El presidente del Gobierno abre la puerta a una reforma imprecisa de la Constitución y a pactar la nueva financiación

El Congreso da portazo al desafío soberanista pero no frena el plan de Mas para liquidar el Estado

Ningún actor se salió ayer en el Congreso del guión previsto, antes de que la Cámara diera portazo por una amplia mayoría a la bravata soberanista. Eso significa que sigue adelante el tren de Artur Mas, en el que, según Rajoy, viaja “la liquidación del Estado”. A menos que de aquí a noviembre los dos grandes partidos se avengan a cambiar la Constitución para encontrar el encaje que más le conviene a Cataluña, el choque está servido.

Los tres enviados del Parlamento catalán a Madrid, Jordi Turull (CiU), Marta Rovira (ERC), y Joan Herrera, (Iniciativa), no salieron anoche del Congreso con la cola entre las piernas, un temor que llevó a Artur Mas a ver el debate por televisión, pero viajaron de regreso a Barcelona sin novedades en su atillo. Rosa Díez (UPyD), fue la que más afeó a Mas su miedoso retiro en Barcelona: “¡Ha recorrido miles de kilómetros por Europa para vender su soberanismo, con paradas en Israel o en Moscú, y no ha podido coger el AVE para defender sin cobardía su plan secesionista en Madrid!, exclamó. Al final de la jornada, más del 80% de la Cámara Baja rechazó transferir a la Generalitat la competencia para convocar el referéndum -299 votos contra 47-, lo que activa de forma casi automática los preparativos del Parlament para aprobar su propia ley de Consultas, la herramienta con la que el propio Mas pretende disfrazar la ilegalidad de la consulta fijada para el 9 de noviembre.

El rechazo del Congreso a transferir a Cataluña la competencia para celebrar el referéndum activa la tramitación de la ley de Consultas

Medio centenar de periodistas catalanes acreditados en el viejo palacete de la Carrera de San Jerónimo otorgarían al debate de ayer la categoría de histórico si no fuera por la ausencia de sus principales protagonistas –a Oriol Junqueras tampoco se le vio el pelo– y también por la falta de soluciones precisas para resolver el desaguisado. Hace nueve años, Juan José Ibarretxe dio la cara desde la tribuna del hemiciclo, se la rompieron y convocó elecciones. Ayer, se subieron a la grada para defender el derecho de autodeterminación de Cataluña terceros espadas mientras que el presidente del Gobierno y el líder de la oposición dijeron lo que se esperaba de ellos y ninguno se salió del guión previsto, abriendo paso entre todos al próximo asalto, el que se cerrará después de la Diada de septiembre, cuando se apruebe la ley de Consultas con la que Mas quiere celebrar su consulta.

Es difícil saber si el debate de ayer hubiera finalizado igual si España no estuviera inmersa en el largo ciclo electoral que culminará con las legislativas a finales del año que viene. Alejados, pues, de las especulaciones, los mensajes colocados por Mariano Rajoy, Alfredo Pérez Rubalcaba y el frente soberanista fueron muy claros. El presidente defendió su rechazo al referéndum porque entiende que transferir a Cataluña esta competencia sería tanto como “liquidar el Estado” y acabar con la Constitución. No vale, dijo Rajoy, con vestir las reclamaciones independentistas con el calor popular ni tampoco intentar convencer de que Cataluña sufre “una opresión insoportable”. Bajo la vigencia de la Constitución, recordó, esta comunidad alcanzó una renta per cápita en 2007 del 120% de la media de la Unión Europea. Siete años después, lo que le preocupa es que la marea independentista coincida con los primeros síntomas de recuperación económica y se esté retrasando la negociación “sobre los problemas reales”, léase los relacionados con la financiación autonómica. Con esta deriva, advirtió el presidente, Cataluña camina hacia "la isla de Robinson Crusoe".

Rajoy recuerda que el choque con Cataluña está retrasando la negociación sobre la nueva financiación

La de Rajoy no fue una negativa cerrada. De hecho, nunca tan claro como este martes apuntó a una reforma constitucional como posible salida a las aspiraciones que alberga la Generalitat. “Hay una puerta abierta de par en par para aquellos que no estén conformes con el actual estado de cosas: iniciar los trámites para una reforma de la Constitución”, dijo.

El líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, le viene reclamando a Rajoy esta reforma desde hace meses, pero sabe que el presidente no cree oportuno encararla en este  momento, entre otras razones porque sospecha que la prioridad del PSOE es solo contentar con esta iniciativa a los socialistas catalanes y evitar su divorcio. Pero Rajoy es el que maneja los tiempos y no hay que echar en saco roto su emplazamiento, sobre todo porque esta reforma constitucional es defendida también por importantes sectores empresariales y financieros como única salida razonable para evitar el abismo, aquel que llegaría cuando el Gobierno se viera en la tesitura de suspender la autonomía de Cataluña frente a una hipotética declaración unilateral de independencia.

Las puertas al diálogo siguen, pues, abiertas, aunque desde el Gobierno y desde el PSOE ya van a ser difíciles de franquear debido a la contumacia con la que desde el frente soberanista se volvió a plantear ayer en el Congreso que, con independencia de lo que se decida en Madrid, el referéndum se celebrará sí o sí y Cataluña ejercerá, por tanto, su derecho a la autodeterminación. Las advertencias hechas por Turull, Rovira y Herrera así lo atestiguan. “No desistiremos, este es un camino de no retorno”, “Tenemos un mandato y la obligación de cumplirlo”, “El país se nos derrite en las manos, votaremos por construir un Estado porque es nuestra ilusión y nuestra esperanza, ni ustedes ni nadie nos la podrán quitar…”.

La reforma de la Constitución citada por el presidente es avalada por importantes sectores empresariales y financieros

El discurso de los tres tenores secesionistas evidenció que ayer en el Congreso, además de Mas y Junqueras, también faltaba José Luis Rodríguez Zapatero. La arrogancia con la que el expresidente socialista pilotó la reforma estatutaria en 2003 –“Apoyaré lo que apruebe el Parlamento de Cataluña” – y el sótano en el que se escondió cuando hace cuatro años el Constitucional la guillotinó, han acabado por pasar factura al Gobierno del PP. Rubalcaba suele reconocer a los íntimos que ahí está el origen del problema catalán, en la irresponsabilidad con la que actuó el alto Tribunal en 2010 y también en la imprudencia con la que se desenvolvió Zapatero cuando se sentía omnipotente. Ayer, Turull (CiU)  acusó al Constitucional de haber “decapitado” aquella reforma y Herrera (Iniciativa) de haber disparado la desafección entre Cataluña y España.

Después de este debate calificado exageradamente de “histórico” por aquellos que han querido solemnizar el portazo del Congreso al referéndum, el tren soberanista sigue su trayecto y será difícil frenarlo a no ser que La Moncloa y la Generalitat den con ese “hombre bueno” que se han emplazado a buscar o, desde la sombra de la cocina, se apresten a explorar con el concurso del PSOE ese cambio constitucional al que ayer convocó con una cierta indeterminación el presidente del Gobierno. Todo sigue, pues, en el aire.


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