El presidente de la Generalitat quiere evitar la ruptura de CiU antes de las generales

Mas aplaza a Navidad su órdago secesionista para negociar con un Rajoy débil y en minoría

Quienes dentro de Convergencia siguen de cerca los pasos del presidente de la Generalitat, no le ven dispuesto a apretar el acelerador de la independencia hasta poder negociar en Madrid con un Gobierno en minoría y el Parlamento posiblemente más fracturado desde el inicio de la Transición.

El presidente de la Generalitat, Artur Mas.
El presidente de la Generalitat, Artur Mas. EFE

“Mas irá paso a paso, la sentencia del Constitucional le obliga a plantear el 27-S como si fueran unas elecciones plebiscitarias, pero que nadie piense que será el último órdago, esperará a después de las elecciones generales porque lo que nos conviene es negociar con Rajoy cuando gobierne en minoría y se vea obligado a lidiar con un Parlamento mucho más troceado del que vemos ahora”. El análisis procede de un alto cargo de Convergencia Democrática, que ve clara la intención del presidente de la Generalitat de no apretar el acelerador, como mínimo, hasta Navidades.

Mas cree que Rajoy se verá obligado a negociar si pierde la mayoría absoluta

Fuentes de Unió Democrática, el socio democristiano de la coalición nacionalista, comparten el mismo vaticinio. “Es impensable embalarse antes de conocer el resultado de las próximas elecciones generales y mucho menos plantear el desafío independentista en plena campaña. Lo razonable es negociar con el Gobierno que salga de las urnas porque es altamente improbable que lo haga con mayoría absoluta”.

En CiU se conciben las declaraciones de los líderes de Esquerra Republicana como meros reclamos publicitarios. “Si el 27 de septiembre gana el sí a la independencia, proclamaremos la república catalana y el PP no podrá hacer nada”, dijo el pasado miércoles desde la tribuna del Congreso el portavoz de ERC, Alfred Bosch. “Adiós, Rajoy, adiós, nos vemos en la ONU”, gritó el diputado republicano Joan Tarda desde el mismo atril, un día después. Sin embargo, estas prisas de ERC no forman parte de la agenda de Artur Mas, a decir de algunos de sus colaboradores.

“Primero vamos a ver qué pasa en las elecciones de mayo. Para nosotros es muy importante, si se quiere trascendental, conservar la Alcaldía de Barcelona, es lo que nos puede dar oxígeno y también ánimo para no vernos arrastrados por la ola de ERC”, señala una fuente de Convergencia. Las encuestas anticipan un escenario abierto. Según el estudio elaborado por Feedback para La Vanguardia, publicado el pasado día 21, CiU parte como favorita, pero la irrupción de la coalición de izquierdas Barcelona en Comú (BComú), que pilota Ada Colau, plantea un mapa político complicado para la gobernabilidad de la capital catalana. En todo caso, el sondeo coloca a CiU como ganadora de las elecciones en esta ciudad con una estimación de voto del 25,3% y 11-12 concejales, frente a los 14 con los que gobierna ahora en minoría.

Concurrir en solitario a las elecciones

Mientras estos interrogantes se despejan, la prioridad de Mas es evitar la ruptura de CiU mientras se mantiene vivo el bloque soberanista. Unió se ha comprometido a promover una consulta interna para que sus cuadros decidan qué hacer si Convergencia fuerza unas elecciones que pongan la independencia como punto exclusivo del programa de gobierno. En otras palabras, si se consuma la organización de un plebiscito.Josep Antoni Durán i Lleida y su entorno inmediato parecen tenerlo claro: “Si es así, nos veremos abocados a concurrir a las urnas en solitario, pero esperaremos a que nos expulsen de la coalición para no incurrir gratuitamente en un alto coste electoral”.

Unió someterá a una consulta interna la posible ruptura con Convergencia

Casi nadie en Unió plantea tomar decisiones drásticas antes de las elecciones municipales de mayo, pues lo que en ellas ocurra en Barcelona y en otras grandes capitales condicionará los movimientos no solo del socio democristiano, sino también del propio Mas, concluyen fuentes nacionalistas.

Entre tanto, la decisión del Tribunal de Constitucional de anular la consulta catalana del pasado 9 de noviembre solo ha servido, en opinión de los convergentes, para reforzar al bloque independentista y contribuir a reavivar una tensión que en los últimos meses había aflojado, hasta el punto de haber dejado orillado el conflicto en el reciente debate sobre el estado de la nación.


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