirá al FLA para recibir financiación. Después de años de dura pugna entre la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Hacienda, la presidenta madrileña ha dado un vuelco absoluto a esta relación.

Cristina Cifuentes y el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta.
Cristina Cifuentes y el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta. EFE

Las tensiones entre la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Hacienda han pasado a mejor vida desde la llegada de Cristina Cifuentes a la presidencia regional. Tan normalizadas están las relaciones, después de años de duros enfrentamientos, que el gobierno madrileño ya ha comunicado a Hacienda que piensa acogerse al rescate del FLA (Fondo de Liquidez Autonómica); para hacer frente a compromisos anteriores y a proyectos que acaba de poner en marcha.

Esperanza Aguirre, primero, e Ignacio González, luego, se negaron siempre en redondo a recurrir a este Fondo, para evidenciar la robustez de la economía madrileña y evitar el control obsesivo de Montoro sobre las cuentas de la Comunidad. Problemas de egos y problemas políticos. Tras la creación del llamado FLA bueno con unos intereses al 0% este año, Montoro pensaba que Madrid daría su brazo a torcer, pero ni por esas cedió González, que bajo ningún concepto quería abrir las tripas de su contabiliad al escrutinio de Hacienda. "Esto es pan para hoy y hambre para mañana", aseguraba el entonces presidente madrileño, quien defendía que el FLA estigmatizaba a la región de cara a los inversores institucionales y, encima, no financiaba todas sus necesidades.

Por lo menos, la Comunidad de Madrid aún tiene que financiar los déficits acumulados de 2011, unos 800 millones de euros, y de 2014, otros 600 millones de euros. Es decir, que ahora Cifuentes se enfrenta a una pelota de unos 1.400 millones de euros que seguramente tenga que llevar al FLA. 

Una baza primordial

Con Cifuentes ha llegado la paz, tal y como se esperaba. La misma tarde de su investidura ya mantuvo un encuentro con Motoro en privado, para aclarar conceptos y enterrar el hacha de guerra. Esos encuentros o conversaciones telefónicas se han mantenido con asiduidad en estas semanas, al igual que lo han hecho Engracia Hidalgo y Antonio Beteta, manos derechas de la presidenta y del ministro, respectivamente. Se han evaporado los malentendidos y han desparecido los recelos.

El pulso que mantenía González con Hacienda irritaba en Moncloa y producía tensiones colaterales en Génova. Ésta es una de las razones, al margen de las salpicaduras de la corrupción, que animaron a Rajoy a inclinarse en favor de la por entonces delegada del Gobierno en Madrid como candidata a la Comunidad. Cifuentes está llamada a sustituir a Esperanza Aguirre al frente del PP regional, el más importante del partido, junto al valenciano, tanto en número de militantes como en aportaciones de votos.

González siempre se quejó de que Madrid resultaba preterida a la hora del reparto de fondos desde el Ministerio, e insistía en que a Montoro le agradaban las autonomías incumplidoras, a las que perdonaba sus deudas con tal de que acudieran en procesión hasta su Ministerio a pedir fondos y ayudas. "La estrategia de Hacienda parece ir orientada siempre a estrangular las comunidades que cumplen con el déficit y con los presupuestos, en tanto que se les concede todo tipo de facilidades a las que están inclumpiendo sistemáticamente", aseguraba González poco antes de abandonar el cargo.

Los enfrentamientos por motivos económicos entre el entorno de González y el Ministerio se repetían habitualmente, ya sea a cuenta de las entregas del sistema de financiación que habitualmente beneficiaban a Cataluña y perjudicaban a Madrid; ya sea por los impuestos más bajos del gobierno madrileño que ponían en evidencia la política fiscal de Montoro; o ya sea debido a las metas de déficits asimétricos que obligaron a los madrileños a financiar los excesos de otras comunidades que no cumplían con los ajustes.

Cifuentes tiene comprometidos algunos planes de actuación que no resultan económicos, como ampliar los beneficios del abono joven desde los 23 a los 26 años, o las medidas estivales de apertura de comedores escolares para atender a los niños con problemas de malnutrición, una medida que ni siquiera tiene paralelo en el Ayuntamiento, donde la alcaldesa Carmena reconoció que su predecesora, Botella, había dejado este asunto perfectamente solventado con el envío de raciones a los domicilios de las familias necesitadas.


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