Nacional

Moncloa copia la estética de las puestas en escena de Obama para las comparecencias del presidente

El jefe del Ejecutivo ofreció la rueda de prensa en el Salón de Tapices, ubicado al lado de la sala donde se reúne el Consejo de Ministros, para dar más solemnidad a sus apariciones.

Cristalera de fondo que da a los jardines. Ancho pasillo que comunica la sala del Consejo de Ministros con el Salón de Tapices donde convocó a la prensa. Rajoy se acerca al atril acompañado de su mano derecha en el Gobierno, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que se sienta en primera fila para seguir su discurso. Moncloa admitió ayer inspirarse en la estética de las comparecencias de Obama para la rueda de prensa de fin de año del jefe del Ejecutivo, destinada a hacer un balance de la acción del Gobierno. En cambio, lo que hizo Rajoy fue lanzar lo que se conoce en política como un "mensaje a la nación", esos que se pronuncian en situaciones de crisis para tranquilizar a los ciudadanos aunque sea para anunciar sangre, sudor y lágrimas aliñado con una apelación a la necesidad de "creer en nosotros mismos y transmitir esa confianza a los demás".

"Yo quiero decir una vez más que creo en España y en su futuro. Y que mi conducta se va a acomodar a lo que en cada situación sirva mejor al interés general", dijo Rajoy con los jardines de La Moncloa de fondo en un discurso que pretendió apelar más a los sentimientos de una ciudadanía muy enfadada que agarrarse a los datos y a las estadísticas, al cumplimiento del déficit o a las balanzas comerciales. Esto, también, muy americano.

El Salón de Tapices, en el mismo edificio donde se celebran las reuniones del Consejo de Ministros, comienza a convertirse en lugar de cita de la prensa. Ya lo empezó a usar el anterior inquilino de la Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero, para organizar grandes encuentros, y el nuevo equipo monclovita ha visto en él las posibilidades de dar un aire más solemne a las intervenciones del jefe del Ejecutivo. La de ayer fue la segunda comparecencia de Rajoy con el atril cambiado de posición, al otro lado del salón, lo que permite una perspectiva del pasillo, de la cristalera y de los jardines mucho más atractiva que donde se ublicaba antes, delante de un regio tapiz. Quizá lo peor de todo son las incómodas sillas desde las que se debe seguir la comparecencia.


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