Aumenta el pesimismo a medida que se aproxima la hora de la verdad para Artur Mas

Las empresas con intereses en Cataluña admiten que carecen de plan B para encarar un escenario de independencia

Las empresas catalanas han perdido su capacidad de influir en la reconducción del proceso soberanista y se temen lo peor sin haber elaborado un plan B con el que hacer frente a un escenario de independencia. Este es el sentir que algunos de sus máximos responsables han transmitido a altos cargos del Partido Socialista de Cataluña (PSC), sin espacio tampoco para terciar en la situación debido a su división interna.

La mayoría de los empresarios y financieros con intereses en Cataluña siguen sin atreverse a hablar en público sobre la cruzada soberanista emprendida por Artur Mas con el pretexto de que puede resultar dañino para su volumen de negocio y molesto para algunos de sus accionistas que pueden comulgar con el proceso. Sin embargo, no dejan de explayarse en privado y lo que han transmitido a algunos dirigentes del PSC es que ven la situación bloqueada como consecuencia de la falta de diálogo entre los dos gobiernos y con altas probabilidades de empeorar, a la vista del escaso margen que observan en Artur Mas para poder recular.

Los empresarios ven la situación bloqueada debido a la falta de diálogo entre los dos gobiernos

Lo peor, confiesan en privado, es que no han elaborado un plan B con el que poder encajar sus diferentes líneas de negocio en un escenario de independencia, hipótesis que no ven descabellada a la vista de lo deprisa que discurren los acontecimientos. Si en un principio muchos de ellos interpretaron la apuesta soberanista de Artur Mas como un intento de disfrazar los ajustes aplicados por la Generalitat desde 2010 y aliviar así su coste electoral, ahora coinciden en que el desenlace de esta estrategia ha provocado una enorme sacudida en una parte considerable de la sociedad catalana, en la que ha calado emocionalmente la receta soberanista como bálsamo para aliviar buena parte de los problemas que afligen a Cataluña. “Nuestros interlocutores ven con pavor el riesgo de que se gripe uno de los principales motores de crecimiento mientras desde La Moncloa no se hace nada para remediarlo y nadie mueve ficha”, resume un alto dirigente del socialismo catalán.

Hay pavor en la clase empresarial catalana a que se gripe uno de los principales motores de crecimiento en caso de que en Cataluña se declare la independencia

En el PSC se ha constatado que de esta opinión participan los Brufau, Oliú, Fainé, Villaseca e, incluso, apellidos más identificados con el PP como el de Piqué. Casi todos transmiten en privado que la tensión que ahora se mastica en Cataluña puede desembocar en un escenario malo para todos y de muy difícil escape, una percepción que contrasta con la aparente quietud con la que desde el Gobierno se asiste al espectáculo.

El gran interrogante es conocer qué hará el presidente de la Generalitat cuando vea cerradas todas las vías legales para celebrar el referéndum que ha fijado para el 9 de noviembre. La lógica de muchos empresarios catalanes apunta a que Artur Mas reemplazará la consulta por unas elecciones plebiscitarias en las que concurriría junto a ERC y de las que podría derivarse después una declaración unilateral de independencia, con el correspondiente estrépito a nivel internacional.

El mundo económico admite que ha perdido toda capacidad de influir sobre el proceso porque a Artur Mas se le ha ido de las manos

“Los empresarios sienten que la situación se ha dejado pudrir demasiado y que el propio Mas se ha visto desbordado por ella. Vamos, que el tren está a punto de descarrilar sin que el maquinista sepa ya cómo se manejan los mandos”, aseguran fuentes socialistas. Y lo inquietante, abundan, es que los propios empresarios con fuerte implantación en Cataluña creen que ya han perdido toda capacidad de influir sobre el proceso porque su conducción no ha sido tutelada por el establishment”.

Hay expectación por el discurso que Mariano Rajoy pronunciará el próximo sábado en Barcelona, pues en el Gobierno se espera que, además de marcar las líneas rojas, muestre algún camino a CiU para que encauce la situación sin por ello condenarse de por vida al ostracismo político. Esta intervención del presidente llega en un  momento en el que el PSC, debido a su división interna, poco o nada puede aportar a la solución desde Cataluña, aunque sí esté preparado para socorrer a Alfredo Pérez Rubalcaba en el Congreso de los Diputados, ya se verá, cuando vuelva a votarse el llamado derecho a decidir.


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