En las filas nacionalistas se opina que las municipales condicionarán la decisión final

Aumenta la presión sobre Artur Mas para que evite el suicidio de CiU y entierre la cita electoral del 27-S

El presidente de la Generalitat recurrió forzado a fijar las elecciones catalanas para el 27 de septiembre, pero cada vez recibe más presiones de empresarios, financieros y de su propio partido para que agote la legislatura y no aboque a CiU al suicidio.

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, en el Parlamento catalán.
El presidente de la Generalitat, Artur Mas, en el Parlamento catalán. EFE

Han transcurrido más de dos meses desde que Artur Mas fijara las elecciones autonómicas para el 27 de septiembre y ni ha llegado a una hoja de ruta común con Esquerra Republicana y sus satélites para alcanzar un Estado independiente, como el mismo prometió, ni tampoco ha adoptado medida alguna que empuje hacia arriba la intención de voto de CiU. Bien al contrario, Unió Democrática, el socio democristiano de la coalición, ha comenzado a preparar su divorcio, el desencuentro dentro del bloque soberanista se ha disparado y las encuestas reflejan que el suflé independentista que subió a sus cotas más altas en las dos últimas Diadas se desinfla por momentos.

El riesgo de fractura de CiU y los casos de corrupción presionan también sobre el nacionalismo para evitar el adelanto electoral

Un alto cargo de CiU hace el siguiente análisis: “Si el 24 de mayo perdemos la Alcaldía de Barcelona yAda Colautoma al asalto el ayuntamiento ayudada por ERC, las voces para romper definitivamente con los republicanos serán atronadoras y el paso siguiente será evitar ir a elecciones el 27 de septiembre para ganar tiempo y evitar el suicidio”.

Un parlamentario del PSC coincide, en parte, con este vaticinio. “Que vayamos o no a elecciones el 27-S va a depender de las municipales de mayo. CiU está salpicada de corrupción hasta las cachas y no sería descabellado que de los 50 escaños que ahora tiene en el Parlamento se quedara en 30. Mas sabe que el proceso ha pinchado y creemos que su instinto suicida tiene límites”.

Los parlamentarios de Esquerra Republicana tienen también la mosca detrás de la oreja y sospechan abiertamente que Mas no cumplirá sus compromisos. El esfuerzo de Oriol Junqueras por evitar que la cruzada soberanista se enfríe ha sido baldío como demuestran recientes sondeos de opinión y solo ha servido para que la sangría de CiU aumente: crece el número de residentes en Cataluña que consideran que su situación ha mejorado, el presidente de la Generalitat carga con la peor valoración desde el inicio de la legislatura y el desgaste nacionalista queda retratado en la obtención del 20% de los votos, 10 puntos menos que hace dos años.

Sin candidatura única no hay elecciones plebiscitarias

En Convergencia no se oculta el riesgo de que el 27-S Mas pierda la mitad de sus votantes y conduzca al nacionalismo a una muerte acelerada en beneficio de ERC, lo que ha motivado que dentro del propio partido aumenten las presiones sobre su jefe de filas para enterrar esta cita electoral y agotar una legislatura que vence en noviembre del año que viene. Este nuevo guion traería consigo o una prórroga presupuestaria o un pacto con los socialistas para asentar la recuperación económica en Cataluña, en sintonía con los empresarios y financieros cercanos al nacionalismo moderado que confían en que este año y el que viene sean claves para debilitar lo que dentro de CiU ya se observa también como una mera venta de humo. “Sin una candidatura única como a la que aspiraba Mas, unas elecciones plebiscitarias no son tales y sin una autorización del Gobierno, ha quedado demostrado que una consulta independentista incurre en el absurdo”, añade un alto cargo de la coalición que dice representar el clima de opinión que se respira entre la mayoría de los empresarios catalanes. Algunos de ellos, los más importantes, así se lo han hecho saber también a Mas y su círculo de influencia.

La formación de Ada Colau puede arrebatar Barcelona a Xavier Trias y obligar a Mas a reconsiderar su calendario 

La Alcaldía de Barcelona se convierte, pues, en el foco principal de atención y en el termómetro que condicionará el calendario electoral definitivo que se fije desde el Palacio de la Generalitat. El alcalde Xavier Trias maneja encuestas que le dan una mayoría muy justa para seguir gobernando con un perfil de seriedad y solvencia institucional, pero Ada Colau, al frente de Barcelona en Común, le pisa los talones con la mercancía del cambio. Disparó su popularidad con la plataforma antidesahucios y para su causa trabajan Guanyem Barcelona, Iniciativa, Podem y otras fuerzas de izquierda que aspiran a componer futuras mayorías de gobierno municipal. El resto de los actores, el PP, un desdibujado PSC, ERC, Ciudadanos y la CUP quedarían orillados como posibles bisagras a tener en cuenta por el ganador.

Cuatro años y medio después de acceder por primera vez a la presidencia de la Generalitat y casi tres desde que enfiló su ruta soberanista, Mas se debate entre una refundación de Convergencia que facilite su supervivencia a largo plazoo un lento deceso como el que vienen pintando las sucesivas elecciones desde que se convirtió en compañero de aventuras de Oriol Junqueras, se resume en la coalición nacionalista.


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