Los secesionistas no logran superar la barrera de los dos millones de adhesiones

El voto independentista apenas se mueve tras dos años de obsesiva campaña de la Generalitat

Apenas ochenta mil votos ha aumentado el independentismo en Cataluña después de dos largos años de abrumadora y obsesiva propaganda institucional. La ausencia de un censo oficial y de controles democráticos no permite extraer grandes conclusiones del 9-N, pero sí desmontar algunas teorías. 

El independentismo no crece en Cataluña. Está anclado por debajo de los dos millones de votos de los que 6,2 estuvieron habilitados para acudir a las urnas de cartón este pasado domingo. Después de dos largos años de bombardeo institucional en favor de una Cataluña independiente, en el que se han invertido cantidades ingentes de millones, esfuerzos, campañas, medios y, especialmente, tiempo, la Generalitat apenas ha conseguido ganar para su causa a un número apenas significativo de adherentes.

En las autonómicas las fuerzas independentistas cosecharon 1.781.000 respaldos. Este domingo, las papeletas con el Sí/Sí sumaron 1.861.753

En la última cita con las urnas, en las autonómicas de noviembre de 2012, las fuerzas independentistas (CiU, ERC y la CUP) cosecharon 1.781.000 respaldos, con lo que lograban la mayoría absoluta de la Cámara pero en absoluto alcanzaron el 50 por ciento de los sufragios emitidos. Este domingo, en la consulta ilegal, sin armazón democrático ni censo electoral, las papeletas con el Sí/Sí sumaron 1.861.753. Es decir, apenas 80.000 más que en el último acto electoral. Cierto es que no se trata de consultas parangonables, ni de circunstancias paralelas. Entre otras cosas, porque en esta ocasión el Gobierno catalán amplió la posibilidad de votar tanto a los extranjeros residentes en la Comunidad como a los mayores de 16 años, lo que aumentaba el censo en unas 900.000 personas. El voto joven, por lo demás, tiende a ser soberanista, de acuerdo con todas las encuestas que pululan por Cataluña. Aun así, la participación no logró superar con amplitud el 30 por ciento del pseudocenso.

Por lo tanto, en un análisis frío del resultado del 9-N, si se tiene en cuenta que la población total de Cataluña roza los 7,5 millones de habitantes, quienes optan por el secesionismo apenas alcanzan una quinta parte. Datos gruesos, sin alambiques, pero significativos de algo que vienen subrayando desde hace tiempo las fuerzas no secesionistas de Cataluña. El independentismo no aumenta, pese a que sus portavoces se empeñen en lo contrario. Cosa bien distinta es que el fenomenal ruido que producen silencia el resto de las voces.

Instrucciones de éxito

"Pase lo que pase el domingo, hay que salir anunciando que ha sido un éxito". Eran las instrucciones impartidas desde la cúpula de la ANC, el órgano de agitación civil que maneja la Generalitat con habilidad suprema, bien sea en rotundas manifestaciones en la Diada, en actos concretos para encubrir errores y, especialmente, en mantener encendida la llama de la reivindicación secesionista a lo largo de todo el 'proceso'.

Las instrucciones impartidas desde la cúpula de la ANC eran salir anunciando que había sido un éxito pasase lo que pasase

A Artur Mas le faltó tiempo para, en la noche del domingo, acercarse hasta el centro de prensa instalado por su Gobierno y reivindicar el éxito histórico de la jornada y, de paso, para abrir ya la agenda de los próximos meses, tanto la de Cataluña como la de La Moncloa. Ni un minuto para la reflexión o el análisis. Envuelto en los ecos de lo que sus propagandistas mediáticos calificaban de auténtica victoria, porque se había logrado superar los dos millones de votantes en la espúrea cita, Mas dio de nuevo un patadón hacia adelante. Le puso deberes a Rajoy (quince días para abrir negociaciones) y anunció la convocatoria de unas elecciones plebiscitarias, pero sin ponerle fecha. El juego de siempre, la tonadilla habitual para mantenerse al frente del timón hasta el final de la Legislatura.

El abrumador silencio del Gobierno a lo largo del fin de semana, tan sólo roto por una aséptica comparecencia del titular de Justicia, ha alimentado esa sensación de triunfo absoluto del referéndum apócrifo. En las filas del Partido Popular, especialmente en Cataluña, se ha percibido ese silencio como una cierta falta de sensibilidad por parte de Moncloa. Con la sensibilidad a flor de piel, había sensación de abandono. La ausencia de una reacción decidida por parte de la Fiscalía también ha alimentado esta imagen de abulia oficial frente a la permanente provocación de los nacionalistas. Hay opiniones dispares en el equipo de Rajoy. Algunos ministros, con Margallo a la cabeza, son partidarios de abrir algún tipo de diálogo o negociación. Otros, como Wert, optan por no hacer concesiones si no hay muestras de lealtad por parte de Mas y sus adláteres. Poco a poco se irá viendo cuál es la evolución de los acontecimientos, aunque parece que la línea más dialoguista se abre paso en el Ejecutivo.


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