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El caso CNI y el misterio de la Cuesta de las Perdices

La del CNI es una historia triste jalonada de agujeros negros tan oscuros como los atentados del 11 de marzo de 2004, tragedia de la que pasado mañana se cumplen 10 años, y que cogió a nuestros “espías” por sorpresa, en uno de esos casos de ineficacia criminal por el que el país ha pagado un precio altísimo no solo en vidas, sino en cambio radical de su destino histórico. 

Félix Sanz Roldán, secretario de Estado Director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).
Félix Sanz Roldán, secretario de Estado Director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). FLICKR/ Casa de América

La bomba explotó el 6 de Noviembre del 2013 ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso, aunque nada se ha sabido de su onda expansiva, y ello porque los enterados, es decir, los grupos políticos con representación en la Comisión, han guardado el secreto al que están obligados. Ante sus señorías, el director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán, describió la situación crítica, casi terminal, por la que atraviesa el organismo encargado de mantener la seguridad de España, tanto a nivel de personal como de medios materiales, indicando que apenas quedan en activo un centenar de agentes de los llamados “de elite”, de los más de 3.000 con que llegó a contar en los años de abundancia del Gobierno Zapatero; dijo también que el presupuesto se ha reducido drásticamente a cuenta de la crisis, que no hay inversión de ninguna clase, y que el Centro lleva la friolera de 12 años sin realizar el curso de agentes de elite -el llamado “Curso Superior”- en espionaje y contraespionaje. El cargo militar más importante ahora mismo es un teniente coronel que actúa de maestro de llaves y al que le quedan unos meses para pasar a la reserva. En realidad, la sede en la Cuesta de las Perdices es un edificio fantasma, una gran cáscara vacía, porque allí no hay nada ni (casi) nadie. No hay servicios, no hay peticiones, no hay material. Por decirlo de una vez, España no cuenta hoy con unos servicios de inteligencia operativos.

La exposición del director del CNI, un hombre al parecer aquejado por una enfermedad degenerativa grave desde hace un par de años, sorprendió a los señores diputados por su honestidad y contundencia. “No hay CNI”, vino a decir Sanz Roldán a los representantes del pueblo, “y ustedes deben conocer la situación y evaluar sus riesgos para la seguridad de la nación”. En realidad, la del Centro es una historia triste jalonada de agujeros negros tan oscuros como los atentados del 11 de marzo de 2004, tragedia de la que pasado mañana se cumplen 10 años, y que cogió a nuestros “espías” por sorpresa, en uno de esos casos de ineficacia criminal por el que el país ha pagado un precio altísimo no solo en vidas, sino en cambio radical de su destino histórico. En un informe remitido al Presidente Aznar dos días después del atentado por su entonces director, Jorge Dezcállar, después premiado por Rodríguez Zapatero con la embajada del Vaticano, se afirmaba textualmente que “no estamos en condiciones de respaldar o rechazar ninguna de las dos grandes alternativas [ETA o terrorismo islamista] en presencia (…) Ni antes ni después del atentado se ha detectado absolutamente nada, ni dentro ni fuera de España, que pudiera indicar una preparación por lo que ha ocurrido”. A por uvas.

La exposición del director del CNI sorprendió a los señores diputados por su honestidad y contundencia

Muy atento ha estado el Centro, en cambio, para ocultar a la opinión pública los devaneos amorosos del Rey Juan Carlos y su ristra de negocios a cual más escandaloso. Desde el episodio del 11-M, el CNI se ha sumido en una silenciosa cuesta abajo hasta llegar a la situación de práctico desguace que Sanz Roldán describió en las Cortes el pasado noviembre. El presupuesto del Centro se ha ido reduciendo desde los 264 millones del año 2008 hasta los 203 del ejercicio en curso, con especial incidencia durante los dos últimos años de Gobierno Rajoy, de forma que no hay recursos para mantener siquiera el material de valor, obsoleto por falta de repuestos y mantenimiento, por no hablar de la imposibilidad de adquirir nuevo material sensible o del lamentable estado de los vehículos de uso cotidiano. Más grave es la situación del personal, una necesidad acuciante, que se ha ido recortando drásticamente y sin que desde hace más de una década se haya realizado un solo “Curso Superior” para la formación de nuevos agentes de élite, esa gente que se desempeña como jefes de Delegación o Embajadas y otros lugares en el exterior (“antenas”). El personal cualificado en España y fuera de ella no llega a 200 personas. La situación, crítica para algunos, se pretende solventar ampliando la edad de jubilación de los agentes en servicio hasta los 70 años, lo cual dibuja un panorama de agentes septuagenarios de enorme experiencia y algún que otro achaque físico…!

