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Diez razones por las que Cataluña no es Escocia

Los movimientos independentistas en Cataluña y Escocia tienen poco en común más allá de su afán por desvincular la región del Estado al que pertenecen en la actualidad. Hasta en las maneras difieren.

A la izquierda, David Cameron, delante de Alex Salmond. A la derecha, Artur Mas
A la izquierda, David Cameron, delante de Alex Salmond. A la derecha, Artur Mas gtres

Artur Mas y otros líderes del independentismo catalán buscan permanentemente analogías entre los casos de Cataluña y Escocia. A falta de 81 días para que se celebre la consulta secesionista en Escocia, surgen no obstante múltiples diferencias entre ambos escenarios:

1. Ideología. El independentismo escocés es un movimiento claramente de izquierdas. De hecho, el socialdemócrata Partido Nacionalista Escocés (SNP) aglutina esta corriente en su práctica totalidad, con el apoyo de los verdes. En cambio, en Cataluña es, como diría el propio Mas, mucho más “transversal”, al menos en cuanto a ideología se refiere. Tan transversal que ERC y CiU, hasta hace pocas fechas enconados enemigos, celebran los resultados ajenos como si fueran propios, sumándose tanto unos como otros los votos del adversario en su batalla por la independencia. Muy lejos quedan los días del Tripartito.

2. Proyecto de modelo de jefatura de Estado. Alex Salmond, ministro principal escocés y líder del SNP, quiere conservar una institución muy británica: la monarquía. Trasladado al escenario catalán, no hay una postura clara. La vía regia sería imposible de aplicar dada la fuerza actual de ERC. En cambio, en CiU no parecen del todo reacios al catalanoparlante Felipe VI. Artur Mas incluso presume de hablar con el monarca en esta lengua. Los guiños entre uno y otro se suceden desde la abdicación de don Juan Carlos.

3. Estatus actual dentro del Estado. A Escocia, al igual que a Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, se le reconoce el estatus de país dentro del Reino Unido, algo que no ocurre en el caso de España. Tanto es así que sólo a algunos socialistas se les ocurre hablar, con la boca pequeña, de nación al referirse al caso catalán.

4. Diálogo. A nadie se le escapa que el caso escocés ha sido llevado por cauces dialógicos por ambas partes, al menos hasta el momento. No en vano, el referéndum del próximo mes de octubre es resultado de un acuerdo entre el gobierno Escocés, en manos de los independentistas, y el Ejecutivo de David Cameron. De hecho, el propio primer ministro justificó su decisión de permitir la consulta en el hecho de que, de no hacerlo, tras la mayoría independentista en el parlamento escocés salida de los comicios de 2011 se habría desatado una “todopoderosa y desastrosa batalla”. Tal enfrentamiento ya parece más que en marcha en Cataluña. Huelga decir que esto es lo contrario de lo que ocurre entre los gabinetes de Mariano Rajoy y Artur Mas. Uno se cierra en banda y el otro se empeña en continuar con el proceso unilateralmente. Y el resultado es que la situación se enrarece cada vez más.

5. Perspectivas de apoyo. Muy probablemente Cameron accedió a convocar el referéndum porque tenía o tiene la certeza de que va a ganar el ‘no’, como así apuntan las encuestas. Si se cumplen las previsiones, el primer ministro se sacudiría todos los problemas al respecto de la mejor manera posible. Seguramente Rajoy no pueda permitirse ese lujo, especialmente a tenor de los resultados electorales en Cataluña en las últimas fechas.

6. Acceso a la Unión Europea. Aunque las aspiraciones europeas son uno de los pocos puntos comunes en ambos casos, el procedimiento de acceso a la Unión Europea no sería el mismo. Si bien Westminster ha mantenido silencio sobre un hipotético veto a una entrada de Escocia en la UE, sólo sembrando dudas según se acerca la fecha decisiva, en el caso de Cataluña no cabe duda: España ejercería su derecho a veto. Es por ello que el presidente de la Generalitat erra al incidir en la vía unilateral, pues sin el consentimiento desde la Moncloa nunca podrá lograr su objetivo final. Salmond, en cambio, deja claro que no sería posible acceder inmediatamente al club de los Veintiocho, aunque manifiesta que cumple con todos los requisitos para hacerlo. Paradójicamente, podría ser España el verdadero escollo hacia una supuesta entrada de Escocia en la UE, pues desde Madrid se vetaría tal ingreso para no dar alas a las aspiraciones secesionistas en Cataluña.

7. Televisión: Cataluña tiene su propia televisión, TV3, que además resiste en un contexto de decadencia generalizada de las televisiones autonómicas. Escocia no la tiene –hay que recordar que STV es propiedad de la británica ITV, una cadena privada-, lo que minimiza el efecto de la propaganda en pro de la independencia, ya que la mayoría de los medios británicos son escépticos, si no abiertamente hostiles, ante la independencia de Escocia.

8. Modelo energético. La gran baza que tienen los secesionistas a la hora de predicar la viabilidad económica de una Escocia independiente es la abundancia de recursos naturales en el país, especialmente petróleo y gas, que permitiría al proyecto ser sostenible hasta que se dilucidase su hipotético ingreso en la UE. Cataluña, en cambio, es la tercera comunidad autónoma más dependiente en cuanto a energía se refiere, sólo superada por Madrid y País Vasco.

9. Historia: Escocia era un reino independiente que aceptó su anexión a otros territorios para formar el Reino Unido. De eso han pasado ya 307 años. Por el contrario, desde que existe España, Cataluña es parte del país, habiendo pertenecido antes a la Corona de Aragón. Así pues, Cataluña nunca antes ha sido un reino independiente, como sí lo fue Escocia. Otro debate sería si esto resta validez a reivindicaciones actuales.

10. Moneda: En el caso catalán, la vuelta a la peseta o la emisión de cualquier moneda que no sea el euro tras una hipotética salida de la UE ni siquiera se le pasa por la cabeza al más acérrimo de los independentistas. Tampoco es una opción dejar circular la moneda única europea como hacen Kosovo y Montenegro, ya que a la larga entraña muchos riesgos para el Estado. El consenso en ese sentido es claro: pedir el ingreso en la eurozona, como ya hicieron Mónaco, El Vaticano, San Marino y Andorra. Pero antes de ello, y ahí radica la complicación, España gozaría nuevamente del derecho de veto. El caso escocés no entraña tantas complicaciones, ya que Salmond quiere conservar la libra esterlina. Aunque eso signifique dejar las cosas en manos del Banco de Inglaterra, desde Westminster lo podrían ver con buenos ojos ya que les daría cierto control sobre Escocia y contribuiría a mantener una libra fuerte en el marco internacional.


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