El Gobierno se parapeta en la necesidad de seguir ajustando y pide sacrificios… y paciencia. Tras la comparecencia del 6 de noviembre –el mazazo descarnado de quien, a punto de abandonar el barco, no está dispuesto a ahorrar detalles a la hora de describir la situación-, el Ejecutivo decidió buscar inmediato relevo a Sanz Roldán. El nuevo Director debía reunir unas determinadas características, empezando por la condición de militar (el Gobierno ha barajado la posibilidad de colocar a un político, idea descartada por miedo a una reacción crítica) y terminando porque debía ser un hombre con bastantes tragaderas para aceptar en silencio la desastrosa situación actual del Centro, actuando de pantalla ante el personal del propio CNI y ante la opinión pública. La dura realidad es que el Gobierno no ha conseguido a día de hoy encontrar un militar que reuniese las características de honorabilidad, experiencia y formación adecuada, y que al tiempo estuviese dispuesto a mirar hacia otro lado con la situación descrita. Todos los tanteados han puesto como condición la incorporación de nuevos agentes de elite y la disposición inmediata tanto de medios materiales como económicos, al objeto de rescatar al CNI del abandono.

Morenés no encuentra sustituto para Sanz Roldán

Misteriosamente, el ministro de Defensa, Pedro Morenés, se sacó de la manga un candidato, un coronel en la reserva que actualmente ocupa un cargo en la Subdelegación de Defensa de Madrid, que no reúne los requisitos de formación de agentes de élite (el llamado “Curso Superior”) y con una hoja de servicios más que problemática. El intento quedó en nada ante el aluvión de protestas procedentes de generales en activo y antiguos jefes del Centro. Al parecer, el aludido coronel, que en la actualidad mantiene una relación sentimental con una diputada socialista y excelentes relaciones con altos cargos del PSOE, pretendía, entre otras exigencias para aceptar el cargo, que Morenés le garantizase por escrito su ascenso a general de brigada.

La operación relevo de Sanz Roldán se habría encontrado con un inesperado escollo final en la persona de la vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría, quien, tras sentirse puenteada por un Morenés que despacha los asuntos del Centro directamente con Rajoy y comprobar que no puede tomar ninguna iniciativa al respecto sin consultarlo con la “superioridad”, ha tomado la decisión de desvincularse totalmente del control de un CNI que orgánicamente depende de su vicepresidencia. Sería, a tenor de algunas fuentes, una especie de protesta sorda por la situación caótica que vive en Centro, de la que no quiere ser partícipe y corresponsable. De modo que los servicios de inteligencia son manejados hoy con toda liberalidad por Morenés, en contacto directo con su amigo el Presidente. Del episodio se infieren algunas señales de debilidad en el tejado de una vice considerada por muchos la persona más poderosa del Gabinete.

Mucho más atento ha estado el Centro, en cambio, para ocultar a la opinión pública los devaneos amorosos del Rey

Hay quien apunta como objetivo último “silenciar al CNI por lo menos hasta las próximas elecciones generales”, poniendo sordina a los casos de corrupción galopante y a otras muchas situaciones en las que el Centro no ha hecho acto de presencia. ¿Qué ha hecho la Cuesta de las Perdices durante los años en que el independentismo catalán, con expresa traición a los principios constitucionales, ha ido socavando pueblo a pueblo, ciudad a ciudad, el sentido de pertenencia a España? ¿Qué saben allí del Centre de Seguretat de la Informació de Catalunya (Cesicat), surgido con el apoyo de empresas especializadas israelitas? ¿Merece la pena gastar siquiera 203 millones en mantener abierta una carcasa vacía que no garantiza la seguridad del país?

Los españoles no tienen garantizada la seguridad

La situación de desguace por la que atraviesa el CNI es conocida por los servicios secretos de medio mundo, naturalmente por los de la UE y EEUU, sin olvidar los de países vecinos, pero también por organizaciones terroristas y mafiosas internacionales dispuestas a campar a sus anchas en España. Hablar en estas condiciones de “inteligencia económica” es casi una broma, lo cual explica episodios, entre lo chusco y lo patético, como el ocurrido con el viaje de José Manuel Soria a Buenos Aires para arreglar con el Gobierno de la señora Kirchner los problemas de Repsol con su expropiada YPF, o el gigantesco lío de Sacyr con las obras del Canal de Panamá. Todo se hubiera podido encauzar de mejor forma de haber contado con la información adecuada, de haber tenido unos servicios de inteligencia dignos de tal nombre, dotados de los agentes especializados en contraespionaje adecuados tanto en España como en el extranjero.

La situación de desánimo es patente dentro del Centro o lo que queda de él. “Creo que no nos podemos permitir el no disponer de un CNI, columna vertebral de todo país desarrollado, con personal y recursos necesarios para defender con eficacia los intereses nacionales”, asegura un diputado del PP. Los agentes en servicio ven el proceso de deterioro como una indignidad personal y una ofensa a la memoria de los agentes que perdieron la vida en operaciones del más diverso tipo, como los siete que el 29 de noviembre de 2003 murieron en una emboscada en Iraq. “El ciudadano normal debe saber que está totalmente desprotegido, cuando la primera obligación de todo Estado, desde el principio de los tiempos, es garantizar la seguridad de sus habitantes”. No pocos en el CNI sospechan que tal vez lo que se intente sea subcontratar las labores de inteligencia exterior a los Servicios franceses, ingleses o americanos, con lo que algunos temas candentes de orden interno quedarían protegidos por el velo del silencio que conviene a ciertos intereses creados. “La situación del CNI es insostenible”, sostiene una fuente. “Están jugando con nuestra seguridad y, lo que es más importante, con nuestra libertad”.


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